BARCELONA -- Dos localidades de lateral en el Camp Nou, bien situadas, con derecho para acudir el sábado al Clásico y el martes al partido de Champions frente al Atlético de Madrid. El socio del Barcelona que posea dos asientos tiene la posibilidad de cobrar, hoy, tres mil euros sin discusión ninguna. Si quiere regatear probablemente pueda alcanzar los 3 mil 500 euros.
¿De locos? Probablemente. Pero es la realidad entre la oferta y la demanda. Y a medida que se acerca el Clásico la fiebre va en aumento y así ocurrirá hasta las últimas horas previas al gran duelo.
Y para darle un empuje al asunto, aprovechando la cercanía del partido de Champions frente al Atlético, nada mejor que hacer un 'paquete' y ofrecer localidades ya para los dos encuentros.
Viernes de lluvia en Barcelona... Y de nervios alrededor del Camp Nou. El homenaje a Cruyff le ha dado un nuevo empuje al choque de este sábado que promete convertir el estadio azulgrana en una auténtica caldera y se diría que nadie quiere perderse la oportunidad de estar ahí.
Nadie que tenga posibilidades, claro. Atropellados por las nuevas herramientas, por la globalización y las redes sociales, los revendedores de antaño se adaptan como buenamente pueden a esta nueva realidad y han pasado de dominar con autoridad el mercado negro de entradas a 'asociarse' con quienes controlan el mercado 'global'.
Plataformas 'legales' de compra y venta de entradas manejan paquetes de tickets que se mueven por la red con precios fuera del alcance de los aficionados locales y que convierten a hinchas americanos, asiáticos y británicos en clientes preferentes.
ESPN ya se hizo eco de la creciente fiebre existente entorno al encuentro. "La semana que viene el precio se disparará", adivinó un revendedor 'de los de siempre', quien ofrecía dos localidades de gol por mil 400 euros.
De acuerdo con una información facilitada por la agencia Europa Press el precio medio de una localidad se sitúa en los 879 euros, y Ander Michelena, CEO de Tickebits, expresó que el interés por el Clásico "no se tambalea nunca. Son muchos los usuarios que ponen a la venta sus entradas porque saben que las comprarán seguidores de todo el mundo".
Tal es así que desde los Emiratos Árabes Unidos se pagan de media mil 365 euros y que cerca de un 80 por ciento de compradores a través de internet proceden del extranjero. En el Clásico que se disputó en 2013 el precio medio de las entradas adquiridas en internet fue de 474 euros (la mitad que ahora) y los extranjeros no alcanzaron el 45 por ciento del total de compradores.
El cambio, evidente, ha provocado que alrededor del Camp Nou los revendedores expriman su ingenio. Los hay que están en colaboración con agencias (los menos) y los que, conscientes del mayor poder adquisitivo de aficionados extranjeros intenten ponerse en contacto con ellos a través de distintos medios, ya sea con contactos en hoteles de lujo o con 'colaboradores' en el propio aeropuerto, a la caza de turistas interesados.
Y quedan los de siempre, claro. Los 'antiguos' que controlan sus paquetes de entradas o abonos y los propios abonados que ven en estos acontecimientos una oportunidad única, ya sea para pagarse el abono entero de toda una temporada o de hacer un buen negocio.
"Me pago el viaje, el hotel, las vacaciones y los abonos de la próxima temporada", descubrió a ESPN, en Berlín, junio de 2015, un socio del Barcelona que hizo un negocio redondo revendiendo las entradas que le correspondieron en el sorteo para la final de la Champions que se disputó en la capital alemana.
Y esa es una situación que se repite entre no pocos abonados del club catalán, quienes, para disgusto del club y enfado de otros socios, utilizan ese privilegio que tienen de poseer asientos propios en el Camp Nou para, simplemente, hacer negocio con ellos.
Por cierto, bajo la lluvia de este viernes matinal, un 'emisario' pagó a un revendedor no muy lejos de las taquillas oficiales del estadio dos mil euros por dos entradas de lateral. "Son para unos clientes que vienen desde Roma", explicó, marchándose a toda prisa y admitiendo que son pagadas por la empresa para la que trabaja en Barcelona.
Y la fiebre no se detiene...
