A 25 años del final del Dream Team blaugrana

Massaro por dos veces, Savicevic y Desailly. Cuatro puñaladas que convirtieron el Estadio Olímpico de Atenas en el cementerio del Dream Team. Allí, en la capital de Grecia, se borró la sonrisa del Barcelona de una forma tan cruel como abrupta. Aplastado sin contemplaciones por un AC Milan que llevaba preparando la final dos semanas en silencio, alejado de la fanfarria que rodeaba a ese Barça inmortal y que hace 25 años se derrumbó sin tener ni una simple opción de evitarlo.

Si el 16 de mayo se conmemora una victoria épica, recordada como el paso a la modernidad del Barça, el 18 de mayo entra en el cajón de los desastres. Mayo es un mes de finales europeas y en clave azulgrana tiene sus fechas marcadas a fuego. El 7 evoca la tragedia de 1986, el 27 recuerda el triplete de 2009, el 28 el cénit de 2011, el 17 la reconquista de 2006, el 20 el éxtasis de 1992… Y el 18 el despertar de un sueño. Un despertar terrible que abofeteó al barcelonismo para recordarle que se había acabado la fiesta.

Cuatro días antes, un 14 de mayo de 1994, el Barça había ganado su cuarto título de Liga consecutivo en una noche épica que le catapultó gracias a un penalti fallado por Djukic que hizo creer a todo el barcelonismo una condición de intocable que el Milan de Capello le haría saltar por los aires de una forma tan cruel como inesperada. Porque nadie, absolutamente nadie en el Barça pudo sospechar lo que ocurriría en Atenas aquel 18 de mayo.

“Ellos han fichado a Desailly y nosotros a Romario” sintetizó camino a Grecia Johan Cruyff para explicar la diferencia entre el rocoso Milan y el brillante Barça. Por si fuera poco, Capello no podía contar con dos puntales como eran Baresi y Costacurta y alrededor del Camp Nou la seguridad de conquistar el segundo cetro continental, dos años después de Wembley, era absoluta.

El desastre

“Nos han ganado todos los duelos individuales. Y ya dije que si no jugábamos a tope sería imposible” argumentó tras el partido Johan Cruyff, quien explicó la derrota en que “en una final hay que darlo todo y si ellos iban a 200 cuando era necesario, nosotros no” y lamentó “la imagen que hemos dado ante todo el mundo”…

El entrenador holandés habló así al acabar un partido que la afición azulgrana encajó con incredulidad y que provocó que poco después de comenzar la segunda parte, tras el gol de Savicevic, comenzase a abandonar las gradas de un estadio que acabó la final semivacío, después de un partido que “no existió” en opinión de muchos que lo vieron en directo y que han tratado de borrarlo de su memoria por lo que significó.

Massaro marcó el 1-0 apenas superar los 20 minutos y al final del primer tiempo logró el 2-0… Comenzó la segunda mitad y solamente dos minutos después Savicevic marcó un golazo que enterró cualquier esperanza azulgrana, que se hundió en la mayor depresión con la cabalgada y estocada de Desailly a la hora de partido.

Sebastiano Rossi, el portero del Milan, casi fue un simple espectador ante la invisibilidad de Romario y la impotencia de Stoichkov, hundidos en un desastre colectivo que provocó ese final abrupto e inesperado de aquel Dream Team.

Las consecuencias

Al día siguiente de la final, desayunando en el hotel, Zubizarreta conoció su despido. Y junto al portero y capitán abandonaron el club azulgrana Laudrup, Goikoetxea, Julio Salinas, Juan Carlos y Quique Estebaranz, representantes con mayor o menor rango de la historia de un Dream Team que reinó durante cuatro años en el fútbol español y, en 1992, conquistó la eternidad en la final de Wembley.

Cruyff, quien en Atenas aseveró que la derrota “no oscurece una temporada que ha estado muy bien”, entendió la necesidad de renovar a fondo el vestuario con nuevos futbolistas y acabó de un plumazo, sin remordimiento ni romanticismos, con un equipo de época.