La mística del Bordó: Newman y el fuego sagrado que no conoce de saciedad

Hay quienes dicen que la cima es un lugar cómodo para echarse a descansar, pero Newman parece ignorar las leyes de la gravedad y la complacencia. El flamante campeón de la temporada 2025 no solo conserva la corona; mantiene intacto el colmillo afilado. En Benavídez, el éxito no actuó como un sedante, sino como un combustible de alto octanaje. Newman se alimenta del caos; es un especialista en encontrar diamantes en el barro, resurgiendo cuando el libreto y el reloj le dan la espalda. La victoria agónica por 26-25 ante Hindú, arrebatándole el invicto en Don Torcuato, no fue un triunfo más: fue una declaración de principios.

El escenario en Don Torcuato parecía diseñado por un guionista de tragedias. Un 22-10 abajo en el marcador, el lastre de tres tarjetas amarillas en la primera etapa y un scrum que crujía bajo la presión. El cielo gris plomo de la jornada era el espejo de un equipo que, para colmo, debía encarar el complemento con el viento en la cara. Pero es ahí, cuando el aire falta, donde Newman despliega sus velas. Con una rebeldía casi insolente, el Cardenal trepó la cuesta con los tries de Justo Ortiz Basualdo y Franco Longinotti. El epílogo quedó en manos de un cirujano de estos escenarios: Gonzalo Gutiérrez Taboada, quien con un penal en el último suspiro, firmó la estocada final.

"La verdad estoy muy contento con la remontada del equipo, con haber ajustado y mejorado en el segundo tiempo y encima con haber ganado este partido, en esta cancha y contra Hindú como estaba", confesó el apertura, con la serenidad de quien ya ha domado mil tormentas.

Para el histórico 10 del Bordó, el título de 2025 no fue el techo, sino el cimiento de algo más profundo: "Estamos buscando algo mucho más grande que un campeonato, que eso estuvo buenísimo y creo que es una manera de revalidarlo este año, de no bajar los brazos o no relajarnos por el hecho de haber salido campeón, sino seguir buscando mejorar, seguir creciendo, que creo que todavía más allá del campeonato, tenemos un montón por crecer".

Esa madurez mental es la que hoy le da un plus a Newman. El fullback, Juan Bautista Daireaux, entiende que el equipo es un organismo que sabe esperar su momento: "Es un grupo que todavía no sé si es joven, pero con mucha ambición, con mucha hambre. Sabemos que el torneo es largo, pero sabemos que los partidos duran 80 minutos y ya tenemos jugadores con más experiencia, así que eso nos ayuda también para mantener un partido y luchar hasta el final". Y añade un detalle clave: "Obviamente el título nos dio, por ahí, más solidez mental".

En el rugby, las batallas se ganan en el lodo de la primera línea, y es allí donde Miguel Prince descifra el código genético de este presente. En este 2026, el objetivo fue "conectar con la cultura que tenemos, es un trabajo que es de muchos años. Por ahí parece medio redundante, ya es el speech, pero es conectar con el esfuerzo, con el laburo y como decimos, con que cada pelota vale oro. Ahí es donde se ve lo que queremos representar: el esfuerzo, la actitud y al conectar con eso se va dando".

Finalmente, el pilar explica que la sombra del Cardenal es larga porque sus raíces son profundas. La competitividad interna es la que sostiene la estructura cuando las piezas principales flaquean: "La altura y la madurez de hoy es gracias a la profundidad del laburo hacia abajo. Los pibes que están en la Pre A, Pre B, por ahí de la nada, cuando queman las papas, te aparecen y están a la altura de la situación. Eso es lo que hoy nos pone a ganar estos partidos como contra Hindú".

Newman no juega contra el rival de turno; juega contra su propia historia. Y en esa carrera, parece que el campeón todavía tiene mucho hilo en el carretel.