La carrera eterna entre el atletismo y la NFL

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¿Están haciendo los Steelers movimientos deseperados en la temporada baja? (2:40)

El análisis de los movimientos de temporada baja de los Steelers. (2:40)

A lo largo de la historia ha quedado claro que la velocidad no es suficiente para triunfar en la liga, aunque existen excepciones


Tyreek Hill, receptor estelar de los Miami Dolphins y uno de los hombres más rápidos que ha pisado el emparrillado, volvió a encender las redes con un reto que capturó la imaginación del mundo deportivo. Esta vez, su objetivo fue Noah Lyles, campeón mundial y medallista olímpico en los 100 metros planos. El reto era claro, una carrera de 50 yardas y la sede aún más simbólica, Times Square, en el corazón de Nueva York.

Pero el duelo no se concretó, Noah Lyles canceló por motivos personales y con ello se pospuso lo que pudo haber sido otro capítulo en una historia que lleva décadas escribiéndose: la conexión entre el atletismo olímpico y la NFL.

El debate no es nuevo, desde los años 60 los hombres más veloces del mundo han probado suerte --y algunos alcanzaron la gloria-- en la liga más física del deporte profesional estadounidense. No se trata solo de velocidad, sino de adaptabilidad, de entender rutas, esquemas, bloqueos, impactos. Algunos lo entendieron, otros simplemente no sobrevivieron al golpe de realidad.

El caso más emblemático sigue siendo Bob Hayes, medallista de oro en los 100 metros planos y en el relevo 4x100 en los Juegos Olímpicos de Tokio 1964. Apodado 'Bullet Bob', fue reclutado por los Dallas Cowboys y no solo se convirtió en una amenaza constante como receptor profundo, sino que también ganó el Super Bowl VI. Su legado lo llevó al Salón de la Fama y hasta la fecha es el único atleta en tener una medalla de oro olímpica en los 100 metros planos y un lugar en Canton, Ohio.

La década de los 80 trajo una oleada de talento del atletismo a la NFL con Willie Gault, parte del equipo olímpico de 1980 que no compitió por el boicot en los Juegos Olímpicos de Moscú, quien fue pieza clave en el equipo campeón de los Chicago Bears de 1985. Renaldo Nehemiah, entonces poseedor del récord mundial en 110 metros con vallas, firmó con los San Francisco 49ers sin haber jugado fútbol americano universitario y aunque su carrera fue breve demostró que el respeto se gana más allá de la pista.

Ron Brown, James Jett y Michael Bates también hicieron la transición, con distintos niveles de éxito.

Después de Barcelona 1992, James Jett ganó el oro como parte del relevo 4x100m y luego se convirtió en un receptor confiable para los Raiders durante casi una década.

Michael Bates, bronce en los 200 metros, se reinventó como especialista en regresos de patada en la NFL, incluso siendo elegido All-Pro. En un caso inverso, Herschel Walker, ya establecido como corredor en la NFL, representó a Estados Unidos en los Juegos Olímpicos de Invierno como parte del equipo de bobsled.

En años recientes, la figura de Marquise Goodwin ha mantenido viva la dualidad entre NFL y el olimpismo. Finalista en salto largo en Londres 2012, también ha tenido una carrera sólida como receptor con los Buffalo Bills, San Francisco 49ers y Philadelphia Eagles. Más recientemente, Devon Allen, finalista olímpico en los 110 metros con vallas, firmó con los Eagles, buscando un lugar en la liga.

Y aunque Tyreek Hill no es un atleta olímpico, tuvo una carrera destacada como velocista universitario. Tyreek Hill logró hacer la transición del atletismo a la NFL y en el camino ya tiene en su historial un anillo de Super Bowl y múltiples apariciones en el Pro Bowl.

De todos estos atletas, solo Bob Hayes ha alcanzado el triple podio: medalla olímpica, campeonato de Super Bowl y entrada al Salón de la Fama. Willie Gault y Tyreek Hill pueden presumir anillos de campeón, mientras que otros, como Jett o Bates, se destacaron en equipos especiales, pero no lograron la consagración colectiva.

El reto de Tyreek Hill a Noah Lyles no es solo un juego mediático, es el eco moderno de una historia que combina ambición, talento y valentía, porque si bien muchos pueden correr en línea recta más rápido que nadie, pocos han sabido traducir esa explosividad en recorrido preciso de rutas, recepciones bajo presión y touchdowns frente a rivales que llegan a pesar 120 kilos (265 libras).

¿La NFL necesita a los velocistas olímpicos?

Tal vez.

¿Los velocistas necesitan la NFL?

Solo si están dispuestos a pelear cada yarda como si fuera la línea de meta.