Alex Cora aprendió de la introspección durante su exilio y busca superar la infamia

HOUSTON -- El mánager necesitaba desaparecer, para así permitir que reapareciera el hombre. Alex Cora no lo veía en ese momento; porque la supervivencia suele pesar más que la introspección, cuando el mundo colapsa a tu alrededor, cuando todo lo que has construido (respeto, lealtad, prestigio) desaparece gracias a un fiasco de tu propia creación.

Él hizo lo que hizo. Las trampas. El bote de basura. Todo ello. Alex Cora vivió los peores años de su vida profesional, que se sintieron como una inmersión interminable dentro de un espacio vacío; donde un hombre no es nada más que su peor momento, a pesar de habérselo ganado. Ensució al béisbol; y a cambio, el béisbol lo abandonó. Y aunque estaba consciente de que los demás lo definirían por siempre por dichos actos, para Cora siempre se trató de conseguir cómo superarlos.

Porque el béisbol no puede evitar ser poético, Cora vuelve a encontrarse en la misma edificación en la que tomó una decisión que alteraría el curso de su vida, luchando por su supervivencia en esta temporada. No se suponía que los Boston Red Sox estarían aquí, en el Minute Maid Park, casa de los Houston Astros. No se suponía que clasificarían a la postemporada, y menos se suponía que ganarían un juego por el comodín o una serie divisional.

Pero lo hicieron, lo que provocó que Cora estuviera sentado sobre un banco en el Minute Maid, mirando hacia el horizonte; empezando a conversar sobre, bueno, ya saben qué. Como coach de los Astros en 2017, Cora ayudó a coordinar los hechos que constituyeron uno de los escándalos de trampas más notorios de la historia del béisbol estadounidense. Al año siguiente, partió de Houston para dirigir a los Red Sox y ganó un campeonato. Fue despedido por lo que hizo en Houston. Después, fue reenganchado menos de un año después, para hacer exactamente lo que ocurrió: llevar a Boston a la Serie de Campeonato de la Liga Americana, y esta noche a las 8 p.m. hora del Este, ayudar a rescatarlos de un déficit de tres juegos a dos contra su antiguo equipo.

Ya lo ha hecho antes, específicamente en 2018 (ganar dos partidos en Houston como visitante para asegurar el banderín); aunque eso sucedió antes de que el mundo conociera lo que ahora Cora denomina como su "mala decisión", "horrible error", o cualquier otra combinación de adjetivos y sustantivos considerados por él lo suficientemente auto flagelantes. Revivir la peor versión de ti mismo no es un pasatiempo especialmente alentador; porque incluso si eso es lo que le define ante los demás, él no puede permitir quedar entrampado para siempre, como si fuera un par de esposas sin llave. No puede permitirlo, particularmente cuando la ruta hacia su cúspide profesional incluyó esa exitosa parada en los pits del Minute Maid en 2018.

"Aquí tenemos algunos buenos recuerdos", afirma Cora. "Y, sabes, lo genial de Boston (y eso les agrada a algunas personas, y a otras no) es que se siente como si cada juego fuera el séptimo partido de la Serie Mundial".

Actualmente, es más fácil asumir la presión de un juego de béisbol, luego de dos años de cuestionamientos constantes hacia su integridad, de una notoriedad que parece infinita, de esconderse avergonzado. De verse obligado a separar su identidad, para así recomponerse y tener la oportunidad de vivir algo cercano a la normalidad.

¿Un déficit 3-2, con dos juegos de victoria obligada en la carretera, un staff de pitcheo agotado y una alineación ofensiva congelada? Alex Cora ha superado cosas mucho peores.


EL 14 DE ENERO DE 2020, se produjo el despido del mánager.

Cora entendió lo inevitable del suceso. Dos meses antes, el portal The Athletic había revelado con lujo de detalles la treta de robo de señas hecha por los Astros durante su lucha por el campeonato de liga en 2017, cuando Cora laboraba como coach de banca. Poco después, salieron a relucir los nombres de los participantes, y él fue vinculado al ardid como figura central.

A pesar de que la investigación conducida por Major League Baseball consideró que el sistema (en el cual las señas del receptor eran robadas mediante videos ilícitos y transmitidas a los bateadores mediante los golpes de un bote de basura) fue "alentado por los peloteros", acusando al entonces mánager A.J. Hinch de conocer su existencia y no detenerlo, el informe de la liga fue condenatorio para Cora. El escrito alegó que el técnico "estuvo involucrado en el desarrollo, tanto del mecanismo de golpes [de botes de basura] como en la utilización del cuarto de revisión de repeticiones para decodificar y transmitir señales. Cora participó en ambos mecanismos, y mediante su participación activa, condonó implícitamente la conducta de los peloteros".

Al día siguiente de la publicación del informe suscrito por el comisionado Rob Manfred, los Red Sox y Cora estuvieron de acuerdo: el mánager tenía que irse. Había una mancha, una violación flagrante, imposible de limpiar. Mientras Hinch y el gerente general de los Astros Jeff Luhnow fueron vetados por una temporada y posteriormente cesanteados por la organización de Houston, las sanciones disciplinarias de la liga hacia Cora dependían de la finalización de otra investigación que determinaría si el equipo de los Red Sox que ganó el campeonato de liga en 2018 también había robado señales. Luego de la publicación de un informe que exoneró a Cora de cualquier conducta impropia en 2018, a pesar de acusar a los Red Sox de infringir normas menores, Manfred lo suspendió por toda la temporada 2020.

"La sed de triunfos lo encegueció", afirma Joey Cora, veterano infielder de Grandes Ligas y hermano mayor de Alex. "A veces, dices: 'haré cualquier cosa, lo que sea necesario, para ganar'. A veces, ese 'lo que sea' no está bien. En ese momento, el sabía que lo que hacía no estaba bien, pero funcionaba. Ganaban. Olvídense de los demás".

Tal desprecio por las normas aseguraba que los demás no olvidarían sus actos. Y las consecuencias fueron inmediatas.

"Una cosa que aprendes es 'quién es quién'", afirma Cora. "No se trata de cubrirte las espaldas, sino de quién está ahí para apoyarte. La investigación es la investigación. Pero hubo algunas personas que estuvieron presentes, y otros que no estuvieron allí. Y estuve con ellos por largo, largo tiempo. Y eso me dolió, aunque también me hizo darme cuenta de que al final del día (y esto es algo que aprendí de mi hermano) el círculo de amistades es pequeño. Yo no los eché. Simplemente, ellos huyeron de todo ello".

Mientras otras personas se dispersaban, con Cora considerado como persona no grata, éste se concentró en sí mismo. Admitió la duplicidad de la treta. Se hizo preguntas difíciles. ¿Quién soy? ¿Cómo puedo mejorar? ¿Qué clase de hombre quiero ser? Su año sabático impuesto por MLB puso un compañero a su lado: el autocastigo que puede acompañar a las fechorías. Cora trató de asumir el lugar y la situación en la que se encontraba ... y luego, gracias a la pandemia, se vio obligado a ello.


POR VARIOS MESES, el hombre se auto aisló en Puerto Rico, acompañado por su prometida Angélica Feliciano y sus mellizos de 3 meses. La vergüenza alejó a Cora de un público que lo había adorado por largo tiempo. Cora se crio en Borinquén, fue gerente general del equipo que representó a la isla en el Clásico Mundial de Béisbol, le encantaba que muchos peloteros lo vieran como el flautista de Hamelin del béisbol puertorriqueño, como lo fuera su padre para la pelota en Caguas, ciudad donde se formó.

el hombre se auto aisló en Puerto Rico, acompañado por su prometida Angélica Feliciano y sus mellizos de 3 meses. La vergüenza alejó a Cora de un público que lo había adorado por largo tiempo. Cora se crio en Borinquén, fue gerente general del equipo que representó a la isla en el Clásico Mundial de Béisbol, le encantaba que muchos peloteros lo vieran como el flautista de Hamelin del béisbol puertorriqueño, como lo fuera su padre para la pelota en Caguas, ciudad donde se formó.

Mientras crecía, Alex se dio cuenta de que no había sido bendecido con un poder bruto ofensivo o velocidad vertiginosa. Sin embargo, tenía un sexto sentido para jugar al béisbol. Su mente trabajaba más rápido que el desarrollo del juego en sí. Podría ver cosas que los otros no entendían, percibía cosas que otros no podían percibir. Era capaz de estudiar a un pitcher y en cuestión de un inning, saber cada lanzamiento que haría, basándose estrictamente en la ubicación de su guante. Su genio para el béisbol lo llevó a la Universidad de Miami y después a las Grandes Ligas, donde jugó 14 temporadas, gracias a su agudeza mental como por su capacidad física.

Durante el invierno, Cora volvía a Caguas, jugaba pelota invernal y dejaba asombrado a quienes le veían sobre el diamante. En la isla que produjo peloteros de la talla de Roberto Clemente y Orlando "Peruchín" Cepeda, Carlos Delgado y Carlos Beltrán, se toparon con una clase de pelotero totalmente diferente. Uno con quien el público se podía identificar, porque no era un espécimen físico.

"Lo conocí cuando tenía 13 años y la primera vez que lo vi pensé: '¿Este tipo juega en Grandes Ligas?'", expresa Enrique "Kike" Hernández, jardinero central de los Red Sox. Su padre Enrique era scout y laboró una temporada como coach de los Criollos de Caguas. "Pero, cuando lo vi jugar, tuvo sentido. Entendía el juego mejor que los demás".

Cora se retiró en 2011 y laboró simultáneamente como Gerente General de los Criollos en la liga invernal puertorriqueña y comentarista de ESPN. En 2017, se incorporó al staff técnico de Hinch y ganó la Serie Mundial. Al año siguiente, asumió las riendas del equipo de Boston y ganó otro Clásico de Otoño. Cumplía con todos los requisitos para un mánager moderno de elite: brillante, aunque ávido por conocer las opiniones de los demás; analítico, aunque con un toque de la vieja escuela; afable, pero con autoridad; amistoso con los medios, pero protector de sus peloteros; con estilo, manteniendo la seriedad.

Durante todo el año, Cora hizo su prioridad ayudar a Puerto Rico a recuperarse de los daños sufridos por el paso del Huracán María en septiembre de 2017; por ende, volvió a la isla no sólo siendo campeón, sino todo un héroe. Cora no era el hijo privilegiado, descendiente de la realeza del béisbol. Era aquel peculiar vástago cuyo impacto superaba con creces al de su padre. Eso causó que su caída fuera mucho más severa, y que su vergüenza fuera mucho más profunda. Era, aparte de todas sus mejores cualidades, un tramposo, execrado del deporte que ama. Y después de esa expulsión, se retiró al sitio que mejor conocía y permaneció allí. No podía enfrentarse a otras personas hasta que entendiera bien quién era, que clase de hombre quería ser.

"Detesto decir que las cosas suceden por un motivo, porque esa no es la forma correcta de ver esto", afirma Cora. "Lo jo-í todo. Pero, estar cerca de mi familia en plena pandemia… me di cuenta de lo importante que es mi familia. No necesitas tener el iPad, la computadora, después de los juegos. No necesito llevarme mi trabajo a casa. Estaba tan concentrado en esos dos primeros años y perdí ese contacto, y estar rodeado por ellos me hizo realmente entender que, ¿sabes qué? Es bueno desconectarse. No necesito llevarme a casa los informes de scouting. No tiene que ser así".

Sin embargo, todas esas pequeñas lecciones, esas preguntas que Cora se hizo a sí mismo, surtieron otro efecto: aprendió más sobre él. Y en medio de ese camino, no tardó en darse cuenta de que, quizás, el mánager podía aprender algo del hombre que intentaba ser.


EL 30 DE OCTUBRE DE 2020, un avión privado aterrizó en Puerto Rico, iniciando así el renacer de la carrera del mánager. Tres días antes, el equipo de Los Angeles Dodgers acababa de ganar la Serie Mundial, poniendo punto final a la suspensión de Cora por una temporada completa. En el primer día que lo tenía permitido, el ejecutivo jefe de operaciones deportivas de la organización de Boston Chaim Bloom llamó a Cora para conversar sobre el puesto de estratega, que había quedado vacante tras el despido de Ron Roenicke, sustituto de Cora, luego de una campaña de labor. A pesar de que Boston efectuaba una exhaustiva búsqueda para contratar mánager, Bloom no tomó decisiones hasta reunirse con Cora. Ambos trabajaron juntos durante unos meses en 2019, aunque nunca durante la temporada en sí. Entonces, Bloom arribó a San Juan junto con el gerente general de los Red Sox Brian O'Halloran, a bordo del avión privado del dueño del equipo John Henry. Si los Red Sox iban a considerar la idea de reenganchar a Cora, Bloom quería tener esa conexión interpersonal que las llamadas por Zoom no pueden aportar.

Mientras esperaba para reunirse con Bloom, Cora sintió escepticismo. Sabía que podía hacer el trabajo. Juró que, de tener la oportunidad de volver a Boston, sería mejor mánager que nunca. A pesar de ello, los Red Sox ya tenían avanzado su proceso de reclutamiento, identificando candidatos con fuertes atributos; mientras Cora, puesto de lado, esperaba el levantamiento de su suspensión. Un día, llamó a Joey, diciéndole: "Hombre, esto no va a funcionar".

"Derramó lágrimas", recuerda Joey. "Porque quería volver. No sólo se trataba de regresar. Quería volver a Boston. Quería hacer lo correcto por Boston".

Aclarar eso a Bloom y O'Halloran hizo el truco. El escenario no era precisamente el ideal: un hangar de aviones vacío que tenía todo el ambiente de una funeraria. Tampoco lo fueron los accesorios: sin comida, ni bebidas. Nada, excepto tiempo para intentar convencer a Bloom, máximo responsable de la contratación, de que las palabras vacías tampoco formaban parte del menú. Bloom necesitaba juzgar la sinceridad de Cora, por encima de todo.

"Es una de las preguntas que necesité hacerme mientras pasaba por todo el proceso", indica Bloom. "Para mí, esto no solo se trataba de lo ocurrido en Houston. Sentía que, si bien esta vacante era algo que ninguno buscó; una vez que la teníamos, nuestra obligación era dar un paso atrás y, con una perspectiva nueva, mirar el panorama mayor y analizar quién era la persona apropiada para asumir este puesto, no sólo hoy o mañana, sino a largo plazo. Eso, obviamente, nos hizo analizar seriamente lo ocurrido en Houston. También analizar todo lo que eso pueda sugerir sobre quién es él".

"Sin embargo, era mi percepción muy fuerte que, en el caso de cualquier candidato, no sólo contratas las cualidades de la persona sobre las que conversas con él. Contratas a la persona en un todo, y tendrás una relación muy estrecha con esta persona. Contratarás todas sus fortalezas y debilidades, contratarás todas las cosas maravillosas que tienen y todas las peores, y lo tendrás todo. Así que, las personas que consideres [para el cargo], debes considerarlas como un todo. Sí, sus historias forman parte de ello. Y parte de ello es intentar evaluar quiénes serían para la organización en un futuro y para este puesto, y simplemente intentar sopesarlo todo. Así que, en el caso de Alex, hacer eso tuvo algunos aspectos distintos, en comparación al resto de candidatos que entrevistamos. Creí que era realmente importante, con todos quienes hablamos, poder conocer a la persona en un todo, como ser humano, como persona de béisbol, como líder, como socio, para así armar la imagen más completa posible".

Durante el transcurso de más de cinco horas, Cora pintó dicha imagen: lo que hizo, lo que había aprendido, por qué se sentía arrepentido y a dónde llevaría a los Red Sox. Bloom ya sabía bien el afecto que muchos seguían sintiendo por Cora dentro de la organización: su candidatura tuvo el visto bueno del dueño del equipo, al igual que de O'Halloran y los asistentes al gerente general Raquel Ferreira, Eddie Romero y Zack Scott. Ahora, después de esa conversación agotadora e intensa en San Juan, Bloom quedó convencido: percibió a Cora como alguien sincero y creíble.

"Se dice mucho de la habilidad técnica de Alex, y la forma cómo ve el juego y no hace falta decir que ambas cualidades son muy impresionantes", expresa Bloom. "A mi criterio, lo que más se destaca de él es su capacidad para liderar y motivar un grupo. Y una de las cosas que tienen en común los grandes mánagers con los que he trabajado es que sus relaciones son genuinas. Pueden conectar con las personas a su cargo. Las inspiran mediante la autenticidad de sus relaciones. Y tenemos tantos ejemplos de ello con Alex. Cuando él llega a conocerte, logra saber quién eres en tantos aspectos, y él porta su corazón en la mano. Y logra generar confianza, porque las relaciones son genuinas".

Bloom creía en el hombre. Y el 6 de noviembre de 2020, 297 días después de su despido, el mánager estaba de vuelta.


LO SIGUIENTE fue lo más fácil y lo más difícil que Cora debía hacer. Los Red Sox hicieron implosión durante la temporada jugada en medio de la pandemia, terminando con marca 24-36, ocupando el sótano de la División Este de la Liga Americana, con peor registro que los angustiados Baltimore Orioles. Cambiar la suerte de un club tan decepcionante (especialmente cuando sólo quedaban del equipo conducido por Cora en 2018 cuatro peloteros titulares, tres pitchers abridores y dos relevistas) era una tarea titánica.

Sin embargo, Cora vive para asumir retos de este tipo. Era un constructor. Forjó peloteros y forjó culturas. Ya lo había hecho en una ocasión con esta franquicia. Los Red Sox tuvieron marca 93-69 en 2017. Cesantearon al mánager John Farrell, contrataron a Cora, incluyeron a J.D. Martinez y Steve Pearce, para terminar la temporada con récord 108-54, enrumbados a alzar su cuarto título en 15 años. Ciertamente, Cora no era responsable de todo el valor agregado; sin embargo, entre su ágil toma de decisiones en los partidos y ese "no se qué" que aportaba en general, los Red Sox se transformaron en una potencia.

Al igual que con los Astros de 2017, la mancha de la infamia permite que los cínicos menosprecien sus éxitos, incluso a pesar de que la excelencia de la mayoría de los miembros clave del grupo no ha decaído tras las secuelas del suceso. Es el grueso collar de Mr. T que siempre cuelga sobre el cuello de Cora: pesado, agobiante e inamovible, que hace surgir la principal incógnita generada por su regreso al béisbol: ¿seguirá resonando la confianza en él dentro del clubhouse que una vez lideró, esa misma que perdió hace casi dos años entre comunidad del béisbol?

"Para mí, todo ese asunto fue difícil de creer, porque en 2018 nunca nos impuso algo así", afirmó Martínez. "Cuando lo dijeron, me pilló muy desprevenido. Pensé: '¿Qué ...? ¿Esto es lo que pasó de verdad?"

Así fue. Cora se lo dijo a todos quienes le preguntaron (tanto en el momento de lo sucedido y después de su regreso en 2021), porque cualquier otra afirmación en contrario habría quedado como una excusa; además, porque la verdad resultó ser terapéutica. Era su reingreso al juego, de vuelta a la construcción. Cora reclutó a Hernández con la promesa de jugar con regularidad, y Bloom negoció un pacto por dos años y $14 millones que termino siendo una de las mejores operaciones del inverno. Buscaron oro en el draft de Regla 5 y lo consiguieron con el diestro Garret Whitlock, relevista birlado a los New York Yankees y que se convirtió en su brazo más confiable en el bullpen.

La presencia de Cora hizo lo que siempre suele hacer: iluminar e informar, calmar y aplacar, motivar y alentar. Hurgó en las vidas de todos los miembros del clubhouse; no como ejercicio de intromisión, sino con curiosidad y comprensión. Frecuentemente, parte de la fórmula secreta de Cora es el entendimiento de que la vida personal y la profesional pueden solaparse, y un mánager que participa de ambas puede unir los puntos cuando una afecta a la otra.

"Está muy consciente de todo lo que sucede en la vida de todos", expresa Martínez, "lo que es, creo, lo más importante. Es comprensivo. Todos somos seres humanos. Eso hace mucho. No solo soy un montón de números sobre una hoja de papel. Soy una persona".

Alex Verdugo, el jardinero izquierdo que fue la pieza principal del canje sumamente impopular en Boston que despachó al outfielder estrella Mookie Betts a los Dodgers, gusta de ubicarse al lado de Cora; siempre encaramado en los escalones del dugout, observando el terreno, cuando está en el hoyo. Verdugo ha recogido pequeños bocadillos de sabiduría este año, más veces de las que puede recordar. Destaca un día particular este verano, y no tenía nada que ver con la pelota. En vez de recompensar a la presencia de Verdugo con conocimientos, Cora se acercó a él, para preguntarle: "¿Cómo está tu chica?"

Su novia estaba embarazada en ese momento, a punto de alumbrar a su primer hijo, un varón llamado A.J.

"Estaba simplemente concentrado, y él dijo eso", afirmó Verdugo. "Esos pequeños comentarios hacen mucho para mí. Te hacen sentir bien. A él le importa, ¿sabes?"

Todos dentro de la cueva de los Red Sox tienen historias similares con Cora. Si creyeran que era poco sincero, fraudulento, engañoso, no hablarían de Cora con semejante respeto. No habrían mantenido la confianza en sí mismos durante los altibajos de una temporada llena de inconsistencias. No habrían salido adelante en medio de uno de los peores brotes de COVID vistos en el mundo del béisbol desde el inicio de la pandemia, para mantenerse a flote en la pelea por el pase a los playoffs, sellar un boleto al comodín con una victoria por la vía de la remontada en el último día de la temporada regular, apalear a los Yankees en un encuentro decisivo y despachar en la Serie Divisional a los Tampa Bay Rays, dueños de 100 victorias en la campaña regular, para encontrarse aquí, con vida, aunque con una tarea titánica por asumir.

Cora también está consciente de la dificultad de dicho reto. El piloto, tan capaz de ubicar al lanzador correcto en el momento preciso, utilizó al abridor Nathan Eovaldi como relevista en el Juego 4. Sin embargo, le salió el tiro por la culata y dejaron al abridor Chris Sale un inning de más en el Juego 5. Perdieron ambos encuentros, concediendo su ventaja de dos juegos a uno. Incluso tras las consecuencias de decisiones que salieron mal, Cora se negó a enfadarse o pasar mucho tiempo inmerso en dudas. No basta haber llegado a estas instancias. Es cuestión de fe. Los Red Sox la derrocharon en él. Lo menos que puede hacer es devolver el favor a sus peloteros.


DONDEQUIERA QUE VAYAN fuera de Houston, los peloteros de los Astros son recibidos con un coro de abucheos, gritos, cánticos, palabrotas de grueso calibre y distintas muestras de rencor. La experiencia de Cora es diferente. Sólo una persona entiende por completo lo que han sido estos dos últimos años para él: A.J. Hinch, su exjefe y actual contemporáneo. Incluso antes del escándalo, ambos compartían una asombrosa cantidad de similitudes. Hinch tiene 47 años, Cora 46. Ambos fueron elegidos en la tercera ronda del draft de 1996. Ambos perdieron a sus padres a una edad joven. Ambos son considerados como personas altamente emotivas y de amplio intelecto beisbolístico. Ambos tienen hijas adolescentes. Sin embargo, lo que les entrelazó este último año, y casi con certeza lo hará por siempre, es intentar resolver cómo superar la indignidad que representa su participación en el mayor escándalo de trampas en el béisbol visto en un siglo.

"Eso es lo que ves en Alex actualmente", expresa Hinch, quien fue contratado como mánager de los Detroit Tigers menos de una semana después de concluida su suspensión. "La sinceridad. La emoción, la pasión, el factor de atención. Como profesional, como hombre, como líder. Decir que cometiste un error es sumamente poderoso. Y eso no se puede fingir".

Las lágrimas que brotaron de los ojos de Cora cuando abrazó a su hija Camila en el terreno tras la victoria en la Serie Divisional fueron sinceras. Algo con lo que puede identificarse cualquier persona que ha cometido un error e intenta no ser definido por él.

Quienes mejor conocen a Cora creen que éste ha emergido de estos dos años como mejor mánager y hombre, debido a un propósito más claro que va más allá de simplemente ganar títulos y juegos.

"Lo hace por la familia. Lo hace por su papá", expresa Joey. "Nuestro papá no tuvo la oportunidad de ser pelotero de Grandes Ligas. Pero nosotros sí. Y nuestro papá fue mánager, coach. Sin embargo, no tuvo la oportunidad de hacerlo al máximo nivel. Alex quiere hacerlo en su honor. Quiere hacerlo por mamá, sus hermanas, por mí, por su hija, por su hijo, por sus gemelos".

Así que ahora vuelve a Houston. Vuelve a encontrarse en el mismo lugar donde el hombre perdió su vista. Afirma que ahora ve las cosas con mayor claridad, entiende lo que realmente importa, que quiere ganar de la forma correcta, sin importar cuánto tiempo requiera para obligar a aquellas mentes que por largo tiempo lo han despreciado a que reconsideren esa idea de que, si eres tramposo una vez, siempre lo serás; y entiendan que no tienen razón. Convencerles de que el apellido Cora tiene más que ver con construir cosas que con golpear botes de basura.

Actualmente, eso es un deseo optimista. Pero la idea es noble. Salió de su cuarentena, volvió a asumir el protagonismo y está listo para hacer lo que mejor sabe hacer. Este hombre tiene un juego por dirigir.