La decisión de Andrew Wiggins de no vacunarse: Problemas de ricos

Andrew Wiggins tendrá que cumplir con el reglamento de la NBA, lo que significa que se tendrá que vacunar para poder iniciar la nueva temporada

Es una ironía con el mundo, pero la razón por la que Andrew Wiggins probablemente se vacunará contra el COVID-19, será para evitar perder dinero y no por seguir la recomendación de las autoridades sanitarias, ahora que la NBA le ha negado la exención religiosa para no recibir la dosis y cada juego que no pueda disputar le cueste 350 mil dólares.

Son problemas de ricos en un país en el que afortunadamente no faltan las vacunas, pero en el que millones de personas han decido no aceptarlas por fuerza de su libertad individual, lo cual es un derecho indiscutible, pero que llevará al alero de los Warriors a un callejón sin salida si no cambia de parecer antes del 13 de octubre, cuando la Ciudad de San Francisco prohiba el acceso a personas no vacunadas a espacios cerrados y concurridos.

Esto quiere decir que no podría ni entrenar con su equipo justo en la semana en la que arranca la temporada (19 de octubre), al margen de que sí forme parte del campamento de entrenamiento a partir del próximo martes, pero con la fecha límite del 21 de octubre, cuando los Warriors debuten en casa contra los Clippers y ya no tenga permitido el acceso al Chase Center.

La situación se vuelve más enredada por el hecho de que sí sería elegible para jugar como visitante contra los Lakers el primer día de la temporada, porque la Ciudad de los Ángeles no tiene, por ahora, las mismas restricciones que entrarán en San Francisco y si Wiggins se aferra y Steve Kerr se lo permite, pues ganará esa batalla a lo grande presentándose en televisión nacional.

El caso se convierte en una paradoja del contexto internacional, en el que América Latina sigue necesitando ayuda para vacunar a su población, mientras del otro lado de la frontera de México se discute si el sindicato, la NBA y las autoridades locales pueden hacer algo para impulsar a un atleta a recibir la protección.

Y la realidad es que no lo pueden obligar, ni a él ni a nadie, y por eso todo caerá en su conciencia, ya no digamos para protegerse de la enfermedad según lo que promueve la Organización Mundial de Salud, sino para no dejar a sus compañeros sin su talento que puede ser clave mientras Klay Thompson recupera su ritmo luego de más de dos años sin estar en un partido.

La NBA es, a su vez, una empresa muy preocupada por mandar el mensaje políticamente correcto a todos niveles y el hecho de que la decisión de Wiggins sea tan pública, los pone en un una situación muy complicada, porque no pueden negarle que juegue allá donde las leyes locales sí se lo permitan, pero tampoco pueden hacer como que no les importa una vez que obligaron al resto de sus empleados a vacunarse (todos los que no son jugadores el sindicato).

Ante todo está el derecho de Wiggins de hacer lo que crea más conveniente para su salud, pero desde fuera de Estados Unidos no podemos dejar de notar y hasta de envidiar ese tipo de problemas, en los lo que sobran son las dosis y todo queda en la decisión personal de aceptar o no el piquete, cueste lo que cueste.