Argentina viaja desde el pasado glorioso hacia el futuro posible

MAR DEL PLATA (Enviado especial) – Entre las conversaciones que evocan recuerdos gloriosos y las efemèrides que inundan las redes sociales con las imàgenes doradas por un nuevo aniversario de la mayor conquista en la historia del bàsquetbol argentino en Atenas 2004, la nostalgia se abre paso aunque se intente evitarlo.

Ese pasado épico, de conquistas que superaron hasta a los mejores sueños, es solo eso: pasado.

El presente de la Selección Argentina de básquetbol es completamente diferente. El triunfo por 89-75 contra Puerto Rico, en un Polideportivo Islas Malvinas que supo ser escenario de grandes victorias, nos hace viajar rápidamente en el tiempo. No para olvidar lo inolvidable, sino para saber dónde estamos parados. Argentina se encamina a clasificarse al Mundial de Qatar 2027. La presencia en una Copa del Mundo era una habitualidad, hasta que en 2023 la ausencia golpeó duro y generó una herida que aún no cicatriza.

Esta victoria, trabajada desde la defensa y con destellos de buen juego colectivo en ataque, con Gabriel Deck, Leandro Bolmaro y Facundo Campazzo como líderes, representa más que un paso importante rumbo a la próxima Copa del Mundo: ofrece un panorama claro de las posibilidades reales de un equipo al que no le brota el talento de aquel que volaba, repleto de estrellas, pero que puede caminar a paso firme hacia un objetivo.

En una entrevista exclusiva con ESPN.com, en la previa del duelo ante el seleccionado boricua, Nicolás Laprovittola marcaba la relevancia: "Una oportunidad muy importante para acercarnos a volver a sentirnos una Selección respetada. Es duro decirlo, pero perdimos mucho terreno, perdimos mucho sin estar en los últimos torneos grandes".

Lapro (36 años), al igual que Campazzo (35), Deck (31) y Brussino (33), convivió con algunos de aquellos Dioses del Olimpo y luego dejó su huella en un histórico subcampeonato en el Mundial de China 2019. También sufrió la frustración de ver cómo se esfumaba la clasificación a la Copa del Mundo pasada.

Con Prigioni al mando en uno de sus primeros trabajos como entrenador principal y con la suficiente espalda y conocimiento por su trayectoria como jugador, Argentina transita una reconstrucción que deja en claro que no mira a ese lejano paraíso sino que moldea un equipo terrenal. Y, con las piezas disponibles, arma una estructura que se basa en la solidez para luego dar paso a momentos de lucidez.

El futuro inmediato brinda la oportunidad de medirse este lunes 31 de agosto contra Canadá, en Québec. Al margen de que el único invicto de la clasificación mundialista no presenta a todas sus figuras de la NBA, es un rival fuerte y que eleva el nivel de dificultad. Una prueba interesante, independientemente del resultado.

Lo posible para esta Selección Argentina pasa por preparar cada partido, a sabiendas de que es un equipo que puede competir contra cualquiera de sus adversarios en el continente, pero que está lejos de las grandes potencias.

Entonces, ese futuro posible solo tiene ojos para los próximos cinco partidos, tres como visitante y dos como local, que le permitan cumplir el único objetivo: clasificarse al Mundial.

La disputa cara a cara con los mejores, a los que incluso osó ganarles con aquel equipo salvaje que se comía a todos, no es asunto de este seleccionado argentino. Al menos, no por ahora.

De nada sirve soñar con recuperar ese pasado que ya no existe. El futuro, deseado, en este caso no llegó Y la mejor manera de alcanzarlo es con trabajo y paciencia, con la mente en el presente.