Barcelona y las malditas derrotas decorosas

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Real Madrid venció en tiempos extras al Barcelona para conseguir su pase a la final de Supercopa Española. (3:13)

Xavi y Piqué tienen razón, el Barcelona va por buen camino luego del digno partido que brindó en el Clásico ante el Real Madrid.

Sin embargo, a estas alturas, luego de cinco humillaciones consecutivas ante el acérrimo rival, tras quedar fuera en Fase de Grupos de la Champions League, y con La Liga perdida desde antes de que terminara la primera vuelta, las derrotas “dignas, decorosas y con orgullo” no sirven para nada. Para nada.

Es cierto, el equipo está en la primera etapa de una reconstrucción que va a doler —ya está doliendo—, pero los argumentos respecto a la juventud y a que se compitió con honor, de a poco empiezan a desgastarse.

A Xavi no hay que explicarle nada, es una leyenda del Barça y a diferencia de Ronald Koeman, sabe perfectamente en dónde está parado y que en este equipo todo lo que no sea levantar títulos se llama fracaso.

Ya empezó por el rescate de la identidad y filosofía, y en apenas dos meses el Barcelona tiene un estilo reconocible, no juega al “ahí se va” o si llega a meter un gol apuesta a defenderse con tal de sacar la victoria a costa de lo que sea. Falta mucho pero todo indica que el rumbo es el correcto.

Ahora, lo que ya no se puede tolerar es el consentimiento a ciertos futbolistas, tal es el caso de Frenkie de Jong, quien en 45 minutos frente al Madrid ratificó lo que ha sido su paso por el club: intrascendente, sin asumir responsabilidades, pero siempre titular.

Memphis Depay: volvió tras la lesión con un nivel sumamente pobre al grado de que su compatriota Luuk de Jong, quien prácticamente tenía los dos pies fuera del equipo, ya le ganó la titularidad como el centro delantero azulgrana.

Esos, por citar sólo un par de casos, pues hasta cierto punto los jóvenes tienen crédito, pero por la situación que atraviesa el Barça están obligados a madurar más rápido de lo normal. Por injusto que parezca, los Pedri, Fati, Gavi y compañía no deben permitirse altibajos tan marcados.

Sí, sí, mucho honor y mucho orgullo como también proclamó el presidente Joan Laporta en el vestidor luego de la derrota, en un discurso que le dio al plantel y que difundió el propio club, pero un nuevo y doloroso revés.

Barcelona no es, no ha sido y no será nunca el equipo de las derrotas decorosas, así que desde luego se entiende que el proceso de Xavi apenas inicia y que su llegada es lo mejor que le pudo pasar a la institución, pero es tiempo de resultados.

Bien lo dijo Piqué al final del Clásico: “Lo que se nos puede reprochar hoy es que no hemos ganado”.