Cambios de Óscar Ramírez dejaron muchas dudas; la afición le tiró a la junta directiva una vez más
Lo que parecía una noche más de dominio rojinegro en la Copa Centroamericana, terminó convirtiéndose en un trago amargo para Liga Deportiva Alajuelense.
El bicampeón del área cayó 1 - 2 ante Plaza Amador de Panamá en el Estadio Morera Soto y, con ello, vio cómo su histórico invicto de más de dos años en el certamen se desvanecía.
Los manudos arrancaron con el peso de su etiqueta: invictos, bicampeones, favoritos. Y aunque lograron golpear primero con un cabezazo certero de Jonathan Moya al 39’, el juego se fue complicando con el paso de los minutos.
El tanto de Moya, tras centro de Jeison Lucumí, vino acompañado de un festejo desafiante que encendió la tensión en las gradas: el delantero mandó a callar a su propia afición. Un gesto que se hizo más pesado cuando la Liga comenzó a dejar escapar el partido.
El cuadro panameño, lejos de achicarse, aprovechó los errores manudos. Al 73’, Yoameth Murillo firmó el empate tras un pésimo pase de Aarón Salazar que desencadenó un contragolpe letal. El silencio que Moya pidió, terminó siendo real en las gradas tras ese gol.
Y cuando parecía que todo quedaba en un mal empate, llegó el mazazo final: Everardo Rose aprovechó una desconcentración en tiempo de reposición y firmó el 2-1 definitivo al 90+4’. Un golpe letal que no solo le dio los tres puntos al Plaza Amador, sino que marcó la primera vez en la historia que un club panameño derrota a Alajuelense en el Morera Soto.
La derrota no solo significó el fin del invicto rojinegro en el torneo, también dejó tocado a un equipo que deberá remar cuesta arriba. Ahora, el próximo desafío será en Nicaragua ante Managua FC, donde la consigna será clara: ganar o complicarse desde temprano en la fase de grupos.
El invicto murió. Y con él, parte del aura con el que la Liga llegaba a este nuevo reto internacional.
