San Cayetano en el casillero de Feldeine. El rosario de una monja colombiana. Las cajas con las camisetas que decían Aguada campeón. La rebeldía que generó la moto con los colores rojiverdes. El símbolo de un presidente que estuvo en la lista negra. Cuántas cosas, Nacional… El bolso se consagró campeón por primera vez en su historia de la Liga Uruguaya de Básquetbol y hay una historia por contar.
Si hay algo que identificó este proceso del básquetbol tricolor fue la identidad. El presidente de la Comisión de Básquetbol, Luis Gallo López, no es un improvisado que cayó con un paracaídas. Vivió Nacional en carne propia. Llegó al club con 16 años, se formó con los históricos que marcaron el básquetbol de la década de los 80, fue capitán, dirigente, y en 2012 llegó a la presidencia.
El Galló las vivió todas. Comió en la sede, jugó al bowling con algún compañero, pasó frío en la cancha abierta del club, la alegría del ascenso y el dolor del descenso. Y si algo tenía claro, era que quería crear una identidad.
Luego de la designación de Álvaro Ponce como entrenador, rodeó al profesional con gente del club, como reveló en el programa La mañana del fútbol (El Espectador Deportes).
Así fue designando como preparador físico a Rodrigo Durante, exjugador de Futsal de los tricolores que venía trabajando en las formativas. Como segundo ayudante del DT se apeló a Andrés Antúnez, exjugador del riñón tricolor ya que jugó en el club desde Mini. Esto llevó a que, el presidente, junto con el capitán Patricio Prieto, el profe Durante, el asistente Antúnez, y el equipier Pablo Rodríguez, hijo del exjugador Damián Rodríguez, se autodenominan “Los auténticos de La Blanqueada”.
Por si fuera poco, los juveniles del interior viven en la casita de Jaime Cibils, y conviven todo el día con los de fútbol. “Tenemos una identidad propia que era lo que queríamos lograr”, dijo López en El Espectador Deportes.
Sorpresa, Prieto capitán
El día que el equipo iba a iniciar los entrenamientos, el presidente Luis López se presentó en el Polideportivo del Gran Parque Central y tomó la palabra.
Allí comenzó diciendo: “Este año el capitán va a ser el Pato (Ignacio) Prieto”. La designación causó sorpresa. No era para menos, Prieto es un chico de 21 años. Pero el presidente argumentó: “El Pato significa todo lo que es Nacional, está acá desde Mini, es el jugador con más entrega, el más querido por la hinchada, y una gran persona”.
Y Nacional se puso en marcha. Desde el inicio, el equipo se forjó con mentalidad ganadora y, sin estar en los planes de nadie, ganó la fase regular. Claro, en el ambiente flotaba aquello que las finales eran otra historia y que, contra el gran favorito Aguada, nunca le había ido bien al Bolso.
El clásico que no fue
Los cruces de playoffs podrían llegar a determinar que Nacional y Peñarol se encontraran en las semifinales. Todo el ambiente del básquetbol esperaba el duelo clásico. Pero no ocurrió…
Nacional eliminó a Hebraica y Macabi 3 a 0, pero Peñarol no pudo con Sporting y quedó por el camino. De ese modo, los tricolores se cruzaron con Defensor Sporting en semifinales y lo eliminaron ganando 3-1. Del otro lado llegó Aguada tras un duro cruce semifinal con Malvín, al que venció 3-2.
El drama de la lesión de Feldeine
Nacional arrancó ganando las finales de la Liga Uruguaya de Básquetbol 1 a 0, pero Aguada dio vuelta el trámite, pasó 3-1, y dejó al bolso al borde del nocaut.
Para colmo de males se produjo un hecho que marcó el vestuario tricolor: la lesión de James Feldeine. “Me quería matar, ya en el momento el médico me dijo: ‘Si podés, no lo pongas más, creo que se desgarró. De hecho, entró y cuando salió me dijo: ‘Coach, no puedo jugar”, expresó el técnico Álvaro Ponce en "Minuto 1" (Carve Deportiva).
“Y veníamos de una lesión de Colmenares, que estuvo más de un mes afuera, la de Manny Suárez, y recuerdo que le pregunté a Yayo González (gerente deportivo): ¿A quién vamos a traer, qué jugador se puede parecer a Feldeine? Era el líder natural del equipo. Era irremplazable. Fue un golpazo”, reconoció Ponce.
En eso entró al vestuario el presidente Luis López y le dijo a los presentes: “El jugador es Mike (Michael Smith). Tenemos que traer uno de carácter, estas son finales, no se puede traer gente tibia y Mike no quiere perder ni en las prácrticas”.
Hola Mike
Smith terminaba de jugar en México y había nacido su hijo por lo que pocos daban crédito a que pudiera venir. El Gallo López lo llamó y le planteó la situación: “Te necesito, Mike”. A los pocos días el jugador estaba en Montevideo.
Previo al quinto partido, donde Aguada se podía consagrar campeón ya que estaba 3-1 arriba, el presidente del básquetbol llegó al vestuario con una imagen de San Cayetano que era de su padre y estaba en la mesita de luz de su casa. La colocó en el casillero donde se cambiaba Feldeine.
No fue lo único que llevó, el presidente del básquet de Nacional, que estuvo varios meses en la lista negra y no pudo entrar a los partidos tras ser acusado de hechos de violencia en un clásico contra Peñarol, apeló a otros amuletos.
“Tengo tres rosarios, uno que me regaló una monjita colombiana y siempre lo tuve. Otro de un venezolano que vino con Colmenares y nos daba una mano, y antes del partido definitivo el padre de Agustín Méndez (integrante del plantel), jugador al que traje de Salto, me trajo un rosario que tenía cuando Agustín estuvo internado en el CTI”.
La moto y la fiesta de Aguada
Previo a ese partido se dieron dos hechos que tocaron la fibra de los jugadores de Nacional. El primero fue que vieron las cajas con camisetas que decían Aguada campeón. El presidente López tomó eso para arengar a sus jugadores a los que les dijo: “Estos tienen todo preparado para la fiesta, pero les vamos a ganar. No somos fiesta ni payasos de nadie”, le dijo al plantel.
El segundo detalle fue la moto que se otorga al mejor jugador del campeonato y que generó la reacción del jugador Gastón Semiglia, que luego del partido se despachó denunciando que habían puesto la referida moto, con los colores de Aguada, destapada y frente al banco de Nacional.
Los tricolores terminaron forzando el séptimo y último partido. Y el cierre de ese juego fue para el infarto. Una pelota perdida, la reacción del rival y un triple que fue una daga.
Por un instante, Nacional se vio perdido. “Cuando Wilson mete el último triple fue un sablazo terrible. Le quedaba un libre y pensé que si nos empataban e íbamos a alargue éramos boleta. Pero no ocurrió y fuimos campeones”, contó el Gallo López.
Después de tantos años de sufrimiento, los auténticos de La Blanqueada se colgaron la medalla y levantaron la copa.
