El básquetbol que no le gusta a la gente

Hace unos días, volvió a circular por las redes sociales un video de San Antonio Spurs de 2014 que despierta suspiros entre los guardianes del juego grupal. Una música emotiva, una combinación precisa de pases, el rendimiento colectivo en su máxima expresión. El video no tiene un propósito comercial ni se construyó con la dinámica actual de redes sociales: supera por amplio margen el minuto, no está hecho para Instagram y casi que parece extraído de una biblioteca de VHS. En definitiva, no persigue otra cosa que mostrar la belleza de lo elocuente. La forma por sobre el contenido. Música clásica en un mundo de acordes electrónicos, casi un alegato que defiende ante un jurado inexpugnable la premisa de que los medios hacen al fin, la prueba que corrobora que el básquetbol es mucho más que un juego de puntería.

Sin embargo, algo está pasando en la actualidad.

En las afueras del campus de Google, existe una réplica de un Tiranosaurius Rex -de nombre Stan-, y un grupo de flamencos rosados que caminan de manera simpática entre los huesos. Más allá de la excentricidad lógica, Google parece decirnos algo sin hablar con esta mezcla metafórica que es alquimia pura: "puedes haber sido el depredador más grande que existió en esta tierra, pero si no te adaptas al entorno, indefectiblemente perecerás".

No se trata de lo que pasó, sino de lo que pasa y, por sobre todas las cosas, de lo que pasará. Acostumbrarse a nuevas metodologías, nuevos propósitos, nuevas consignas, obliga a salir de la zona de confort. A los dirigentes, a los entrenadores, a los jugadores y al público también. Hoy el mundo siente, por ejemplo, que los Golden State Warriors o los Houston Rockets son equipos "aburridos" por la simple razón que han puesto en valor la parte ejecutiva del juego -encestar, como sea, donde sea- a máxima velocidad, contradiciendo los manuales de los grandes maestros que alguna vez nos enseñaron, a edades tempranas, de qué iba el básquetbol.

No se trata de quitar lo anterior como una hoja en el calendario, sino entender que lo que se modifica no es la hoja sino el calendario completo. Y el mismo incluye todos los preceptos que precedieron al juego actual. Veamos el ejemplo de los Warriors, sólo alguien que no se detiene de verdad en ellos puede decir que se trata de juego anárquico. Se comparte el balón, la defensa es escalonada, el ritmo es de relojería y el talento es único. Han tomado cosas de los mandamientos de aquellos Spurs de 2014 y han diseñado la evolución, construida a través del talento y el físico para desplazarse a gran velocidad de manera horizontal y vertical. El jugador multiplataforma no es un invento de Golden State, pero este equipo lo ha entendido como ninguno y ha escrito con hechos la explicación deportiva de que ya no sirve el hombre de rol. De hecho, las posiciones sirven sólo para ordenar los zócalos televisivos. ¿De qué juega Kevin Durant? ¿Y Kawhi Leonard? ¿Y Giannis Antetokounmpo? ¿Y LeBron James? Podría seguir un rato largo, pero la cosa viene así.

Lo que ha pasado en los últimos años con los Warriors ha llevado a otros equipos a elevar la vara para poder competir, y por suerte, esto ya se ve: los Warriors ya no lucen tan cómodos y han perdido, en lo que va de temporada, 10 partidos en 31 presentaciones. ¿Casualidad? Yo diría causalidad. Cuando un ente sobrecalificado aparece, el entorno lo observa, se adapta y compite. Primero es frustración, luego conocimiento y finalmente superación. Como siempre sucede con lo contemporáneo, parecería que todo se inventó ahora, pero hubo una época en la que no existía ni el reloj de posesión ni la línea de tres puntos. La evolución es constante.

Dijimos, entonces, correr, tirar de tres puntos y ser efectivos con ritmo elevado. Hoy los Bucks son referentes en el mundo NBA, y han pasado de lanzar 24.8 triples por partido en 2017 a 39.9 en 2018. Los Boston Celtics, de 30.4 a 36.5, los Toronto Raptors de 32.3 a 33.6 y los Houston Rockets siguen siendo grandes innovadores en este apartado con 41.1 por juego, líderes en toda la Liga. No se trató de cambio de personal abrupto, sino de un enfoque concreto. Con esta impronta, los Raptors hoy tienen la segunda mejor eficiencia ofensiva global (111.5) y los Bucks la tercera (110.9), siendo los Warriors (lanzan 30.8 triples por juego) la primera con 112.6.

Quizás el gran colado a la fiesta de la interpretación haya sido Denver Nuggets, equipo que lanza sólo 29.9 triples por encuentro (20º en la NBA), con un ritmo de 99.9 (27º) y una eficiencia ofensiva de 108.7 (10º). Su segundo puesto en la general se explica por su juego grupal (19.2 asistencias por partido) y su eficiencia defensiva de 103.4 (6º en toda la liga). Sin embargo, déjenme ser escéptico en pensar que esto de Denver puede arrastrarse hasta el final de la serie regular. Parece más una tormenta pasajera de una franquicia sorpresiva que algo que hará sólido con el correr de las fechas.

En definitiva, el básquetbol ha cambiado y mucha gente, como ocurre en cualquier aspecto de la vida, ha decidido no aceptarlo. Montar en cólera, decir que esa no es la ejecución adecuada, que correr, tirar y lanzar a velocidad son hechos que, en conjunto, han destrozado el juego. Y esto es una verdad a medias, porque los nuevos conceptos no han quebrado el básquetbol per se, sino que han evaporado el básquetbol que existía de un lustro a esta parte. Esto que vemos hoy es otra cosa, ni mejor ni peor, distinto.

La belleza de la música clásica le da paso al frenesí de la electrónica. Los flamencos caminan entre los huesos del Tiranosaurio.

La elección es un enfoque. Para los que dirigen, para los que juegan, para los que observan.

Será, entonces, adaptarse o perecer.