Estudiantes de La Plata es uno de esos equipos que nunca pasan inadvertidos en la CONMEBOL Libertadores 2026. Puede atravesar altibajos en el torneo local, pero para las grandes citas sabe encontrar la manera de dar su mejor versión y, una vez que eso ocurre, no parece haber ningún rival al que no pueda vencer. De la mano de su buen fútbol pero también de esa historia ganadora, el León se esperanza con volver a besar su trofeo favorito por primera vez desde 2009.
Con un prócer del club como Juan Sebastián Verón en la presidencia, Estudiantes sostiene un proyecto futbolístico serio que respalda con resultados, como manda la tradición Pincha. Dentro de un fútbol argentino muy competitivo, conquistó al menos un título por año de 2023 a 2025 y, en un escenario donde todo parece ser efímero, es uno de los que siempre aparecen en las etapas de definición.
Después de una participación desabrida en 2024, cuando quedó eliminado en la fase de grupos, Estudiantes recuperó su competitividad el año pasado al llegar a cuartos de final, instancia en la que recién cayó en la definición por penales ante Flamengo, que luego se consagraría campeón.
Este año, el Pincha volvió a meterse entre los cuatro mejores de América, algo que no conseguía desde 2009, tras superar a Corinthians en una serie dramática: empató 1-1 en La Plata y se impuso 1-0 en Brasil, con un golazo de Pucho Castro. En la última jugada, Memphis Depay tuvo la oportunidad de llevar la definición a los penales, pero falló su remate desde los doce pasos. Ahora, el equipo argentino volverá a cruzarse con el Mengao en busca de una revancha por la eliminación de 2025.
Al oficio de Estudiantes de La Plata se sumó la jerarquía
Una de las fortalezas de Estudiantes es entender que hay momentos concretos para abrir la billetera y dar el salto de calidad en busca de un objetivo concreto, mientras en otros clubes se desaprovechan oportunidades o se dilapidan millones en refuerzos con mucho nombre pero sin garantías de rendimiento. En ese camino se inscribe el regreso en agosto de Joaquín Correa, a quien el Pincha repatrió desde Botafogo para contar con él en la instancia decisiva de la Libertadores.
Más de una década después de su partida a Europa para jugar inicialmente en Sampdoria, el Correa que regresó al club platense es un jugador que no se limita a su rol de mediapunta y que vuelca al equipo todo lo aprendido en sus años en Inter y en el seleccionado argentino. Y como es mucho más fácil integrarse a una estructura que funciona en lugar de llegar como salvador, ya pudo mostrar en la serie de octavos de final contra Universidad Católica todo lo que puede aportar, incluido un gol clave en la revancha en Santiago.
Ese plantel equilibrado es el que permite también no dejar grietas cuando se producen las inevitables partidas. Así, cuando el Ruso Santiago Ascacíbar decidió emigrar a Boca, surgió desde las divisiones juveniles para ocupar su lugar y disimular esa ausencia Mikel Amondarain. Y cuando un año después, ya consolidado, llegó por él la irresistible oferta de 12 millones de dólares de Bologna, el club incorporó a Baltasar Rodríguez, que se integró desde Racing sin problemas.
Del olfato goleador en ofensiva de Guido Carrillo -otro oportunamente repatriado- a lo que aporta la férrea dupla de centrales que conforman Santiago Núñez y Tomás Palacios, pasando por el despliegue inteligente de Gonzalo Piovi, Alexis Castro y Joaquín Tobio Burgos en el mediocampo, Estudiantes suma intérpretes que lo hacen un equipo con entendimiento táctico y calidad individual en proporciones similares.
A esa búsqueda de jerarquía para afrontar los desafíos decisivos también se sumó la llegada de Marcos Rojo, quien aparece como una alternativa para cubrir las bajas de Leandro González Pírez y Tomás Palacios, ambos suspendidos por acumulación de tarjetas amarillas. Su incorporación le aporta al Pincha un defensor con experiencia internacional y un profundo conocimiento del club, justo en el tramo más exigente de la Copa Libertadores.
En el banco, un recambio sin drama
Incluso dentro de esa confianza intrínseca de su fortaleza que suelen mostrar los hinchas de Estudiantes, la noticia en febrero de este año de la salida de Eduardo Domínguez para dirigir en Brasil a Atlético Mineiro estremeció a muchos. Su ciclo no fue uno más: con cinco títulos en tres años (Copa Argentina 2023, Copa de la Liga y Trofeo de Campeones 2024, y Clausura y Trofeo de Campeones 2025), se convirtió en el segundo técnico más ganador de la historia del club, sólo detrás de lo que consiguió el prócer Osvaldo Zubeldía en la segunda mitad de la década de 1960.
La llegada del uruguayo Alexander Medina como su reemplazante fue mirada inevitablemente con algo de desconfianza. El Cacique venía de una experiencia no demasiado venturosa en Talleres de Córdoba y en Estudiantes las urgencias no permitían un tropezón.
Pero así como los futbolistas consiguen afianzar su nivel cuando la estructura funciona, en el caso de Medina se verificó algo similar. Se potenciaron las virtudes del DT como gran motivador, mientras cualquier efecto no deseado de su estilo visceral quedaba disimulado detrás de un equipo que tenía claras las cosas dentro del campo de juego. Así, pasó a ser una pieza más para que el rompecabezas se integrara en un mecanismo virtuoso.
La recuperación de Muslera en Estudiantes de La Plata
Las buenas actuaciones en Estudiantes llevaron a Fernando Muslera a recuperar la titularidad en el arco de Uruguay en la primera mitad de 2026. Pero después de su pésima experiencia en el Mundial, cuando le tocó con sus errores ser responsable de la eliminación de la Celeste en la fase de grupos, las dudas merodeaban acerca del nivel que mostraría en el León. Más todavía cuando una desinteligencia con Ramiro Funes Mori propició el segundo gol de Independiente en la caída 2-0 por el torneo local, en uno de los primeros partidos tras su regreso.
Apareció entonces lo mejor de Estudiantes. El apoyo de la gente a su arquero fue clave para apuntalarlo desde lo anímico y permitir que volviera a mostrar esas grandes condiciones que lo hicieron uno de los mejores arqueros de la última época en Sudamérica. Así, Muslera volvió a ser desde el fondo uno de los pilares de la solidez del Pincha.
Estudiantes de La Plata pisa fuerte en la Libertadores
De la mano de Zubeldía, un innovador del fútbol argentino que había mostrado su capacidad como DT en Atlanta y terminó de explotar en Estudiantes, el León consiguió en el Metropolitano 1967 el primer título en la era profesional de un equipo no considerado entre los cinco más poderosos del fútbol argentino (Boca, River, Independiente, Racing y San Lorenzo). Llevó después su grandeza al nivel internacional y entre 1968 y 1970 se transformó en el primer tricampeón de América, además de escribir en 1968 uno de los capítulos más gloriosos de la historia del fútbol argentino al ganarle la Copa Intercontinental a Manchester United en Old Trafford.
Muchas veces infravalorado, Estudiantes de La Plata es uno de los grandes ganadores de la Libertadores, con la misma cantidad de coronaciones que otros gigantes del continente como River y Flamengo, el más laureado de Brasil.
Tuvo que transpirar mucho para clasificarse a octavos de final y lo logró en un triunfo extremo contra Independiente Medellín, gracias a un gol de Amondarain. Fue sobre la hora y después de tres cabezazos en el área tras un córner, todo con el sello histórico de Estudiantes. También tuvo que sufrir contra Universidad Católica, pero después de padecer el agónico empate de los chilenos en La Plata, reaccionó sin titubeos en Santiago y goleó 3-0 para meterse entre los ocho mejores.
En cuartos de final volvió a demostrar su carácter ante el Timao: tras el 1-1 en La Plata, se impuso 1-0 en Brasil con un golazo de Pucho Castro y resistió hasta el final, cuando Memphis Depay falló un penal en la última jugada y le impidió al conjunto brasileño llevar la serie a la definición desde los doce pasos.
Con algunas angustias pero también con temperamento y buen fútbol, como manda su forma de ser, Estudiantes sigue en el torneo más importante de América. Le toca competir con uno de los equipos más poderosos del continente en lo económico, pero ya nadie lo menosprecia.
Puertas adentro y afuera, todos saben que entre los cuatro elegidos que todavía pelean por el título hay un equipo con una grandeza que ninguna billetera puede comprar.
