Este penoso asunto debe de atraer la mirada no sólo de quienes formamos parte del futbol... Debemos ser extremadamente conscientes de la salida de Camberos
Me ha preocupado mucho la noticia que recientemente se dio a conocer en torno a la “huída” (dura expresión pero nunca mejor empleada) que hizo Scarlett Camberos de nuestro país. La ex-futbolista de las Águilas del América decidió poner fin a su etapa en la Liga BBVA MX Femenil para irse a vivir y continuar con su carrera deportiva en los Estados Unidos con el Angel City FC. La razón que esgrimió la también jugadora de la Selección Mexicana Femenil fue el acoso continuado que sufrió durante varios meses a través de sus redes sociales mediante un hackeo a las mismas por una persona que aseguraba ser su ex pareja.
A pesar de que el responsable de estos actos fue identificado y al que se le aplicaron una orden de restricción y más tarde un arresto domiciliario por 36 horas, estas medidas resultaron insuficientes para darle a Scarlett la tranquilidad que ella y su familia demandaban, tomando una decisión que para algunos es exagerada pero que para la gran mayoría, entre los que me incluyo, es una clara señal de que algo no se está haciendo bien o que lo que se hace o intenta hacer es insuficiente.
Sin duda, este penoso asunto debe de atraer la mirada y sobre todo la atención no sólo de quienes formamos parte del fútbol sino de la sociedad en general. Directivos, cuerpos técnicos, jugadores, aficionados, medios de comunicación, instituciones gubernamentales y no gubernamentales, integrantes del poder judicial y, muy particularmente, los legisladores locales y federales, debemos ser extremadamente conscientes del fenómeno que tuvo como consecuencia la huída de Camberos.
¿Qué fue lo que faltó para que su partida hubiera quedado en una simple alternativa y no en una auténtica decisión de vida? ¿Qué o quiénes fallaron a la hora de tenderle la mano a Scarlett para retenerla en su país y brindarle las garantías que ella y todas las futbolistas mexicanas demandan y se merecen? ¿Es ésta, la de la franca huída, la única fórmula posible para encontrar la paz y tranquilidad que todos los habitantes de esta Nación requerimos para bien vivir? No me cabe duda que ha llegado el momento de revisar concienzudamente nuestras leyes, códigos y reglamentos para crear o modificar un marco normativo de manera sólida y contundente para que les haga pensar dos, tres o las veces que sean, a todos aquellos que, como Andrés “N”, se atrevan a cometer esta clase de conductas atentatorias (o del tipo que sean) en contra no sólo de las futbolistas, sino de todas las deportistas de México.
No podemos ser omisos de pensamiento y mucho menos de acción. El acoso sexual en nuestro territorio es una de las principales causas de un delito que, aunque se diga lo contrario, no ha disminuido ni mucho menos erradicado: el feminicidio. Fortalecer las instancias de atención a la víctima; ajustar el procedimiento de denuncia y activación de los órganos correspondientes y, ante todo, tipificar el delito como grave y con la pena corporal (cárcel) lo suficientemente intimidante para desalentar a quien lo cometa, son algunos de los pasos que el Estado Mexicano tendría que dar de manera inmediata y decidida. A nosotros, los medios, nos toca fundamentalmente visibilizar el fenómeno, hablando de él con versiones confirmadas y hacerlo con la obligación de no re-victimizar a quien sufra de estos deleznables actos.
El futbol no se cuida solo. Cuidarlo nos corresponde a todas y a todos. El acoso es una manera de violentar al deporte que tanto amamos y no debemos permitirlo. Pero ya sea esta conducta o cualquier otra, como por ejemplo el racismo, debemos atacarlas con el poder de la razón y con una contundencia que no permita disimulos. Tal parece que el respeto y la tolerancia son valores que han caído en desuso gracias a la falta de firmeza para defenderlos. Dejar hacer y dejar pasar conductas de agravio al ser humano, ya sea hombre o mujer, refleja el lado inconsciente, inmaduro e irresponsable al que lamentablemente no pocos se inclinan.
Sin embargo, sigo creyendo en que recuperaremos la capacidad para erradicar cualquier forma de violencia siempre y cuando pensemos, aunque sea sólo por un momento, que la siguiente víctima podría ser cualquiera de tus padres, de tus hijos, tu pareja, algún miembro de tu familia… o tú misma (o).
Abrazo solidario a Scarlett Camberos y a todas quienes han sufrido acoso o violencia dentro y fuera del futbol.
