Los Yeyés: Cuando el Real Madrid ganó su sexta Copa de Europa con un once repleto de españoles

Si por algo destaca el Real Madrid es por su tradición europea.

El que, según la FIFA, es el mejor club del siglo XX forjó su leyenda a base de trofeos internacionales que, sobre todo, tienen una década marcada en rojo: la década de los 50. Por entonces el Real Madrid arrasaba en Europa con un equipo en el que grandes jugadores como Di Stefano, Puskas o Santamaría labraron con letras de oro la historia de un equipo de leyenda.

El club estaba presidido por el hombre que sigue dándole nombre al actual estadio del Real Madrid. Santiago Bernabéu era un presidente carismático, con un don de gentes inusual y que controlaba hasta el más mínimo de los detalles del club que dirigía. Por eso ha sido el mejor presidente del club. Todo pasaba por él, todo lo cuidaba como si fuera suyo. De hecho, gran parte del triunfo de las cinco Copas de Europa que el Real Madrid consiguió hasta 1960 también fue suyo. Consiguió armar un conjunto fuerte y de calidad que consiguió ganar 5 Copas de forma consecutiva (1955-56, 1956-57, 1957-58,1958-59 y1959-60).

Pero todo proyecto se agota y Bernabéu era consciente de ello. De hecho, tras las 5 Copas de Europa consecutivas, el Real Madrid consiguió llegar a dos finales más en los siguientes años: perdió contra el Benfica en 1962 y contra el Inter en 1964. Los síntomas de agotamiento de aquel equipo de ensueño empezaban a notarse y los blancos necesitaban una renovación para volver a ser el mejor equipo de Europa.

La tarea no fue fácil porque, cuando uno tiene que hablar con megaestrellas y decirles que necesitan un relevo, la misión es complicada. Y Santiago Bernabéu era consciente de ello. Más en un época dorada en la que los jugadores ya eran vistos como dioses intocables que podían escoger su camino y el de sus clubes. Ahí es donde entra la figura de alguien como el presidente que se encargó de hacer una transición dulce, pero necesaria, para inculcar savia nueva a un árbol que empezaba a no dar los frutos deseados.

Por aquel entonces Madrid vivía bajo el yugo de la dictadura de Francisco Franco. A pesar de las medidas dictatoriales, la capital de España empezó a despertarse en la década de los 60 con nuevas estrellas del espectáculo que iban dándole otra cara al país. Es ahí cuando aparecen los yeyés. Los yeyés no eran más que aquellos muchachos modernos que, dentro de un estilo de orden como imperaba en la dictadura, intentaban salirse de lo normal. Iban a conciertos de música, frecuentaban "guateques" (fiestas colectivas) y bailaban con chicas las canciones de Concha Velasco, Karina, Los Brincos, Camilo Sesto o, incluso, The Beatles. Aquella generación se puso de moda entre los jóvenes y fue la excusa perfecta para que el Real Madrid aprovechara a inyectar un gen distinto a un equipo con ganas de volver a ganar.

Entonces llegaron Velázquez, Pirri, Zoco, Amancio, Grosso... Jugadores dispares pero con experiencia que tenían el mismo hambre de ganar una Copa de Europa. Bajo la batuta del entrenador Miguel Muñoz y con la tutela de un Paco Gento que era de los pocos supervivientes junto con Puskas, esta nueva generación de jugadores madridistas no empezó bien aquel año 1966. Y es que las cosas en un equipo en transición no son fáciles.

La primera piedra de toque fue el emparejamiento contra el Feyenoord. Eran los dieciseisavos de final y el Real Madrid acabó a palos en De Kuip tras una derrota que no sentó bien a los blancos. Primero por una entrada durísima sobre Velázquez y, a continuación, por una patada de Miera, Real Madrid y Feyenoord terminaron en trifulca un partido que tuvo hasta invasión de campo por parte de los aficionados. Sin embargo, en la vuelta en Madrid, los blancos remontaron con cuatro goles de Puskas en la que sería una de las últimas grandes noches de la leyenda blanca que ya tenía 38 años...

En octavos de final el Real Madrid se enfrentó al Kilmarnock escocés. Sin problemas en la ida (2-2) en la vuelta Miguel Muñoz alineó a 11 jugadores españoles para finiquitar la eliminatoria y anunciar a Europa que aquel equipo iba en serio. En cuartos esperaba el Anderlecht, que en la temporada 1962-63 eliminaba al Real Madrid. Sin embargo, y tras caer en la ida por la mínima (1-0), dos dobletes de Amancio y Gento sentenciaron el pase a semifinales para el Real Madrid.

Por entonces, aquel Real Madrid ya había pasado de ser el "equipo de la renovación" al "equipo yeyé". Los jugadores subieron en popularidad y varios de ellos frecuentaban las páginas de la prensa rosa por su vida privada. De hecho, Pirri se casó con Sonia Bruno y Zoco con María Ostiz, ambas figuras de la escena yeyé que tan de moda estaba en la capital española. La música y el auge de la nueva vida de los jóvenes crecían a la par de aquel Real Madrid que, sin hacer mucho ruido, ya estaba en otra final de la Copa de Europa tras eliminar al Inter de Milán (campeón de la última edición) en semifinales.

La noche del 11 de mayo en el estadio de Heysel en Bélgica fue mágica. Lo cuentan los jugadores y lo viven los aficionados blancos que hasta allí viajaron. Todos alucinaban con el Atomium de Bruselas, con las calles del caso antiguo atestadas de aficionados madridistas y con un estadio rendido a un equipo que esta semana cumple el aniversario de su sexta Copa de Europa.

Miguel Muñoz escogió, de nuevo, a un equipo 100% español para jugar contra el Partizán de Belgrado: Arquistain, Pachín, Pirri, De Felipe, Sanchís, Zoco, Serena, Amancio, Grosso, Velázquez y Gento fueron los elegidos para un partido que tuvieron que remontar. El Partizán se adelantó con un de Vasovic en la segunda parte, pero en el minuto 70 Amancio volvió a meter en el partido al Real Madrid. Serena, antes del pitido final, consiguió marcar de un disparo imparable para que los blancos consiguieran otro título más.

Aquel Real Madrid consiguió un hito histórico. Consiguió resarcirse del anterior conjunto de leyenda que presentaba ya síntomas de agotamiento. Consiguió resurgir con una renovación que nadie esperaba. Consiguió llegar al corazón de una sociedad que creció de la mano de aquella plantilla. Y consiguió que el sobrenombre de los yeyés, desde 1966 hasta nuestros días, haya sido el enlace perfecto entre la sociedad y el fútbol en un momento tan complicado para los españoles. El Madrid yeyé y su Copa de Europa, 54 años después, siguen sacando una sonrisa al fútbol mundial.