Luego de tres partidos de ida de los Cuartos de Final, más allá de lo que dicen los marcadores, América y Tigres no parecen del todo sentenciados, pero sí Juárez a manos del campeón.
LOS ÁNGELES -- No son los marcadores, sino los hombres detrás de los marcadores. Los partidos de ida de La Liguilla tuvieron su propio encanto, desde tumbas a medias, entre cirios y veladoras, hasta lápidas que sólo aguardan el epitafio.
No hay, sin embargo, sentencias de muerte en dos de los casos. América ha sido humillado. Ahí es cuando juega con 12 (ese orgullo de El Nido) o hasta con 13, si la cúpula lo considera urgente. Tigres es casi perfecto al abrigo del Volcán, pese a esa esencia de gato bodeguero de la noche del miércoles en la perrera facinerosa de Tijuana.
1.- ¿DE QUÉ ESTÁS HECHO AMÉRICA?
Tantos momentos solaces de arbitrajes equivocadamente generosos, y ahora, inepto y asustado, el juez sin juicio, Rafael López, perdona dos rojas al rival y afloran sus plañideras. La victimización del verdugo.
¿Y ahora? Mientras el universo se regocija de que el #ÓdiameMás encuentra una herramienta vindicativa, a través de un pobre diablo con los pulmones y la ocarina llena de miedo, ahí queda el desafío. ¿De qué estás hecho América?
Rayados olisqueó el olor a almizcle, ése, el del miedo de Jardine. Un muro de seis jugadores nominalmente defensivos, dos desahogos, y dos almas en pena al frente, cuando, queda claro, Bryan Rodríguez y Rodrigo Aguirre, anotan por volumen de opciones, no por eficacia.
Y Monterrey hizo lo suyo, poquito, pero lo hizo, especialmente con un golazo de Sergio Canales, y un remate de Fidel Ambriz, que desvía, conscientemente, Lichnovsky, con un saludo de Judas. Rayados no parece tener lo suficiente para sostener ese 2-0 como visitante, pero, este André Jardine, ¿podrá, con todas sus extravagancias de tricampeón, encontrar la forma de remontar?
Claro, por supuesto, no hay problema, el teléfono rojo del comisionado de arbitraje ya suena. No se olvide que Juan Manuel Herrero fue jugador de América y directivo de Televisa.
Durante la transmisión el ex árbitro y hoy analista, Fernando El Cantante Guerrero, despedazó a su excompañero Adonaí Escobedo, quien la noche del miércoles, estuvo petrificado en el VAR: “No soporta la presión (que le llamen ‘Aguilaí’)”, y por eso no pidió revisión en las planchas de Tecatito Corona y Ricardo Chávez. ¿Por qué lo asignan al VAR? “Porque no hay pa’ más”.
2.- MUCHO DIABLO PA’ TAN POCO INFIERNO
Juárez colapsó las apuestas al minuto 3. Jesús Murillo se sintió Cristiano Ronaldo, se trepó al trapecio y remató entre las dudas del chiripazo o la capacidad. Pero Toluca tiene la paciencia de Luzbel para condenar sin ser condenado.
El hombre más complacido debió ser Javier Aguirre. O ilusionado. O iluso. La noche de Marcel –o Márcel, como pide le llamen--, fue espectacular. Hizo lo que todo un “8” sin ser “8” debe hacer. E hizo todo lo que un “10” sin ser “10” debe hacer. Recuperó, ordenó, generó, profundizó, ejemplificó de lo que debía ser Toluca sin Alexis Vega.
Hay dos equipos por los que sí se debe pagar un boleto para verlos: Toluca y recientemente –sólo recientemente--, Chivas. Pero por los demonios del Turco Mohamed, se puede cobrar el doble. No es una máquina, ni hay perfección en su juego, pero es lo suficientemente solidario y comprometido que sana de inmediato los desaciertos, como el gol mismo de Juárez.
El 2-1 de visitante parece inapelable. Juárez necesitaría 100 minutos como los 15 primeros que tuvo en su propio recinto, para poder consumar un milagro en el Nemesio Díez. Y otra noche similar de Marcel Ruiz, sería el festín del funeral. Ricardinho trató de frenarlo los 65 minutos que pudo estar en la cancha. Sólo se llevó jirones de la camiseta, de las medias y un mechón de cabellos, pero jamás pudo contenerlo.
Recuérdese que Mohamed renovó contrato por dos años, bajo revisión en junio. Y aceptó el tema: quiere ser Tricampeón con Toluca. Cuando en la intimidad del Infierno le han preguntado sobre la Selección Mexicana ha sido claro: aceptaría sólo hasta junio de 2029. No le interesa vivir tres años de penurias.
3.- EL NIÑO PERRO Y EL PERRO LOCO
Los Tigres ya llegaron a Mictlán, el inframundo mexica, aunque no estén enterados. Los Xoloitzcuintles, esos perros mitológicos que encaminan las almas de los muertos, pastorearon a unos Tigres demasiado inocentes y domesticados. Un 3-0 que de verdad obligará a que del Volcán escurra lava hasta las venas felinas.
Xolos. El equipo de un ‘Niño Perro’ (Gilberto Mora) y de un ‘Perro Loco’ (Sebastián Abreu). Tijuana le tendió la trampa a Tigres con un campo minado, como la cancha del estadio Caliente, que es un amedrentamiento más psicológico que competitivo. Abreu les concedió el balón y la cancha, pero no la iniciativa.
Y Gil Mora es un Niño Perro. El mocoso de 17 años fulmina a Tigres con el tercer gol. Y es un perro dentro de la cancha. Uno que muerde, custodia, ataca, juguetea, marca territorio y saca el misticismo ancestral de los caninos, para aparecer donde debe, donde sabe, donde clavar la dentadura. Y este Niño Perro tiene mucho ya de la maestranza del Perro Loco que dirige al equipo. Hasta el desvarío de cobrar a lo Panenka desde el manchón de la fatalidad ambigua. Un Loco Abreu que repulsa los tecnicismos y los modernismos, que evade la jerga untuosa y excéntrica de los técnicos de hoy. Es un palurdo astuto ante un tablero de ajedrez. Y ese Niño Perro es la reina de sus ataques.
Alguien por ahí dijo que Gil Mora es un jugador que no pesa. Quien lo diga, habla desde la palestra de la ignorancia… o de los celos y del recelo. Tal vez porque nunca descubrió ni debutó a un mozalbete con esas cualidades. Aún deberá embarnecer, desde las hormonas hasta las neuronas, y las primeras están más expuestas que las segundas en el pernicioso hábitat del futbol mexicano.
Sí, los Cuartos de Final arrancaron prometedores y promisorios. No sólo por los marcadores, sino por los hombres detrás de los marcadores.
