Debate polémico: Walter Quesada señala al VAR "salvavidas" del arbitraje tico

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Tras la polémica del último Clásico, el analista analiza el VAR en Costa Rica: criterios, trazado de líneas, etc

La conversación alrededor del VAR en el fútbol costarricense volvió a subir de temperatura. Y no precisamente por una jugada aislada: el último Clásico —con Benjamín Pineda y Keylor Herrera involucrados dentro del equipo arbitral— dejó acciones que reactivaron el debate nacional y, otra vez, la misma pregunta: ¿por qué con VAR seguimos discutiendo lo básico?

Para Walter Quesada, exárbitro costarricense, el problema no es solo “si fue o no fue” en una jugada puntual. Es más profundo: criterios inconsistentes, exceso de permisividad en cancha, y una comunicación tardía (o inexistente) que deja la polémica viva durante días.

“No hay forma de poner la polémica a un lado… pero es importante que los que están alrededor del fútbol entiendan por qué a veces no se sanciona, por qué sí y por qué se equivocan aún existiendo el VAR”, explicó Quesada.

“El VAR se volvió salvavidas… pero el arbitraje sigue fallando”

Quesada fue directo: el VAR es una herramienta clave, pero delicada. Y en Costa Rica, muchas veces se usa como excusa para maquillar el error, no para elevar el estándar.

“El VAR es parte esencial del arbitraje. Entonces el arbitraje sigue equivocándose. Es un salvavidas, sí… pero los árbitros siguen siendo malos si dependen de eso”, afirmó.

En su análisis, el exárbitro insiste en una idea que se repite en los estadios y en las cabinas: cuando el VAR entra tarde, cuando los audios aparecen martes o miércoles, o cuando la Comisión no fija postura rápido, el daño ya está hecho.

“Antes de cada jornada, o después de cada fecha, debería existir el criterio de la Comisión. No importa si los audios se liberan luego: decir ‘están equivocados’ elimina el 90% del ruido, porque el aficionado aprende”, señaló.

El “VAR light” y el trazado de líneas: el foco que no se apaga

Uno de los puntos que más lo incomoda es el trazado de líneas: decisiones milimétricas que, cuando se explican mal (o no se explican), alimentan la desconfianza.

“Ese trazado de líneas a veces deja demasiado que desear… y eso también deja un VAR light”, lanzó, en referencia a la sensación de una herramienta a medias.

El otro gran problema: confundir “dejar jugar” con “dejar patear”

Más allá de la tecnología, Quesada pone el zoom en cancha: la mala interpretación de la fluidez. Para él, el árbitro tico a veces “compra” la idea de dejar correr el juego, pero termina permitiendo gestos, protestas y faltas que calientan el partido.

“Dejar jugar, darle fluidez, no es dejar volar patadas. Si amonestás a tiempo, se termina la mala crianza… de cualquiera”, advirtió.

Y ahí mete un punto que los que han estado cerca de una línea de banda entienden perfecto: la amarilla, bien usada, no es para lucirse; es para apagar incendios.

En jugadas de alto impacto —especialmente en clásicos—, Quesada sostiene que el VAR debe actuar con personalidad: si hay posible penal, posible roja o un contacto determinante, el llamado tiene que existir.

“Si te llaman por una cosita, por Dios… para un posible penal con más razón. Dejá ese chicharrón: vaya y vea usted”, ejemplificó.

En su lectura, la polémica crece cuando se percibe que el VAR corrige detalles (una amarilla) pero no interviene en lo determinante (un penal). Ahí el mensaje para el aficionado es devastador: “¿Entonces para qué está?”

La propuesta de Quesada: transparencia y preparación:

El exárbitro plantea dos salidas claras:

  1. Criterio oficial inmediato tras cada fecha (aunque los audios salgan después).

  2. Planificación real del partido: no llegar a “improvisar” al camerino. Preparar el juego desde antes, anticipar escenarios, entender el contexto emocional del fútbol tico.

“Planeen el juego. No lleguen a un partido como si fuera cualquiera. Clásico es clásico”, remató.

Y dejó una reflexión que conecta con el momento actual: la polémica no se apaga solo con tecnología; se apaga con autoridad, coherencia y explicación.