En una soleada tarde de jueves, Ed Jackson lleva una gruesa venda en la pierna izquierda mientras sube las escaleras de la casa de sus padres un escalón a la vez. Se impulsa con la pierna derecha y arrastra la izquierda hasta que llega a la cima.
Fue hace tres semanas, y miles de personas lo siguen en las redes sociales mientras Jackson sonríe, se da la vuelta y baja antes de presionar el contador pegado a baranda derecha. Dos mil vueltas completas. Setecientas ochenta y tres por delante hasta la cumbre.
Una lesión espinal en abril de 2017 destrozó la carrera profesional de rugby de Jackson y lo dejó paralizado hasta el cuello, por lo que quedó cuadripléjico, incapaz de mover sus extremidades. Se ha pasado los últimos tres años sorprendiendo a los médicos --y quizá también a él mismo-- subiendo montañas. Ahora está subiendo el Monte Everest en cuatro días... en las escalaras.
El objetivo está definido: 8.548 metros, 5.566 pisos por escalera y 89.058 escalones.
Es el tercer día de escalada y a Jackson le duele el cuerpo. Eso no importa. Tiene un desafío por conquistar y más de £30.000 en donaciones para Wings For Life, una organización de beneficencia para lesiones espinales, que lo motivan. El plan es levantarse a las 4 de la mañana, en parte porque está muy atrasado en su programa y se prometió a sí mismo que terminaría a media tarde, pero también porque siempre arranca temprano los días que hace cumbre para asegurarse de que la nieve esté congelada en la cima. Jackson está intentando mantener el desafío lo más auténtico posible, aunque por momentos sea un tanto en broma.
No pudo llegar al Everest por la pandemia de coronavirus, así que llevó la montaña más alta del mundo a su casa. Jackson ha estado durmiendo en una carpa en la sala de estar con el aire acondicionado al máximo, a metros de donde cuelgan las banderas multicolores de oración nepalesas, al pie de la escalera. El atleta de 31 años ha estado usando una chaqueta gruesa y antiparras, y a veces hasta botas de nieve. Principalmente fue por diversión, pero también por protección -- Jackson quedó atrapado en dos "ventiscas" hasta ahora. La primera fue un ataque sorpresa de brotes de algodón en la cara; el segundo, un cubo de hielo, aunque ese quizá fue más como una avalancha.
Puede que subir las escaleras parezca fácil. Todavía lo es para Jackson. Pero hacerlo durante 12 horas al día, luchando contra la mundanidad de la repetición, además de los dolores y las ampollas que trae, no es tan fácil. Pequeñas vetas de sangre manchan las paredes blancas a lo largo de la baranda de la escalera. Pero Jackson no pierde la sonrisa.
Ha llegado demasiado lejos.
El ex jugador de la selección juvenil de Inglaterra estaba disfrutando de una carrera profesional de rugby relativamente exitosa en los Dragons de Gales. Pero, el 8 de abril de 2017, su carrera se cortó en seco. Saltó a una piscina demasiado playa en la barbacoa de un amigo e inmediatamente supo que algo estaba mal. El accidente lo dejó paralizado del cuello para abajo. Tuvieron que resucitarlo tres veces en la ambulancia.
"Mi padre [un médico retirado] y mi amigo me sacaron a la superficie, y luego una señora me sostenía la cabeza al borde de la piscina", le cuenta Jackson a ESPN. "Pero mi padre sabía que no tenían que moverme. Gran parte del daño causado por lesiones en la columna vertebral ocurren después del accidente. Tuve la suerte de tener a un médico desde el primer momento.
"Los médicos me dijeron que [efectivamente] era el peor de los casos posibles. Todas las personas que sufren lesiones en la médula espinal tienen un rango de recuperación, pero afortunadamente yo todavía la tenía lo suficientemente unida. Aún tenía ciertas posibilidades de mejora".
Tres días después, comenzó un blog. La primera publicación fue titulada, "Éste es mi camino a la recuperación..." Los médicos le habían dicho que había una posibilidad muy real de que nunca volviera a caminar. La incertidumbre lo acompañó en su camino desde el principio. Tenía una lesión incompleta en la médula espinal, lo que significaba que podría haber cierto rango de recuperación. De ahí en más, se dedicó a maximizar esa posibilidad.
Sus blogs, publicados cada dos días, aproximadamente, tienen una sola temática y son inspiradoras en un sentido único. Su tristeza y su conmoción fueron evidentes al principio. Pero luego movió el dedo gordo del pie, y eso le dio indicios de que podría recuperarse. "Siéntete feliz porque puedes mover el dedo, y no triste porque no puedes mover las piernas", escribió. Desde el principio, su actitud fue mejorar su condición.
Seis días después del incidente publicó una imagen de sí mismo sonriendo con orejas de conejo el domingo de Pascua. Escribió: "Mi madre me puso estas orejas de conejo porque sabía que no podía quitármelas... Si no puedes reír, vas a llorar". El blog fue como una balsa para él. Publicaba cada noche cuando las luces del hospital se apagaban y las visitas se iban a casa.
Menos de tres meses después, Jackson dejó la rehabilitación en una silla de ruedas y nueve meses después, se deshizo de la silla de ruedas. Su determinación y su ambición casi ciega, le dieron la fuerza para mejorar, pero fue en ese momento que se dispuso a fijar su objetivo. Iba a ascender la montaña Snowdon, el punto más alto en Gales y Gran Bretaña fuera de las Tierras Altas de Escocia. La cima mide unos 1,085 metros. Todavía no lograba caminar una milla sin sentir agotamiento, por lo que tenía una dura tarea por delante.
"Lo había dicho, así que tenía que hacerlo. Así es como funciona mi cerebro”, dijo. “Es lo mismo que está sucediendo ahora. Llegue aquí [a la escalera], tenía pensado ascender a la altura de Snowdon. Y después, dos horas más tarde estaba haciendo una expedición de cuatro días en el Everest mientras acampaba al pie de las escaleras”.
Unas 70 personas que se sintieron muy inspiradas se sumaron a su caminata hacia la cima de Snowdon en abril de 2018. La sensación de llegar a la cima fue arrolladora. En medio de un logro que él hubiese creído imposible 12 meses antes, habiendo documentado todo su viaje hasta ese momento, estaba sin palabras. “En ese momento, había sido lo más difícil que había tenido que hacer”, comenta. “Cuando llegué a la cima me quebré emocionalmente. No eran lágrimas de tristeza. Me di vuelta para hablar con todos los que estaban allí y comencé a llorar.
"Los demás me daban alcohol, era el primer trago en un año, por lo que me embriagué rápidamente – y todavía tenía que bajar.
"Había petacas, hubo uno que hasta trajo una botella de champagne y copas. Le dije: '¿Qué clase de ascenso es este? ¿Quién saca una botella de Bollinger cuando llega a la cima de una montaña?'".
Poder llegar a la cima de la montaña te proporciona una sensación muy identificable de haber alcanzado un objetivo. Estaba bien que Jackson ascendiera montañas cada vez más altas. Un año después de Snowdon, lideró a un grupo de ex jugadores de rugby hasta la cima de Mont Buet en los Alpes de Chablais en Francia. Hubo dos intentos fallidos en el Gran Paradiso de los Alpes Grayos italianos debido a mal clima. Su logro más grande al día de la fecha se dio en octubre, cuando Jackson ascendió los 6,476 metros del Mera Peak en el Himalaya. No todos los que anduvieron por esos senderos lograron llegar a la cima. Jackson, de alguna manera, siempre logró cumplir sus metas. Subir sus escaleras es la última de sus expediciones.
Aunque su recuperación ha sido asombrosa, el accidente ha dejado a Jackson con el padecimiento del síndrome de Brown-Séquard, una condición neurológica. Su parte izquierda no funciona correctamente, y su parte derecha sí, pero no tiene sensación. Solo quería recaudar £2,000 al principio, pero todos se fueron enterando de su desafío y las llamadas con el piloto de F1, Alex Albon, y la sensación del fitness en el Reino Unido, Joe Wicks, elevaron su perfil aún más. Incluso charló con Sir Chris Bonington, que ha sido el hombre con más edad en ascender con éxito el Monte Everest, quien le dijo que tenía que ir avanzando un paso a la vez para lograrlo.
"No hay un libro de reglas para una persona cuadripléjica que ha subido las escaleras unas miles de veces", dice Jackson. Sus cálculos con respecto al ritmo fueron un poco altos, ya que cada día se hace un poco más difícil, y el día tres no ha sido diferente. Después de tostar los malvaviscos en la estufa que está el lado de su carpa la noche anterior, Jackson duerme un poco más de lo planeado y se levanta alrededor de las 4.30 a.m. Arranca su ultimo tirón, usando una linterna de las que van en la cabeza en medio de la oscuridad. Habiendo llegado a los £30,000 entrando en el último día, tiene que moverse si pretende terminar alrededor de las 4.30 p.m.
Completa los primeros 100 escalones para las 6.30 a.m. Después de algunas historias en Instagram y más tarde un livestream, está a un par de cientos de escalones de la cima. Hay una ventaja rectangular enfrentando la cima de la escalera, que es visible sólo cuando estás arriba. Si miras por ella puedes ver los árboles y caminos de la zona. Sigue entrando más dinero en el día hasta que supera los £40,000 apenas horas antes de terminar.
En abril de 2019, Jackson le dijo a The Guardian que se quería convertir en el primer cuadripléjico en subir al Monte Everest. Ahora no se lo ve tan convencido. "Creo que no sería lo indicado para mí, podría ser un poco peligroso”, dice. "Pero mientras más lejos llegue, más dinero podré recaudar para los demás y también podré inspirar a otros para que hagan más de lo que pueden. [Ascender al Everest] podría lograr eso. Sólo que no creo que mi cuerpo me permita lograrlo".
Pero serías un tonto si lo descartas por completo.
Jackson sube con dificultad los últimos escalones a las 4.07 p.m. mientras se escucha de fondo la canción de Queen, "We Are the Champions". El ascenso al Everest, completado.
"Han sido cuatro días muy extraños", comenta. Pero todavía no ha terminado, mientras que más tarde postea: "Bueno, ¿y ahora qué sigue? Pensando en el Tour de France por la cocina de sus padres… ¡aunque creo que primero necesito una cerveza!".
