Rosario Central despidió a uno de sus máximos referentes con un homenaje a la altura de su legado. Miguel Ángel Russo falleció a los 69 años y el club de Arroyito, su casa deportiva y emocional, le dedicó un mensaje sentido, en forma de video, en sus redes sociales.
La pieza, emocionante, resumió lo que sienten miles de hinchas: gratitud, respeto y amor por un hombre que dejó una huella imborrable.
Una historia de amor con el Canalla
Desde 1997, el nombre de Russo quedó grabado para siempre en la historia de Rosario Central. Su primera llegada marcó el inicio de un vínculo que trascendió los resultados. Con trabajo, humildad y una identidad de club que supo hacer propia, convirtió cada paso por Arroyito en una historia de pertenencia.
El Gigante fue su escenario y también su casa. "Miguelo" no solo fue entrenador: fue un símbolo. Supo ser piloto en las tormentas más difíciles y conductor de los días más felices. Su figura se mantuvo firme, como la de un guía que entendía la esencia del club.
Cinco etapas, una sola identidad
Russo dirigió a Rosario Central en cinco ciclos diferentes: 1997-1998, 2002-2004, 2009, 2012-2014 y 2022-2024. Esa continuidad en el tiempo lo convirtió en el segundo técnico con más partidos en la historia del club. En cada regreso, el sentimiento fue el mismo: la gente lo esperaba como a uno de los suyos.
En 2009, en medio de una situación crítica, logró la permanencia en Primera tras superar a Belgrano en la promoción. Cuatro años después, fue el arquitecto del regreso: el ascenso de 2013 con un equipo sólido y una campaña memorable que incluyó 12 victorias consecutivas. Aquella temporada devolvió a Central al lugar que le correspondía.
El dominio en los Clásicos rosarinos
Si hay un terreno en el que Miguel Ángel Russo alcanzó la inmortalidad, fue en los Clásicos ante Newell’s. En sus doce enfrentamientos como entrenador canalla, nunca conoció la derrota: siete victorias y cinco empates. Una marca que pocos pueden igualar y que alimentó su condición de leyenda.
El recorrido comenzó con el recordado 4-0 del "Día del Abandono" en 1997, cuando el partido se suspendió porque Newell’s se quedó con seis jugadores. Y se cerró con el "Malcorrazo" de 2024, ese tiro libre que coronó su última alegría frente al eterno rival. Un comienzo y un final dignos de una historia perfecta.
El título que cerró el círculo
Aunque su idolatría no dependía de un trofeo, la Copa de la Liga 2023 fue la consagración simbólica de una carrera de amor y coherencia. Rosario Central venció 1-0 a Platense en Santiago del Estero y sumó una nueva estrella a su escudo. “La gloria no tiene precio”, había dicho Miguel días antes de la final. Y tenía razón: aquella conquista fue el broche de oro a un recorrido que ya era inolvidable.
El Gigante, su casa para siempre
Cada regreso de Russo al Gigante de Arroyito fue un reencuentro de emociones. En noviembre de 2024, ya como entrenador de San Lorenzo, fue recibido con una ovación unánime. “Que de la mano de Miguel Russo, todos la vuelta vamos a dar”, cantó la multitud. Fue su manera de agradecerle una vida dedicada al club.
Meses después, en septiembre de 2025, volvería a pisar el Gigante al frente de Boca Juniors. Había estado internado en los días previos, pero su deseo era estar ahí. Cuando la voz del estadio pronunció su nombre, el público se puso de pie. Era su última tarde en Arroyito, y también una declaración de amor mutuo.
El legado de un hombre de fútbol
Miguel Ángel Russo fue mucho más que un entrenador: fue un constructor de equipos, de vínculos y de valores. En Rosario Central dejó una enseñanza de lealtad y trabajo, una manera de vivir el fútbol con nobleza y pasión.
Su partida deja un vacío imposible de llenar, pero su legado permanecerá en cada rincón del Gigante. Desde 1997 y para siempre, el Canalla y Miguel Russo estarán unidos por una misma historia.
