Los históricos referentes de Costa Rica y México comienzan una nueva etapa con el desafío de trasladar su legado a la dirección técnica
Durante años fueron dos rostros imposibles de separar de sus selecciones.
Rafael Márquez con la camiseta de México. Bryan Ruiz con la de Costa Rica.
Capitanes, mundialistas, referentes de dos generaciones y futbolistas acostumbrados a cargar buena parte de las expectativas de sus países.
El fútbol, tantos años después, decidió volver a colocarlos ahí.
Solo que ahora la cancha se observa desde otro lugar.
Márquez y Ruiz atraviesan prácticamente al mismo tiempo sus primeros partidos como entrenadores de las selecciones mayores de México y Costa Rica, una particular coincidencia entre dos de los grandes referentes que produjo Concacaf durante este siglo.
Uno ya tiene un proyecto de cuatro años por delante.
El otro llegó para apagar un incendio y todavía no sabe si permanecerá después del domingo.
Pero ambos volvieron a ponerse el escudo de su país en el pecho.
Del brazalete a la pizarra
Rafael Márquez fue presentado oficialmente el pasado 10 de septiembre como entrenador de México y encargado de conducir el nuevo proceso hacia el Mundial de 2030.
No llegó de improviso.
El histórico defensor venía trabajando como asistente de Javier Aguirre y la propia Federación Mexicana describió su nombramiento como la continuidad de un proyecto que comenzó durante el ciclo anterior.
Antes también había comenzado desde abajo.
Márquez trabajó en categorías formativas en España y posteriormente dirigió al Barça Atlètic antes de incorporarse al cuerpo técnico de la selección mexicana.
Su debut con México llegó el 26 de septiembre ante Colombia.
Dos días después, a miles de kilómetros de distancia, Costa Rica anunciaba que otro de los futbolistas más representativos de la región tendría que asumir una responsabilidad similar.
La salida de Fernando Batista dejó a La Sele sin entrenador a falta de dos partidos de Nations League y la Federación recurrió a Bryan Ruiz.
Su estreno llegó ante Nicaragua.
Ganó 3-0.
Y de repente, dos hombres que durante años estuvieron acostumbrados a resolver problemas dentro de la cancha comenzaron casi simultáneamente a intentar resolverlos desde afuera.
Bryan mira el camino de Rafa
Ruiz fue consultado precisamente sobre esa coincidencia.
Y antes de hablar de Márquez hizo una separación que considera fundamental entre sus dos vidas.
“Siempre lo he dicho: que uno haya sido un buen jugador no le garantiza que vaya a ser buen entrenador”.
Por eso insiste tanto en prepararse.
Bryan dirigió la Sub-17 de Alajuelense, fue asistente de Óscar Ramírez y Alexandre Guimarães, acumula tres temporadas trabajando con la Sub-20 rojinegra y próximamente comenzará en España un curso UEFA para continuar su formación.
Incluso reconoció que anteriormente tuvo posibilidades de asumir equipos de Primera División, pero prefirió rechazarlas.
“No me sentía listo”.
Ahora el fútbol lo llevó directamente al banquillo de Costa Rica.
“Creo que he ido quemando etapas, me sigo preparando. Veremos si seremos buenos entrenadores o no”, reflexionó.
Con Márquez encuentra algunas similitudes.
“Creo que igual él se ha preparado también”, dijo Bryan ante consulta de ESPN sobre Márquez.
Pero inmediatamente reconoció una diferencia gigantesca: dirigir a México significa convivir con una presión difícil de comparar dentro de la región.
“Dirige a una selección que creo que mediáticamente es de más presión", añadió a este portal.
Ruiz también destacó la experiencia acumulada por el mexicano durante una carrera extraordinaria.
“Es un jugador que jugó en los mejores equipos del mundo, que jugó, me parece, cinco Mundiales. Entonces tiene mucha experiencia en esto y eso creo que también le va a ayudar”.
Y volvió a la palabra que considera indispensable.
Prepararse.
“Estoy seguro de que es un entrenador que se ha preparado también y que le llega la oportunidad en un momento en el que está preparado”.
Dos símbolos de una época
Sus historias como futbolistas fueron diferentes, pero compartieron escenario durante buena parte de sus carreras internacionales.
Márquez alcanzó una dimensión mundial con el FC Barcelona y disputó cinco Copas del Mundo con México.
Bryan se convirtió en uno de los grandes referentes de la mejor generación mundialista de Costa Rica, aquella que alcanzó los cuartos de final de Brasil 2014. FIFA todavía lo recuerda como uno de los protagonistas de aquella histórica selección costarricense.
Durante años representaron también dos escalones importantes dentro de la jerarquía futbolística de Concacaf.
México acostumbrado a vivir con la obligación de dominar la región.
Costa Rica empeñada en desafiarla.
Ahora ninguno puede entrar a resolver un partido.
No pueden pedir la pelota, acomodar al equipo desde dentro o utilizar el brazalete para hablarle a un compañero.
Ahora toca decidir.
Márquez tiene por delante un proyecto completo hacia 2030. México lo presentó con esa responsabilidad y con la intención explícita de darle continuidad al trabajo realizado en el ciclo anterior.
Bryan todavía no sabe qué sucederá el lunes.
Llegó como interino, ganó su primer partido y reconoce que dirigir la Selección absoluta tan temprano en su carrera probablemente no era lo normal ni lo ideal.
Sin embargo, la oportunidad apareció.
Y la aceptó.
Este domingo, mientras Costa Rica cierre ante Haití el capítulo para el que inicialmente fue contratado, Bryan Ruiz continuará descubriendo una profesión que apenas comienza a conocer.
Rafael Márquez está haciendo exactamente lo mismo en México.
Dos viejos referentes de Concacaf.
Dos camisetas que alguna vez cargaron dentro de la cancha.
Y una nueva manera de defenderlas desde el banquillo.
