La espina de Lionel Messi se llama Selección Argentina

SALVADOR (Enviado especial) -- Trabaja de lo que le gusta y se mantiene en la elite hace más de una década. Es reconocido por compañeros, rivales y todo el mundo del fútbol. Le escapa a las polémicas, es la imagen preferida de las marcas y el ídolo de los niños. Es joven, talentoso, tiene una hermosa familia, vive en un gran lugar y garantizó el futuro de varias generaciones.

Lo que consiguió en su carrera fue gracias a una capacidad descomunal, pero también por un tremendo sentido de competitividad. Lionel Messi no se durmió en los laureles, siempre buscó la perfección. La disputa mano a mano con otro monstruo como Cristiano Ronaldo lo elevó. Así mejoró en la ejecución de tiros libres y en otras facetas de juego.

A priori, su vida parece tocada por la varita mágica. Sin embargo, nadie escapa a las cuentas pendientes ni a mirar la mitad vacía del vaso. Y en el caso de Leo, la espina se llama Selección.

Muchos todavía se preguntan por qué sigue asistiendo al llamado de Argentina. La respuesta es clara: los Balones de Oro, las Champions, los trofeos de La Liga o de la Copa del Rey no atenúan el profundo deseo de ganar un título importante con la celeste y blanca. Una chance que se escapó en tres finales consecutivas. La más dolorosa, sin dudas, el 13 de julio de 2014 en el mismísimo Maracaná, frente a Alemania.

Aunque la paternidad le modificó el mapa de prioridades, todavía sufre mucho con las derrotas. Y aunque puede que se tome su tiempo para digerirlas y se llame a silencio, últimamente cuando abre la boca deja títulos destacados. En entrevistas recientes, el 10 de Barcelona aseguró: “La vida se trata de tropezar, volver a levantarse y luchar por los sueños”. Si Messi siente que debe hacerlo, ¿qué le queda al resto de los mortales?

Lo que ocurre es que el contexto de Argentina no colabora mucho con su causa. Se repite hasta el cansancio que no se ve al mismo Messi en Barcelona que en la Selección. Los motivos son más que evidentes: distintos compañeros, menos tiempo de trabajo, rotación sistemática de entrenadores, desorganización dirigencial y una mochila demasiado pesada para una sola persona. Al capitán se le pide que patee los córners y que también los cabecee.

Por otra parte, la tendencia argentina a generar dicotomías privó a muchos de disfrutar la magia de La Pulga. A Messi le piden que sea Maradona y si por temperamento, actitudes, frases o títulos no lo consigue, se le cae con fiereza. Serán unos pocos, es cierto, pero con voz fuerte como para que la crítica sea escuchada. Hasta llegó a oídos del pequeño Thiago: “¿Por qué te matan en Argentina, papi?”.

La derrota en la definición de la Copa América de Chile acentuó el enojo. Al plantel se lo trató de fracasado y a Messi como el líder de “un club de amigos”. Se rompió la unión entre hinchas y jugadores del Mundial 2014 y la nueva caída en la Copa América Centenario de Estados Unidos no hizo otra cosa más que acentuar esa grieta.

La Copa América 2019 se presenta como una nueva oportunidad. Toca volver a Brasil, donde la Albiceleste acarició la gloria máxima, la que hubiera puesto fin a muchos cuestionamientos. Donde Lionel dice haberse sentido más feliz, con la conducción de Alejandro Sabella.

El presente de Argentina es totalmente diferente al de aquel subcampeonato. Lionel Scaloni asumió como técnico interino luego de la salida de Jorge Sampaoli y meses después fue ratificado hasta el certamen continental. El plantel entró en un proceso importante de renovación, con una camada de chicos jóvenes con pocos partidos representando al país. Aunque se trate de verlo como “uno más”, Messi es el guía, el camino a seguir, acompañado de otros referentes como Otamendi, Di María y Agüero.

La experiencia en Rusia 2018 no fue nada gratificante. Desde la angustiosa clasificación, en unas Eliminatorias con tres técnicos diferentes, hasta roces en la convivencia y una temprana despedida a manos del campeón Francia. En palabras del propio Messi, “un Mundial atípico”. Fue un punto de inflexión, la señal de que se necesitaba cambiar. Lo que debe entenderse, sobre todo en un ambiente tan exitista como el argentino, es que es una utopía ver resultados de la noche a la mañana.

¿Puede cortarse la racha de 26 años sin vueltas olímpicas? Argentina podrá ser candidata por historia o por tener al mejor del mundo, no por lo que muestra en la cancha. Todavía no tiene una línea de juego definida ni sociedades futbolísticas aceitadas que inviten a soñar. Pero claro, tiene a Messi. El que quiere volver a levantarse y luchar por sus sueños. Una luz de esperanza al final del túnel.