El primer conquistador de América

ESPN

El 13 de Julio de 2014, las puertas del mítico Maracaná se abrieron para dar paso a 80 mil eufóricos aficionados, que ávidamente se ubicaron en sus asientos para presenciar la Gran Final de la Copa del Mundo de Brasil. Los anfitriones del magno evento soñaban con ver a la verde-amarela sobre la grama del histórico recinto de Río de Janeiro, pero la Nationalmannschaft les pasó por encima en el encuentro semifinal, propinándoles un 7-1 catastrófico en el estadio Mineirao de Belo Horizonte, resultado que hasta el día de hoy representa la mayor vergüenza futbolística en la historia del pentacampeón.

La Alemania de Joachim Löw tenía enfrente a un viejo conocido: la Selección Nacional de Argentina con la que ya había protagonizado dos finales mundialistas, por cierto, consecutivas. Los albicelestes levantaron la Copa en México 1986, con un jugador que rayaba en la divinidad de su juego, por aquello de la mano de Dios, pero cuatro años más tarde, en la Eterna Roma, los siempre mentales, disciplinados y mecanizados alemanes consiguieron batir a Diego Armando Maradona y compañía con un penal magistralmente ejecutado por Andreas Brehme. Por lo tanto, la cita en Río iba a romper, sí o sí, la paridad de victorias por bando y marcaría una supremacía ante el quizá ya odiado rival.

Europeos y sudamericanos lograron imponerse como líderes de sus respectivos grupos con gran facilidad, aunque los pamperos lo hicieron con un puntaje perfecto al conseguir las tres victorias de la primera fase. En Octavos de Final, ambas escuadras tuvieron que emplearse mucho más a fondo para derrotar a sus respectivos oponentes, y lo hicieron coincidentemente hasta después del tiempo regular. André Schürrle y Mesut Özil marcaron por los teutones para romper la paridad imperante hasta la prórroga ante una sorprendente Argelia que todavía logró marcar el gol del descuento antes del silbatazo final. Del otro lado, en Porto Alegre, una genialidad del “fideo” Ángel Di María dejó en la lona a la Suiza de Granit Xhaka y Xherdan Shaqiri cuando todos nos frotábamos las manos para observar la definición desde los once pasos.

No menos difíciles fueron los Cuartos de Final. En duelo de vecinos, alemanes y franceses se enfrascaron en una batalla sin cuartel que fue sentenciada por un tempranero cabezazo de Mats Hummels, catapultando al equipo del este del río Sarre a la antesala de la Gran Final. Por su parte, el “Pipíta” Higuaín se convirtió en el peso sobre la balanza que inclinó el marcador a favor de la escuadra argentina, ganando por la mínima a una Bélgica que tuvo en sus jugadores a unos auténticos “Diablos Rojos” que estuvieron muy cerca de vengarse de algunas cuentas pendientes del pasado.

Con el ya referido “Mineirazo”, Alemania se instalaba en su octava final de su historia. Sin embargo, a diferencia de los pupilos de Löw, los dirigidos por Alejandro Sabella sufrieron en extremo para sellar su pase al último partido del Mundial. Y es que los holandeses de Louis Van Gaal llegaron a la semifinal con toda la intención de, al menos, repetir en el encuentro por el título tal y como había ocurrido cuatro años antes en Sudáfrica. La gran calidad que seguían exhibiendo jugadores como Sneijder, Van Persie, Robben y Kuyt fueron una durísima prueba que los sudamericanos lograron sortear hasta la tanda de penales en la que Maxi Rodríguez marcó el tiro decisivo ante la meta de Jasper Cillessen.

Llegaba pues, la cita con el destino. Un día como hoy hace seis años, Alemania y Argentina se enfrentaron por la supremacía del planeta. Recuerdo un partido sumamente intenso en el que Löw perdió en el calentamiento a Sami Khedira, teniendo que poner en su lugar a Christoph Kramer, quien al cumplirse la primera media hora del partido, sufrió una ligera conmoción cerebral que lo marginaría del resto del encuentro. La oportunidad más clara que tuvieron los alemanes fue un testarazo de Benedikt Höwedes que pegó en el poste izquierdo de la portería del “Chiquito” Romero. Y nada más. En cambio, los argentinos fallaron a diestra y siniestra desperdiciando clarísimas oportunidades que tuvieron en sus botines Ezequiel Lavezzi, Gonzalo Higuaín y Lionel Messi, al que le quedó grande la camisa número 10 albiceleste que en otros tiempos ganaba, casi por sí misma, no sólo partidos sino campeonatos.

El héroe del partido fue un chico que recién había cumplido 22 años de edad poco más de un mes antes. A la Final le restaban 3 minutos para llegar a los 90 reglamentarios. El técnico alemán, al ver que Miroslav Klose, el recientemente convertido máximo goleador en la historia de los mundiales estaba fundido, decide meter al campo de juego a Mario Götze. El cero a cero obligaba a la prórroga. Y cuando se jugaba el minuto 7 del segundo tiempo extra, André Schürrle, quien había ingresado por el conmocionado Kramer, saca un centro por la izquierda y sin pensarlo dos veces, el entonces jugador del Borussia Dortmund y nacido en Memmingen, Baviera, ejecuta una media tijera y previo control con el pecho sin dejar caer el balón, le paga con la zurda para firmar un golazo con el que la Mannschaft obtuvo su cuarta Copa del Mundo de la FIFA.

Sin duda, tenía que haberse marcado un gol de ese calibre para que de esa forma y por primera vez en la historia, una nación de Europa conquistara al fin, futbolísticamente hablando, a un continente que se negaba a ser vencido con un balón de por medio. Y ese país fue Alemania, el Primer Conquistador de América.