¿Puede un campeón del mundo tener objetivos por cumplir? Desde ya. Sobre todo uno que no sabe qué es aquello de dormirse en los laureles, como Leandro Paredes. Que, más allá de los dos títulos locales que logró en su primera etapa en Boca Juniors y de otros en su paso por el fútbol europeo, le falta todavía alcanzar una consagración a nivel internacional a nivel de clubes, algo que se le negó tercamente a lo largo de su brillante carrera. Esa posibilidad estará al alcance de la mano en la final de la Copa Sudamericana (en vivo por el Plan Premium de Disney+) el 21 de noviembre en Barranquilla ante Atlético Mineiro. Un partido que esta vez lo encontrará, a diferencia de aquellos títulos lejanos en el ceneize cuando era un juvenil, en un papel central.
Por cosas del fútbol pero, sobre todo, de las urgencias de los equipos grandes, antes de que su enorme talento terminara de hacer pie en la primera de Boca cruzó el Atlántico. Aunque hasta entonces jugaba como enganche, se corrió al lugar de volante central y desde ahí devino en imprescindible primero en Roma y después en todos los clubes en que le tocó jugar. También en la Selección Argentina, donde Lionel Messi encontró en él un jugador que hablaba en su mismo idioma con la pelota en los pies.
Pudo haberse quedado con ser uno de los integrantes de esa orgullosa Scaloneta que llevó a Argentina otra vez a la pelea más grande, con un campeonato y un subcampeonato del mundo, además de la conquista de dos Copas América. Pero Paredes no se conformó con eso. En 2025, después de once temporadas y media en Europa y todavía en plenitud a sus 31 años, decidió regresar a Boca. Para dar vuelta como una media a un equipo que no encontraba el rumbo y, un año después, llevarlo a las puertas del primer título continental desde 2008.
“Voy a dar el máximo por este club. Será devolver un poco de todo lo que me dio Boca. Maduré mucho como jugador y persona. Soy otro, porque sumé experiencia y espero darle más cosas a Boca”, dijo Paredes en la conferencia de prensa en que se anunció su regreso el año pasado. Con el tiempo, demostró con el cuerpo dentro del campo de juego que no había pronunciado esas palabras porque sí, y se transformó en el emblema del plantel que llevó al xeneize a jugar una nueva final continental.
Paredes y aquella gloria temprana con Boca
Tenía apenas 17 años cuando participó por primera vez de una campaña de campeón con Boca. Fue en el Apertura 2011 e ingresó como suplente en dos partidos: victoria 3-1 en la Bombonera contra Atlético de Rafaela por la 13° fecha, en la que jugó un tiempo entero; y en la jornada siguiente una igualdad sin goles frente a Vélez en Liniers, cuando entró apenas por un minuto. En la 17° fecha, sin Paredes entre los convocados, Boca goleó 3-0 a Banfield como local y se aseguró una nueva estrella.
En el semestre siguiente, también cumplió un papel de reparto en una nueva coronación, aunque con un momento de especial relevancia. El entonces DT del equipo, Julio Falcioni, lo mandó al campo de juego en lugar de Lucas Viatri en el cierre del partido que Boca igualó 1-1 contra Rosario Central por los cuartos de final de la Copa Argentina. Después le asignó una responsabilidad importante, sobre todo para un chico que todavía no había cumplido los 18: le dio a patear el cuarto penal de la definición. Con la frialdad de un veterano y como un anticipo de la efectividad que tendría en su carrera en esas instancias decisivas, Lea esperó que el arquero se moviera y con un tiro suave al medio del arco aportó su tanto para la victoria 4-2. Poco después Boca consiguió el título y Paredes, por aquel entonces utilizado como enganche, amplió así ese palmarés recién inaugurado.
Pudo sumar algunos partidos más en los torneos siguientes y hasta sus primeros goles, incluido un doblete para vencer 3-1 a San Lorenzo en la Bombonera por el Torneo Inicial 2012. Pero lo que ya no hubo fueron nuevos títulos para él, en un Boca que recién sumó vueltas olímpicas en 2015, con el campeonato de Primera División y la Copa Argentina. Para aquel entonces, Paredes ya había partido hacia nuevos rumbos.
Paredes, las copas rebeldes y esta Sudamericana
Resulta difícil de creer que en su extenso paso por Europa no haya podido consagrarse a nivel internacional. Sobre todo porque le tocó vestir la camiseta de grandes clubes como PSG (de 2018 a 2022) y Juventus (en la temporada 2022/23). En PSG, por caso, llegó a integrar un plantel en el que jugaban los que probablemente eran los tres mejores jugadores del mundo por entonces: Lionel Messi, Kylian Mbappé y Neymar. Pero era una época en que al equipo parisino, que fronteras adentro ganaba las competiciones al trote, la gloria a nivel continental le era esquiva una y otra vez. Y así, sin mucha lógica, Paredes llegó hasta 2025 con once títulos locales -diez con PSG y uno en la liga rusa con Zenit- pero ninguno internacional.
La historia fue totalmente distinta con el seleccionado argentino, en el que debutó en 2017 con Jorge Sampaoli como DT, que después no lo convocaría a aquel Mundial de Rusia con una actuación poco decorosa de la Albiceleste. Ya en 2019, Lionel Scaloni lo sumó al equipo y se transformó desde la mitad del campo en uno de los pilares del ciclo, que comenzó a tomar forma con el tercer puesto en el torneo continental de ese año en Brasil. Después fue parte de los tres títulos internacionales más importantes del equipo, con las Copas Américas 2021 y 2024 (aportó la asistencia a Lautaro Martínez para el 1-0 en la final ante Colombia) y, sobre todo, el Mundial 2022, en el que entre otras cosas convirtió su penal en la definición ante Francia.
Por eso no deja de resultar algo extraño que se hable de asignaturas pendientes para alguien que a nivel profesional ya llegó a lo máximo que puede aspirar un futbolista. Pero también es cierto que aquello fue con su seleccionado y Paredes sabe más que nadie que sería bien distinto hacerlo con la camiseta de Boca, la que vistió desde que era un chico. Esa azul y oro que le generó un amor tan grande como para dejar Europa cuando todavía tenía la posibilidad de jugar allí unos años más. La que lo hizo arriesgar el físico en la semifinal contra Vasco da Gama al jugar en el Maracaná once días después de haber tenido un desgarro, y coronar ese acto de arrojo con el gol que definió la serie. La misma por la que dejará todo en Colombia el 21 de noviembre, para tratar de sacarse la espina y darle al club su primer título continental desde 2008.
