Rosario Central vs. Corinthians: el recuerdo de una serie que dejó huella en una generación canalla

Cuando el sorteo de los octavos de final emparejó a Rosario Central y Corinthians, la memoria viajó inevitablemente hasta el año 2000. Aquella vez, el equipo dirigido por Edgardo Bauza estuvo a un paso de eliminar a uno de los gigantes de Brasil, pero terminó despidiéndose por penales después de una serie intensa, equilibrada y todavía muy recordada en Arroyito. Veintiséis años después, la Libertadores 2026 vuelve a cruzarlos.

Cada cruce copero carga con sus propias historias. Algunas se construyen a partir de grandes victorias. Otras, de derrotas que el tiempo no termina de borrar, aunque esa tristeza no remita necesariamente al dolor.

Para buena parte del mundo canalla, Corinthians remite inevitablemente a una de esas noches que todavía sobreviven en la memoria colectiva, y que a su vez alimentaron el hambre de triunfos para lo que vendría después.

Pasaron 26 años, pero la eliminación de la Libertadores 2000 sigue ocupando un lugar especial en el recuerdo auriazul. No porque haya sido una final ni porque aquel equipo haya levantado una copa. Más bien por lo contrario: porque dejó la sensación de haber estado a la altura de cualquiera y, aun así, quedarse afuera por detalles mínimos.

Fue uno de los mejores equipos del ciclo de Edgardo "el Patón" Bauza. También uno de los que ayudó a reinstalar a Rosario Central en el mapa continental, un proceso que tendría continuidad al año siguiente con otra gran campaña copera.

Rosario Central y un plantel que volvió a mirar hacia Sudamérica

A fines de los años noventa y comienzos de los 2000, Central atravesó un gran momento. Bauza había construido un equipo competitivo, intenso y con personalidad. A la Libertadores 2000 se clasificó como el mejor equipo en la sumatoria de los torneos Apertura 1998, Clausura 1999 y Apertura 1999.

Ese plantel contaba con el olfato goleador de Juan Antonio Pizzi, el talento en Ezequiel González y una estructura colectiva que le permitía discutirles los partidos a rivales mucho más poderosos desde lo económico y lo mediático.

La Libertadores de 2000 aparecía como una gran oportunidad para conocer cuál era el techo de aquel equipo.

En la fase de grupos, el equipo rosarino ganó 2 partidos, empató 3 y sufrió una sola derrota: fue segundo, detrás de América de Cali, de Colombia, y con buena ventaja sobre Sporting Cristal, de Perú, y Atlético Colegiales, de Paraguay.

La conformación de los cruces, sin embargo, no ofreció concesiones. Del otro lado estaría Corinthians, uno de los gigantes brasileños de la época, que venía de ganar el Grupo 3. En su plantel reunía a Dida, Vampeta, Ricardinho, Marcelinho Carioca, Edílson y Luizão, nombres que explicaban por qué muchos lo señalaban como candidato al título.

Una ventaja inicial que terminó siendo demasiado corta

El partido de ida se disputó el 3 de mayo en el Gigante de Arroyito, que estuvo colmado de hinchas del Canalla.

Central jugó uno de sus mejores partidos de aquella edición. Pizzi fue la figura de la noche y el local fue superior a un rival de enorme jerarquía.

Los goles del propio Pizzi, Pablo Cappelletti y Daniel Maceratesi construyeron una ventaja de 3-1 que permitía soñar con la clasificación a cuartos de final.

Sin embargo, cuando el partido se apagaba, apareció Luizão. El delantero descontó en tiempo agregado y dejó el resultado 3-2.

En ese momento pareció apenas una anécdota. Sin embargo, aquel tanto adquiriría otra dimensión. Central había sido superior durante gran parte del encuentro, pero se iba a San Pablo con una diferencia mucho menor a la que había conseguido en el desarrollo del juego.

“El pecado del equipo de Bauza fue no haberlo liquidado por cifras más amplias para ir al Pacaembú de San Pablo con mayor tranquilidad. Los jugadores se quedaron sin piernas y sufrieron el segundo gol cuando el tiempo de descuento se consumía. Corinthians aprovechó el bajón rival, se agrandó y perdió por ventaja mínima”, describió la revista El Gráfico.

El Pacaembú y una eliminación con un gusto extraño

La revancha, disputada el 9 de mayo, confirmó el carácter de aquel equipo de Central. Lejos de especular, el equipo argentino salió a competir.

Corinthians golpeó primero, con un gol de Luizão, la figura de la serie, pero los rosarinos reaccionaron. Pizzi volvió a convertir, con un tremendo derechazo luego de un córner.

Durante varios pasajes de la noche, la clasificación parecía posible. Sobre todo, cuando a los 30 segundos del complemento, Raúl Gordillo llegó hasta el fondo, enganchó hacia dentro y soltó un exquisito remate cruzado que puso el 2-1.

Con dos golazos, que mostraron el potencial paulista dentro del área, Edilson puso el 2-2 y Luizão, el 3-2, la cifra con el que terminaría el juego, para un magnífico y abultado 5-5 en el global.

Los penales: de la ilusión a la desazón

En aquel tiempo, después de los 90 minutos, si la balanza estaba equilibrada, no había suplementario. Iban directamente a los penales. Y Central volvió a ilusionarse. Pero el arquero Dida y el goleador Luizão les amargaron la noche.

Ricardinho y Marcos Senna anotaron los dos primeros disparos para Corinthians, que arrancó pateando primero. Pizzi y Canals también sacudieron la red. Estaban 2-2 desde los 11 pasos. Y llegó la gran ilusión. Edú Gaspar la tiró encima del travesaño y Germán Rivarola puso a los dirigidos por el Patón Bauza 3-2 arriba.

Sin embargo, Luizão empató 3-3 en el cuarto remate brasileño e hizo girar la serie. En la acción siguiente, el arquero brasileño le contuvo su remate a Ezequiel González, uno de los futbolistas más talentosos de aquel plantel: el arquero sacó con las dos manos un fortísimo derechazo sobre el poste izquierdo.

Estaban 4-4 y quedaba un penal para cada uno. A cara o cruz. Marcelinho Carioca acertó el suyo y Gordillo, quien había encendido la ilusión anotando un gol clave en el Pacembú, soltó un misil de zurda que se fue al costado del poste derecho.

La clasificación había quedado en manos de Corinthians.

Aunque la estadística indica que Central cayó por penales (4-3) y quedó eliminado en octavos de final, la sensación que dejó aquella serie fue bastante más compleja.

“Central cayó como un grande. Tuvo determinación y valentía, pero careció de la capacidad de definición necesaria para liquidar la serie”, afirmó la revista El Gráfico.

El Canalla nunca pareció inferior. Porque discutió la serie de igual a igual contra uno de los mejores equipos del continente. Porque tuvo momentos de dominio tanto en Rosario como en San Pablo. Y porque la diferencia terminó reducida a detalles tan pequeños como aquel descuento de Luizão en el Gigante o un penal atajado por Dida.

Quizás por eso la serie siguió viva en la memoria canalla. No por la eliminación en sí misma, sino porque dejó la sensación de que Central había estado a la altura de uno de los mejores equipos del continente y que la diferencia entre avanzar o quedarse afuera había sido mínima.

La explicación terminó llegando muy rápido. Apenas un año después, prácticamente la misma base del plantel protagonizaría una campaña memorable.

Lo que vino después de aquel Rosario Central vs. Corinthians: un Canalla que llegaría lejos

La historia suele recordar las eliminaciones por lo que impiden, pero a veces conviene observar lo que revelan. La serie frente a Corinthians fue también una muestra del nivel que había alcanzado Rosario Central en aquellos años. No se trató de una actuación aislada. El tiempo se encargaría de demostrarlo.

Apenas una temporada más tarde, el equipo rosarino volvió a protagonizar una gran campaña continental y alcanzó las semifinales de la Copa Libertadores 2001. Aquella vez eliminó a rivales de peso y quedó entre los cuatro mejores equipos de América, ratificando que el ciclo de Bauza había logrado instalar al club en la conversación continental.

Por eso la eliminación de 2000 resulta tan significativa. No fue el fracaso de un equipo que sorprendió una vez. Fue la frustración de un proyecto que estaba preparado para competir en serio y que, por muy poco, no logró avanzar.

Mirado desde la distancia, aquel Central merece probablemente un lugar más destacado en la memoria. No consiguió llegar a una final, pero durante dos temporadas consecutivas discutió de igual a igual con algunos de los mejores equipos del continente y construyó una identidad reconocible, algo que no siempre ocurre.

Un mano a mano que se reedita: la historia se repite un cuarto de siglo más tarde

En 1975, con un formato distinto, Central accedió a semifinales con Carlos Timoteo Griguol como entrenador y figuras de la talla del legendario Mario Kempes, goleador del Mundial 1978. También había nombres como Mario y Daniel Killer, Carlos Aimar y Eduardo Solari.

En 2001, al año siguiente de la eliminación con Corinthians, el Canalla volvió a las “semis”, en las que fue eliminado por penales por Cruz Azul de México. Pizzi y Rafael Maceratesi conformaban una delantera implacable.

Por supuesto, el fútbol sudamericano tiene la costumbre de recuperar viejos capítulos cuando ya parecen archivados. Veintiséis años después de aquella serie de 2000, Rosario Central y Corinthians volverán a encontrarse en una instancia eliminatoria de la Libertadores.

Los protagonistas son otros. Los entrenadores también. Incluso el fútbol sudamericano es muy diferente al de aquellos años. Pero algunas historias conservan la capacidad de reaparecer cuando menos se las espera.

En Arroyito todavía hay hinchas que recuerdan aquella serie de 2000 como una oportunidad que se escapó por muy poco. No porque haya terminado en una tragedia deportiva ni porque haya frustrado una generación. Más bien porque representó algo distinto: la confirmación de que Rosario Central podía competir de igual a igual con cualquiera en Sudamérica.

Veintiséis años después, los caminos de Rosario Central y Corinthians vuelven a cruzarse. Ya no son protagonistas Pizzi ni el Patón Bauza. Tampoco, Dida o Luizão. Pero en Arroyito todavía sobreviven los recuerdos de una serie que

terminó en eliminación y, al mismo tiempo, ayudó a convencer a toda una generación de hinchas de que Rosario Central podía discutirles la Copa a los gigantes del continente.