Fernando Torres se retira del futbol profesional

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Adiós a Fernando Torres, leyenda del fútbol español (1:58)

Repasamos los mejores momentos de la carrera del "Niño" Torres, quien anunció que cuelga sus botines después de 18 años como profesional. (1:58)

MADRID -- Fernando Torres dijo adiós. De forma sencilla, directa; así como es él. A primera hora de la mañana de este viernes, hora de España, publicó un video en sus redes sociales para anunciar su decisión.

“Después de 18 años apasionantes ha llegado el momento de poner punto final a mi carrera”, dijo Fernando Torres. No había mucho más que decir, pues la explicaciones llegarán el próximo domingo en una rueda de prensa en Tokio. Miles de atléticos se frotan las manos esperando su vuelta a casa.

Porque Fernando se fue hace un año para firmar con el Sagan Tosu japonés, pero lo hizo con la promesa de volver ante un Wanda Metropolitano lleno que había acudido al inconsecuente partido ante el Eibar sólo para verlo por última vez.

Dejó sus últimos dos goles con la camiseta del Atlético de Madrid, para llegar a 121 en 350 partidos, para poner final a la temporada con un empate 2-2 ante los armeros. Minutos después, dio un sentido discurso.

“Me gustaría que recordarais siempre cómo nos sentimos ahora. Cuando nos preguntan por qué somos del Atlético, recordar la felicidad de ahora, el orgullo y los sentimientos de pertenecer a una gran familia cuando vengan malos momentos o quieran dividirnos desde fuera”, dijo.

Lloraba Fernando. También Gabi, que le entregó una camiseta enmarcada y mucha gente en la grada que intuía que una era dorada empezaba a llegar a su fin.

Tardará un poco más de lo que sus aficionados esperan en cumplir su promesa de volver a casa, pero no hay duda que lo hará en algún momento.

Torres se fue a Japón en busca de los minutos que no tendría en Madrid. Su paso por el Sagan Tosu no fue el broche de oro que habría merecido su brillante carrera, pero para los atléticos es una mera anécdota.

El Niño es mucho más que los goles que no marcó.

Es el orgullo rojiblanco. Y el de España, pues en sus pies nació la era dorada.

Fernando Torres se despidió en Tokio, pero la afición española en pleno piensa en Viena. En ese 29 de junio de 2008 en que el Niño cambió la historia.

España había llegado a su primera final continental en más de cuatro décadas y no terminaba de asimilarlo después de tantos años de frustraciones. El rival era la poderosa Alemania, que había llegado a la Euro como gran favorita. Al minuto 33, Torres recibió un pase filtrado de Xavi Hernández y emprendió la carrera para llevarse a Philipp Lahm que “se confió” (según Torres) y batir a Jens Lehmann para poner el 1-0 definitivo. Cuatro años después, Fernando Torres se convertía en el único jugador en la historia que ha marcado en dos finales de la Eurocopa, cuando marcó el tercer tanto, otra vez a pase de Xavi, en la goleada por 4-0 a Italia.

Entre uno y otro, un Campeonato del Mundo en 2010 y un campeonato de Champions League que no conquistó con el Atlético de sus amores, ni con el Liverpool, su segunda casa, sino con el Chelsea.

Torres dejó el Atlético de Madrid que lo había visto crecer en el verano de 2007 para fichar por el Liverpool por una cantidad desorbitante por un delantero de 23 años de un equipo de media tabla en aquel momento, 36 millones de euros.

En España ya era uno de los delanteros con más proyección, pero su primera temporada con el Liverpool lo consagró como uno de los mejores atacantes del mundo. Marcó 33 goles en 46 partidos, algo que ningún extranjero había logrado hacer en su primera temporada con los ´Reds’. Su récord se mantuvo durante más de diez años, hasta que llegó Mohamed Salah para firmar 36 dianas en la campaña 2017-18.

En un año, se había echado a Anfield al bolsillo.

Llegó a la Euro de Austria y Suiza con la ilusión de sacarse una “espinita” enterrada después de quedarse en las semifinales de Champions League con el Liverpool. Torres se había marchado del Vicente Calderón por dos razones. La primera, dar un salto en su carrera a un equipo que peleara por el máximo premio a nivel de clubes. La segunda, ayudar al Atlético.

Su venta permitió que el equipo rojiblanco empezara a construir a una escuadra competitiva, que se mantuviera permanentemente en la pelea para dominar Europa. Años después reconocería que en el fondo sabía que ya no podía dar más al Atlético de Madrid después de su último partido en el Vicente Calderón; una durísima derrota por 0-6 ante Barcelona.

“Veía reportajes que los aficionados querían que perdiéramos para que el Madrid no ganara (la Liga) y eso nunca lo había vivido. Yo soy atlético y nunca quiero perder. El problema es que estamos más pendientes de lo que hacen los demás y así nunca vamos a ser grandes”, confesó después a la prensa española.

Volvió a casa nueve años después tras su paso por el Chelsea y una fugaz estancia en Milan.

Ya era más una leyenda en ciernes que un goleador de garantías – hoy histórico, pues los 85 tantos que marcó en la Premier League siguen siendo el récord de un futbolista español. Pero no importaba.

Torres era, y sigue siendo, la personificación del espíritu del Atlético de Madrid. Lo fue casi desde su debut ante el Leganés el 27 de mayo de 2001, con un Atlético perdido en la Segunda División que luchaba por volver a su hábitat natural en la máxima categoría.

Para el resto de España, el Niño que cambió la historia.

“Después de aquel gol de Marcelino (para ganar la Eurocopa del 64) que todo el mundo recuerda, su nombre está en la memoria de todos los españoles muchísimo tiempo porque hizo el gol de la final. Ojalá ahora lo marque yo”, dijo Fernando Torres un día antes de enfrentarse a Alemania.