Araújo, sucesor de Puyol en tiempos de penumbra

Araújo libró al Barcelona de sufrir un nuevo descalabro. EPA

Ronald Araújo convertido en Carles Puyol. La afición del Camp Nou, la poca que mantiene su fidelidad a toda prueba, corea su nombre hoy como hace 20 años coreaba el de Carles Puyol. Mientras Geovanni, Christanval, Petit o Alfonso se arrastraban por el césped y recibían los reproches de la hinchada, el corazón incansable, el orgullo y casta de Puyol se convertían en la razón de ser de un Barcelona empequeñecido, de un Barça que, como en la actualidad, sobrevivía, malvivía, a base de garra.

Araújo convertido en síntoma de los problemas que arrastra este Barça que frente al Granada se dedicó a colgar balones, a olvidarse de la combinación para asemejarse a un equipo de media tabla británico en la década de los 90 del pasado siglo, buscando al uruguayo como a Luuk de Jong en la segunda mitad en el área mientras Coutinho, el fichaje más caro de la historia del club, transitaba por el césped como un alma en pena, como diría John Benjamin Toshack "un pollo sin cabeza".

El Barça ha perdido la cabeza y se mantiene por el corazón que personalizan Araújo y Mingueza, esperando a la eclosión de los Gavi, Demir, Nico o Balde tal como Puyol fue el salvador de un equipo en el que se fueron cociendo Xavi e Iniesta, Valdés... y por fin, Messi. Antes de que se catapultase a la gloria aquel Barça, primero con Rijkaard y después, hasta la eternidad, bajo el mano de Pep Guardiola, el Barcelona vivió tiempos de penumbra y de crisis, una crisis que hoy algunos consideran la mayor de la historia, desconocedores de esa historia que se repite de manera inexorable.

Araújo es Puyol y es Migueli. Si Xavi fue llamado el guardián de las esencias, Araújo es el héroe de los desheredados en el Barcelona. El jugador que, se sospecha, no tendría cabida en un equipo de etiqueta, que no tiene la calidad de Piqué ni el toque de Éric García, tampoco el gusto de Márquez o la capacidad de Koeman... Pero que en épocas de crisis se catapulta al primer plano porque nadie, absolutamente nadie, es capaz de hacer sombra a su entrega.

Uruguayo coreado por la hinchada, Ronald Araújo se diría que ha tenido la fortuna, dentro de la mala suerte colectiva, de estar en el sitio adecuado y en el momento justo. Cuando el barcelonismo zozobra en futbol y el aficionado necesita agarrarse a lo que sea, la presencia de un jugador como Araújo se recibe como si de un héroe se tratase.

Como lo fue Puyol. Ni más ni menos.