Cuenta regresiva, a 21 días: Arthur Friedenreich, el primer crack brasileño

Friedenreich fue campeón con Brasil en 1919 y 1922 AP

Pelé, Maradona, Di Stefano, Cruyff, Messi… Póngalos en el orden que quiera. Lo cierto es que esos nombres siempre están presentes a la hora de comenzar a debatir sobre una discusión apasionante y eterna: ¿quién fue el mejor jugador de fútbol de la historia?

Hay uno que no suele formar parte de la lista, pero que para muchos estuvo a la altura de los más grandes: Arthur Friedenreich. Fue Rey antes que Pelé, aunque por el nombre y el apellido se lo puede emparentar más con una ciudad europea que con San Pablo, el lugar en el que nació.

Hijo de padre alemán y una lavandera negra hija de esclavos, marcó un antes y un después en la historia del fútbol de Brasil. Es que en esos tiempos, allá por comienzos del siglo 20, el deporte más popular del mundo estaba dando los primeros pasos.

La “pelota” formaba parte de un grupo de elite, que discriminaba a los jugadores de color y a los mulatos, como Friedenreich. Pero con un talento natural nunca visto hasta ese momento, el Tigre o el Enamorado de América, como se lo conocía, comenzó a escribir su propia historia.

En 1909 debutó en el club Germania: era un nueve de área que no sólo se cansaba de hacer goles, sino que tenía mucha habilidad, un pique corto sorprendente y le pegaba al balón con precisión asombrosa y con las dos piernas, tanto que era difícil determinar si era zurdo o diestro.

Cuenta la leyenda que para poder jugar al fútbol y evitar la separación que sufrían los negros, Friedenreich se maquillaba la cara con polvo de arroz, y hasta se ponía en la cabeza una fina tela de red con el fin de tapar la frondosa cabellera.

En 1919, cuando la Copa América todavía no había nacido como tal (se llamaba Campeonato Sudamericano), "Fried" se consagró con un golazo de volea en la final ante Uruguay, que le terminó dando a la Verdeamarelha el primer título internacional de su historia.

El partido había terminado empatado en el tiempo reglamentario, y el árbitro decidió jugar dos alargues de 30 minutos cada uno: Friedenreich quebró la paridad en el minuto 122 de juego, y con merecimiento fue elegido el mejor futbolista de la Copa. Cuentan que ese logro fue un hito dentro del deporte brasileño, al punto que a partir de ese momento el fútbol se convirtió en una verdadera pasión de masas.

En 1922, volvió a coronarse en el Campeonato Sudamericano. Por esos años jugaba en el club Paulistano, pero más tarde pasaría por Atlético Mineiro, Santo y San Pablo, entre otros.

No hay registros oficiales que lo confirmen, pero algunas estadísticas indican que marcó 1.329 goles en 1.239 partidos. Sí, más que Pelé. Difícil de comprobar, ya que se perdieron muchos de los registros de esos tiempos. Sí se sabe con certeza que jugó durante 26 años, y que se retiró a los 43, en 1935, vistiendo los colores del Flamengo.

Murió a los 77 años en San Pablo, en la humilde casa que le habían regalado. A pesar del paso del tiempo, no faltan quienes lo recuerdan como el Rey del Fútbol. Un pionero al que muchos, incluso, ponen a la altura de Pelé.