Martín Palermo respira fútbol. En el marco de los 25 años de SportsCenter, el máximo goleador de la historia de Boca se sentó con Diego Monroig para un repaso íntimo de su vida, su carrera y su presente. “Cuando te querés acordar decís: qué rápido pasó todo”, admitió sobre el recorrido que lo llevó del arco a convertirse en goleador e ídolo eterno del Xeneize.
Un arquero que terminó siendo goleador inspirado por Jordan
Palermo nació en una familia marcada por el deporte. Su padre jugaba al básquet y era arquero; su hermano, también. Él siguió ese camino: “A los 6 años yo era arquero. Tengo fotos atajando en un arco de 11 que me quedaba inmenso”. Pero el destino marcó otra cosa. Tras un año y medio bajo los tres palos y pasos por el básquet y el vóley, a los 11 comenzó su carrera en Estudiantes, ya como delantero. Esos deportes lo marcaron: “El vóley y el básquet me ayudaron mucho. Muchas técnicas y movimientos los usé en mi carrera. Jordan es el número uno para mí”. Lo que sí tenía claro era que su vida estaría siempre ligada al deporte: “Siempre iba a ser algo de esto”.
Los inicios: un arquero que terminó siendo goleador inspirado por Jordan
Palermo nació en una familia marcada por el deporte. Su padre jugaba al básquet y era arquero; su hermano, también. Él siguió ese camino: “A los 6 años yo era arquero. Tengo fotos atajando en un arco de 11 que me quedaba inmenso”. Pero el destino marcó otra cosa. Tras un año y medio bajo los tres palos y pasos por el básquet y el vóley, a los 11 comenzó su carrera en Estudiantes, ya como delantero. Esos deportes lo marcaron: “El vóley y el básquet me ayudaron mucho. Muchas técnicas y movimientos los usé en mi carrera. Jordan es el número uno para mí”. Lo que sí tenía claro era que su vida estaría siempre ligada al deporte: “Siempre iba a ser algo de esto”.
El salto a Boca y la fuerza del carácter
Desde chico vivió etapas duras en Estudiantes. Eso lo preparó para el desafío que cambiaría su vida: Boca. “Era llegar a un mundo donde estaban Diego, Caniggia, Latorre… ver cómo lo iba a enfrentar. Tenía ese grado de locura que se necesitaba”. Y sí: el mundo Boca existe. Para Palermo, es una forma de vida que traspasa fronteras: “Los pasillos, los empleados, el hincha incondicional… se vive distinto. Hasta en Europa aparecían hinchas con la camiseta de Boca. En Islandia, por ejemplo. Esa pasión te envuelve”.
Las lesiones, el dolor y la resurrección
Palermo no esquiva los momentos difíciles. Sus tres lesiones graves le sacaron más de un año y medio de carrera. “No sé cuántos goles hubiera hecho… pero si no hubiesen pasado esas cosas, no hubiera vivido lo que viví”.
La frustración por no haber ido a Lazio quedó atrás con un momento inolvidable: su regreso ante River en la Copa Libertadores. “No me reprocho nada, viví cosas increíbles”. Maradona: el llamado que lo marcó para siempre Diego Maradona apareció como una figura clave en su carrera. “Diego me dio la chance de vivir el Mundial desde adentro.Entrar con Grecia, hacer el gol y que mi familia estuviera ahí… ¿Qué más podía pedir?”. El vínculo fue único: “No sé si se lo dije, pero él sabía lo que yo sentía. Siempre estuvo presente”. El instante más fuerte fue cuando Maradona lo llamó para citarlo al Mundial 2010: “Uno agarra el teléfono y del otro lado está Diego… Me dijo: ‘Vos te lo merecés’. Fue especial”. Aunque le quedó la ambición máxima: “Me hubiera gustado ganar la Copa del Mundo. Pero el fútbol me dio todo. No me falta nada”.
Los técnicos que lo formaron
Palermo recuerda a los entrenadores que lo moldearon: “La escuela de Estudiantes inspirada en Bilardo, que me hubiese gustado tenerlo de técnico; Bianchi en Boca; Coco; Diego; Bielsa. Todos me dejaron cosas que hoy aplico. Soy obsesivo y exigente, con ciertas modalidades de ellos, pero siendo yo”.
Amistades, goles y la huella eterna
De todos sus compañeros, destaca a los mellizos Barros Schelotto —“de odiarnos a ser amigos”— y al Pato Abbondanzieri. Y también su camada del ‘73 en Estudiantes, con la que aún se junta: “Eso es el fútbol”. Tampoco se olvidó de aquellos que lo ayudaron a marcar tantos goles. “Fueron muchos, tanto Guillermo, como Román, Palacios, el Chelo… En Estudiantes con Adrián Paz, el primer centro que me tiraron y el gol de cabeza contra Tucumán fue mi primer gol en primera… después con Calderón en Estudiantes…”. Y claro, aparece la cúspide de su carrera: los dos goles al Real Madrid en la Intercontinental 2000.
“Fue cerrar un ciclo. Lo que logramos con Carlos (Bianchi) y ese plantel fue increíble. Es lo que me marcó y me metió para siempre en el corazón del hincha”.
