Victor Wembanyama y su curva de aprendizaje: cómo sobrevivir a las 'Wemby Rules'

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Victor Wembanyama se va expulsado tras codazo sobre Naz Reid (1:59)

Victor Wembanyama se va expulsado tras codazo sobre Naz Reid (1:59)

Existe un reglamento para todos y otro distinto para el crack de San Antonio; su error le costó el partido a los Spurs, pero es parte de su necesario aprendizaje en la NBA.


Bienvenido Victor Wembanyama a la puerta de entrada del Monte Rushmore. Lo se, no hace falta decir demasiado: el camino de las estrellas de verdad, las que brillan con fuego diferente, duele. No es lineal, es un zigzagueo que deja cicatrices.

Wembanyama todavía no ganó nada, pero a partir de estos Playoffs NBA se le conoció una nueva piel. No se le puede ganar jugando de igual a igual. Es más alto, más rápido y su extensión de brazos es sobrenatural. Se terminó la simpatía: he aquí, querido Wemby, el calor de la postemporada. Bienvenido al básquetbol de verdad.

Hay errores que sirven para crecer. La expulsión contra Naz Reid tiene un doble análisis para interpretar el contexto. El primero, el evidente. Falta flagrante 2 bien sancionada, expulsión justa que no amerita discusión. La segunda, el contexto: al francés le están jugando muy físico en esta serie. Y debo decir, por conocimiento de la historia, que es parte del juego. Minnesota lo defiende, de frente y de espalda, al borde de lo antireglamentario: empujones, golpes, agarrones. Un mix para sacarlo de su zona de confort. Con el diario del lunes, la estrategia terminó siendo un éxito.

No es la primera vez que vemos algo así en la historia de la NBA. Allá por el comienzo de los años 90, Michael Jordan tuvo que sucumbir ante la defensa escalonada de Detroit Pistons. Chuck Daly, luego entrenador del Dream Team 1992, sabía que tarde o temprano no podrían detenerlo. Pero por un par de ediciones de playoffs tuvieron éxito: entre Isiah Thomas, Dennis Rodman, Rick Mahorn, Bill Laimbeer y otros tantos se turnaron para pegarle. La escena era recurrente: Jordan caía, se levantaba, e iba de nuevo. Cada oartido despertaba nuevos dolores. El físico para superar el impacto lo trabajó, años más tarde, con Tim Grover, pero la diferencia estaba en la mente de acero. La interpretación del suceso para poder atravesarlo.

Los escalones hacia la victoria estaban hechos de una materia prima invisible llamada resistencia. Para llegar al oro primero hay que pisar mucho barro. Y Wembanyama ayer cometió un pecado de inexperiencia que le permitirá saber cómo afrontar estas situaciones en el futuro cercano. Es una bifurcación que ofrece una doble vía: aplacarse ante el hostigamiento o emerger hacia otra instancia de su desarrollo deportivo.

El francés mordió el anzuelo de los Timberwolves. Su codazo inoportuno fue la primera expulsión de su carrera y le costó el partido a San Antonio. Un muchacho instruido, inteligente, que hizo una pretemporada en un templo budista para controlar las emociones, cayó en la trampa de un equipo experimentado que sabe cómo jugar esta clase de partidos. Que conoce el terreno para enlodar situaciones y ponerlas a su favor. Es que Wemby tiene 22 años. A veces nos olvidamos de eso, pero transita una curva de aprendizaje a velocidad récord. Él no lo sabe, pero más allá de su enojo debe comprender que existe el reglamento para todos y otro, implícito, que será solo para él. Y este es recién el comienzo. La gente destinada a cosas extraordinarias necesita atravesar situaciones extraordinarias.

Bienvenidos, entonces, a las Wembanyama rules.

El golpe a Reid no es un capítulo más en su carrera. Es un nuevo comienzo. Él supo, al saludar a cada uno de sus compañeros previo a su corrida al vestuario en Minneápolis, que había caído en la trampa. Nadie debe estar más disgustado que el propio Wembanyama, con él mismo, en este arranque de semana. Cuatro puntos. Despedida con 8:29 por jugar en el segundo cuarto. Los Spurs están 0-7 cuando el francés no pasa el doble dígito de anotación y fue la salida más temprana de un All-Star en un partido de Playoffs desde que le pasó a Draymond Green (Warriors) en 2022 y a Al Horford (Hawks) en 2015.

"Simplemente creo que con lo que intentan jugar contra él, en algún momento tendrás que protegerte", dijo el entrenador de los Spurs, Mitch Johnson, sobre el codazo de Wembanyama. "En cada jugada, en cada parte de la cancha, la gente intenta imponerle su físico".

Esto es cierto, pero nada justifica la reacción. La declaración de Johnson va hacia un lugar lógico: intentar que Wemby no sea sancionado para el quinto juego de la serie a disputarse en San Antonio, algo que finalmente se confirmó. Preocupaba un antecedente de hace casi tres lustros: el codazo del entonces llamado Ron Artest a James Harden en Lakers frente a Thunder en 2012, que le costó siete partidos de suspensión (entre serie regular y postemporada).

Wembanyama tiene un punto a favor para poder corregirse: juega en San Antonio. En esta franquicia abunda la templanza. Quizás sea tiempo de sacar a relucir el as bajo la manga llamado Gregg Popovich. Con el gigante francés, ahora, hace falta diálogo, ver videos, interpretar situaciones. Algo de psicología y también, por qué no, algo de historia, para ver qué pasó con otros talentos elite en los últimos años.

La gloria no es un camino de rosas. Hay que caer, levantarse y sobre todo aprender. La primera cicatriz de la carrera de Wembanyama ya es un hecho. Los Timberwolves, ahora, van a insistir sobre su físico para hurgar en la herida... ¿Cómo reaccionará el fenómeno fuera de su zona de confort? La respuesta será crucial para el presente, pero mucho más que eso para el futuro.

Wembanyama mostró que por un lado es un alien, pero por otro es humano.

Rumbo al Juego 5 en San Antonio, su error puede morir en error, o ser, como todos esperamos, una nueva plataforma de despegue.