¿Puede Bareiro ofrecer soluciones a un Boca tan falto de rumbo?

Adam Bareiro llegó por la mañana del viernes a Buenos Aires para sellar su regreso al fútbol argentino, y esa misma tarde se dirigió a la Bombonera para ver en acción a su nuevo equipo, Boca, en nada menos que un clásico ante Racing, por la sexta fecha del Torneo Apertura 2026.

El empate sin goles que vio entrada la noche, mate en mano desde el palco, debió ilustrar por qué el Xeneize lo fue a buscar. Pero también le debe haber generado serias dudas sobre qué es lo que podría hacer un delantero de sus características para mejorar a un equipo tan apático, tan perdido en su rumbo, tan desaprobado por sus propios hinchas.

El planteo inicial del entrenador Claudio Ubeda ciertamente no ayudó. Se trató de un partido dominado por la narrativa alrededor de la previa identificación del DT con la Academia, del que fue capitán campeón y luego técnico en más de un ciclo, así como también de la reciente eliminación en el Clausura anterior, en la cual los simpatizantes lo responsabilizaron por sus decisiones en el transcurso del encuentro.

Es posible que estas ideas hayan dado vueltas en la cabeza del Sifón cuando decidió salir a jugar un clásico que podía resultar clave para su continuidad con una línea de cuatro mediocampistas, todos de contención, detrás de un Miguel Merentiel que aún está recuperándose de su lesión muscular de principios de año y un Edinson Cavani que volvió a la titularidad tras cinco meses. Y la falta de creatividad que se intuía en ese esquema se confirmó en la cancha, al verse un cuadro que cedió la pelota y la iniciativa, aunque también confiado que su contrincante tampoco iba a destacar por su voracidad.

El resultado fue un partido sumamente chato, trabado, que fastidió al hincha Xeneize. 27 faltas, 7 amarillas, apenas 2 tiros entre los tres palos, ninguno de ellos de los de Ubeda. Merentiel y Cavani quedaron aislados, a la merced de una pelota suelta para comandar contraataques que ellos mismos se encargaban de ralentizar y permitir que la línea defensiva de Racing se reacomode. Y así despertar murmullos en las plateas de la Bombonera.

La máxima expresión de desaprobación de las tribunas llegó a 10 minutos del final, cuando el DT decidió sustituir al capitán local, que fue despedido, junto a Williams Alarcón, con estridentes silbidos. En su lugar ingresaron varios de los jugadores surgidos en Boca Predio que fueron ganando minutos en el inicio del año, como Iker Zufiaurre, Gonzalo Gelini y Tomás Aranda, que dieron lo mejor que tenían por cambiar la tónica, pero la tendencia ya era irreversible.

¿Es este entonces el destino que le espera a Bareiro? ¿Un equipo constantemente al filo de la tensión, de máxima exigencia pero lejísimos de satisfacerla? ¿Donde apenas pueda participar si, con suerte, puede conectar algún centro lejano de sus compañeros? Si algo sugieren las declaraciones de Ubeda, que se mostró conforme con la actitud de sus dirigidos y con el orden táctico, es que las señales de cambio aún no se vislumbran.

Quienes mantengan recuerdos de su mejor etapa en San Lorenzo se aferrarán a esa esperanza. Quienes le achaquen esos 567 minutos en River sin goles, en un plantel que le pedía más que solo definir, serán más pesimistas. Lo cierto es que los inconvenientes futbolísticos de Boca van mucho más allá del aporte de la demarcación del delantero, y no parece haber una salida segura.