Desaprovecha el Barça tropiezo merengue con empate en Valencia

El Barcelona volvió a empatar 1-1 ante el Valencia, como la pasada temporada, y dejó el liderato en Mestalla, cediéndolo al Sevilla y respondiendo, solo a medias, al desplome del Real Madrid un día antes en Vitoria.

El conjunto azulgrana buscó con ganas la victoria hasta el último suspiro y, mereciéndola, recibió la igualada final con decepción, aún sabiendo la dificultad del choque y entendiendo que respondió a la exigencia.

Sorprendido de entrada, despistado en defensa, al equipo de Ernesto Valverde se le rompieron los esquemas apenas comenzar el partido con el gol de Ezequiel Garay, que dio paso a cinco minutos de infarto en los que el Valencia pareció arrodillar a un Barça descabezado y al que le costó entrar en faena. Lo fue haciendo, sin prisa, pero sin pausa, retomando las sensaciones y haciéndose con el control ya a partir de los 20 minutos, cuando los locales entendieron que el choque se les podría hacer muy largo.

Messi, como acostumbra, rescató al campeón en el momento oportuno, combinó con Luis Suárez y se sacó de la chistera un soberbio disparo desde la frontal al que no llegó Neto para igualar el marcador y dar paso, desde ese minuto 23, a una suerte de monólogo azulgrana con el Valencia cada vez apocado y pidiendo un descanso que recibió con alivio, salvando así los muebles y alcanzando ese intermedio con un empate agradecido.

El equipo de Marcelino quiso repetir su salida en tromba en el comienzo del segundo tiempo, pero, avisado, el Barça no se dejó ni sorprender ni dominar.

Con Arthur acompañando a Sergio Busquets y Messi en la creación y Ivan Rakitic multiplicándose en el medio, Philippe Coutinho apareciendo por oleadas y Suárez trabajando arriba con una intensidad inusitada, el conjunto catalán tomó las riendas, con una presión asfixiante y obligando a su rival a replegarse como humanamente pudo.

Si al Valencia le costó un disgusto al principio la lesión de Gonçalo Guedes, más aún acusó en la parte final del choque su presencia por la falta de alguien que ayudase a Dani Parejo en el control y buscase la combinación con el explosivo Michy Batshuayi, mucho más presente que Kevin Gameiro, a quien Rodrigo por fin sustituyó antes de que Francis Coquelin entrase por Geoffrey Kondogbia en un intento de dar frescura al juego de contención.

Sin embargo, era una evidencia que el tramo final se le haría eterno a los de Marcelino, agobiados por las bandas y por el centro, ocupados en achicar de cualquier manera el asedio de un Barça desatado y que se dio un último empujón con la entrada de Ousmane Dembélé por un Coutinho cansado para, sin cambiar sistema ni teórica, buscar mayor profundidad apoyándose en el tramo final con Rafinha, sustituto de Arthur y ya casi sin tiempo para cambiar la suerte del choque.

El Sevilla es el nuevo, y solitario, líder de una Liga desconocida con seis equipos separados por sólo dos puntos cuando llega al segundo parón de la temporada.

Después, Barça-Sevilla en el Camp Nou.

Difícil pedir más emoción e igualdad después de que los dos gigantes, que hace apenas tres jornadas estaban llamados a disputarse ya cara a cara el título, hayan invitado a otros a esa fiesta.