El mito Ayrton Senna

Senna ganó las tres clasificaciones que llegó a correr en 1994, sin que un tal Schumacher -que tenía mejor auto- pudiera hacer nada. Getty

La primera reacción general, la incredulidad frente al espanto 26 años atrás, cuando el golpe seco contra el muro de Tamburello, debió haber sido subrayada como verdad absoluta. Sin más. Si era imposible creer que Ayrton Senna da Silva estaba muriendo sobre aquel Williams en el Gran Premio de San Marino, en Imola, para qué forzar el reconocimiento de lo que niegan los sentimientos.

La muerte trágica, el 1 de mayo de 1994, un día después de que en esa pista falleciera el novato austríaco Roland Ratzenberger, apuró la graduación de un mito en ciernes. Sin ser el máximo campeón ni el más ganador de la historia de la Fórmula Uno, Senna era venerado como un dios pagano, imperfecto y por eso más real que cualquier otro, a cada paso y en cualquier rincón del planeta.

Su vida fueron las carreras y el único interés, ganarlas. Adelantado a su época, cuidaba y revisaba cada detalle de su preparación y la del coche que le tocara manejar para arrinconar al azar, controlarlo todo, y darle libertad únicamente a la voluntad de Dios, a la que se entregaba manso pero con fervor. Senna hacía todo lo necesario para ganar y por eso no admitía perder.

LOS JUGUETES DE BECO
Antes que Ayrton fue Beco, el apodo familiar con el que lo identificaban en la casa del barrio Santana, en San Pablo, donde vivía con sus padres: Milton Guirado Theodoro da Silva y Neyde Senna. Nació temprano, tal vez en pole position, a las 2.45 del 21 de marzo de 1960. Tuvo dos hermanos, Viviane y Leonardo.

El primer vehículo motorizado fue un karting que Milton le construyó con un motor de tres caballos de potencia sacado de una cortadora de césped. Beco, que lo usó desde los cuatro hasta los nueve años, lo hacía llegar sin problemas a 60 kilómetros por hora. A los ocho años logró que su padre atendiera sus ruegos y lo llevara a probar en un kartódromo. Sin embargo, llovía tanto que Milton no quería dejarlo girar. Al borde del llanto, Ayrton consiguió el permiso para dar unas vueltas. Se divirtió a lo grande y asombró con el control que tenía de aquel cochecito en una pista que parecía enjabonada.

En 1973, el primer día de julio, corrió por primera vez oficialmente en karting. Ganó de punta a punta en el kartódromo de Interlagos. Fue campeón brasileño desde 1978 hasta 1981, logró el título paulista en 1974 y 1976 y se anotó el sudamericano en 1977 y 1978. Sin embargo, nunca pudo ganar el mundial: fue subcampeón en 1979 y 1980.

DA SILVA TOCA LA PUERTA
Con el dinero que ganaba en karting, intentó llegar a Inglaterra, que en aquellos años era la mejor puerta para entrar a la Fórmula Uno. Otro corredor brasileño, Chico Serra, lo recomendó a Ralph Firman (padre del piloto homónimo) para el equipo Van Diemen de Fórmula Ford 1600, colaboró como ocasional traductor y lo indujo a componer su nombre para que sonara mejor: sería Ayrton Senna. En 1981, Ayrton estaba casado con Lilian de Vasconcellos Souza, amiga de la infancia, a quien le había propuesto matrimonio en una cama de hotel y desposó dos meses después del primer beso.

De las 20 carreras de aquel año, Ayrton ganó una docena y llegó segundo en cinco. Fue campeón. Sin embargo, la joven pareja volvió a Brasil. El sólo pensaba en autos y ella no se acomodaba a la vida en Inglaterra. Senna dijo que dejaría de correr, pero la decisión cambió en San Pablo, al año siguiente. Volvió solo a Inglaterra para competir en Fórmula Ford 2000. En mayo llamó a Lilian, que estaba en la casa de sus padres, y le dijo que se divorciaría.

En 1982, Senna triunfó en 16 de las 20 pruebas del certamen inglés de Fórmula Ford 2000 y ganó cinco de las ocho carreras del europeo. El salto a la Fórmula 3 Británica, en 1983, no fue menos exitoso: con 12 victorias en 21 carreras, se aseguró el título en la última, cuando derrotó a Martín Brundle en Thruxton.

En abril de ese año, en Donington Park, Frank Williams le había dado la posibilidad de manejar un Fórmula 1 por primera vez. Aunque perplejo por los tiempos de Ayrton y sospechando que estaba delante de un talento incomparable, Williams no se animó a contratarlo. Recién pudo hacerlo en 1994 y, vaya parábola, Senna hizo tres poles y se mató a la tercera carrera sin haber ganado jamás con un auto del inglés.

SENNA SE ABRE PASO
Beco firmó con Toleman para debutar en Fórmula Uno en 1984. En su quinto Gran Premio, en Mónaco, apabulló a sus rivales bajo el agua. La carrera fue cortada después de 31 vueltas, con Alain Prost en la punta y haciendo señas desesperadas de que no era posible manejar con seguridad en esas calles inundadas. Senna estaba alcanzándolo y a punto de exponerlo al ridículo. El director de la carrera era el expiloto belga Jacky Ickx, hombre cercano a TAG, la marca asociada a McLaren, el coche en el que corría el francés.

De sus tres años en Lotus, del 85 al 87, se recuerda su debut victorioso (con primera pole position incluida), el 21 de abril de 1985, en Estoril, Portugal, y con lluvia. En la media docena de triunfos conseguidos en esas temporadas, sobresale otro de 1985, en Bélgica, donde el agua resaltaba el manejo de Senna y disimulaba las ventajas mecánicas que daba su auto.

El pase a McLaren sirvió para formar una de las duplas más fuertes de la historia del automovilismo: Senna y Alain Prost., en el equipo con los mejores autos de la grilla. En 1988, el primer año, ganaron 15 de las 16 carreras y se escapó el Gran Premio de Italia cuando el sudamericano ganaba y fue tocado por el Williams de Jean-Louis Schlesser a quien Senna estaba sacándole una vuelta. Ayrton se coronó en Japón, el 30 de octubre, cuando protagonizó una de las remontadas más espectaculares que se recuerden, luego de haber quedado 19° en el primer giro luego de una falla en la partida desde la pole.

La relación quebrada con Prost luego de caballerescos pactos rotos (en la segunda largada de San Marino 89, Senna superó al francés en la primera vuelta pese a que habían acordado no hacerlo) alcanzó la definición de 1989. El brasileño necesitaba una victoria en Japón para estirar la definición: intentó superar a Prost en la chicana, los McLaren se tocaron, Prost abandonó y Senna, con la trompa rota, fue empujado por los auxiliares. Cruzó primero la meta pero Jean-Marie Balestre, máxima autoridad del automovilismo mundial en aquel momento, francés y amigo de Prost, lo excluyó de la carrera. Prost fue campeón, Senna ni siquiera subió al podio.

Un año después, otra vez en Suzuka, enfrentado a Prost también con la marca (el francés había pasado a Ferrari), Senna exhibió algunas miserias que agrandaron su dimensión. Haber tirado de un topetazo a su rival en la primera curva mostró que el talento sobrenatural al volante era también un hombre con rabia, ambición de revancha y rencor por el robo que consideraba había sido el campeonato de 1989.

El Gran Premio de Brasil de 1991 fue una hazaña a domicilio. En Interlagos, el autódromo paulistano en el que había empezado a manejar en serio en tiempos de karting, ganó con la caja del McLaren respondiendo sólo en una marcha. En Japón, la definición: Nigel Mansell no aguantó detrás del McLaren, hizo un trompo y quedó enterrado en la arena. Senna corrió hasta ganarle a su compañero y amigo Gerhard Berger, pero le devolvió el triunfo y lo dejó ganar cuando enfilaban por la recta principal hacia el banderazo.

Superado ampliamente por el desarrollo técnico de Williams, el poderío de McLaren decreció y el talento de Senna era capaz del milagro de ganar carreras y enhebrar poles con vueltas mágicas, pero no pudo pelear los títulos. A fines de 1993, acordó su llegada a Williams luego del retiro de Prost, cuyo contrato tenía una cláusula que impedía al equipo contratar al brasileño.

Las tres pole positions en sus únicos tres Grandes Premios con Williams son un apunte estadístico. Un tal Michael Schumacher, con aquel Benetton B194 ampliamente superior al Williams, no pudo ganarle una. La primera pole que el alemán anotó en su carrera fue en la competencia siguiente al accidente de Senna en Imola.

Las crónicas de mayo de 1994 apuntan que Ayrton Senna embistió el paredón de la curva Tamburello, posiblemente por la rotura de la barra de dirección del Williams, y su cerebro -aplastado por un brazo de suspensión que entró por el visor del casco- dejó de funcionar inmediatamente. Su corazón paró horas más tarde, en una clínica de Bolonia. Nadie que haya visto correr a Senna puede creerlo. Es mejor así.