Blog de Rafa Ramos: Lozano y la insana decisión sobre Santiago Giménez

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Santi Giménez y 'Chucky' Lozano encabezarían el ataque de México para su prueba ante Alemania (3:10)

Desde Philadelphia, Mauricio Ymay comparte el XI por el que apostaría Jaime Lozano para el cierre de sus amistosos del mes de octubre. (3:10)

Hoy, la afición reclama en el altar a Santiago Giménez, y publica epitafios en forma de memes para Raúl Jiménez, y Lozano pasa a ser un "títere".


FILADELFIA -- Se sienta erguido. Difícilmente levanta las manos de la mesa. Apenas gesticula en su discurso. Su lenguaje corporal es un verbo añadido, silencioso, y es un acento casi prosódico. Acaso sonríe al terminar alguna respuesta. A cada pregunta, saluda por su nombre a cada reportero, y a veces hasta con la lisonja informal del hipocorístico. No se traba, ni tartamudea. A la pregunta violenta o a la melosa, a la inducida o a la inductiva, a la simplona o a la elaborada, responde igual: con pocos matices en la voz, y casi todos ellos calculados. No despega la mirada del interlocutor, hasta que termina el brevísimo escarceo de diálogo. Acaso, entre la duda o la sorpresa, frunce las cejas, como un desliz emocional.

Ciertamente, Jaime Lozano cuida sus formas expresivas. Una sobriedad de juez, de tutor, de cura en confesionario, de comisario de Edgar Allan Poe, de ajedrecista arrogante o de gerente de funeraria. Como si sólo emitiera hechos consumados.

Pero hay un problema final en los destinatarios últimos del mensaje, los aficionados: pocos le creen.

Y en algunos temas, como por ejemplo el del centro delantero, nadie le cree. Absolutamente nadie.

Él sabe de qué se trata. La muchedumbre tricolor es hematófaga. Y la sangre culposa de Gerardo Martino no terminó por saciarla. Anhelaba más viscosidad escarlata salpicando la tumba deshonrosa de la eliminación de México en el Mundial de Qatar en fase de grupos. Y el indulto cínico a Yon de Luisa no sació esa gula de patíbulo que tiene confabulada con su bulimia frenética.

Jaime Lozano sabe que ese engendro irascible, explosivo, de pesimismo y escepticismo, no es por él. Es una herencia, tan maldita como irrefrenable e irrechazable.

Jimmy sabe que es la cataplasma y el catalizador de los agravios de otros. De las burlas de Martino, de la represión autocrática de una Federación Mexicana de Futbol, manejada, en sus horas libres, por Emilio Azcárraga Jean, solazándose de los fértiles miedos urinarios de los eunucos dueños de los equipos.

Porque tampoco es que sea estrictamente Jaime Lozano. Es el puesto, es el sitio, donde se fermentan todas las frustraciones y calamidades de un balompié donde los actos de corrupción pululan en sus canchas o escritorios, semana a semana. Arbitrajes, violencia, antidopaje amañado, promotores impunes, y una Liga MX incubadora de torpezas.

Porque incluso hoy Jaime Lozano o Perico de los Palotes o Juan de la Cotona, son el vertedero público de la frustración.

Son el estercolero mediático de un futbol que no crece, y lo más grave, ya ni siquiera se estanca. Por el contrario, se anquilosa, se pudre, se atrofia, retrocede, implosiona.

Jaime Lozano sabía que ganar la Copa Oro era un crédito raquítico. Había llegado de emergencia a rescatar una Selección Mexicana en estertores de agonía, asesinada desde dentro, con las pretensiones de Diego Cocca y el repudio de los jugadores.

Dos sesiones en la cancha y varias en el diván y en la sala de videos ayudaron a Lozano a transformar a la momia de vendajes tricolores en un equipo que se erigió como Rey Tuerto en Tierra de Ciegos, puesto que Estados Unidos y Canadá mandaron a sus pertrechos emergentes.

Pero la época dorada del LamborJimmy se fue descarapelando, como si fuera penas una recubierta de oropel. Y no por un prodigioso estudio ni siquiera por una revisión somera del futbol del Tri, sino por preferencias hormonales y viscerales.

Ahí llega el tema de Santiago Giménez y Raúl Jiménez. El delantero del Feyenoord es el nuevo adalid de las cíclicas y cuatrienales utopías de la nación tricolor. Hoy, Raúl Jiménez es víctima incluso de crueles burlas. Lejos de reconocerle su estoicismo, osadía y resiliencia por el casi intento de trepanación de David Luiz, lejos de valorarlo, la turba lo perturba con memes desleales y retorcidos.

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No debe olvidarse que lo que hoy vive Raúl, lo vivió antes Javier Hernández. Claro, no fue culpa de Jiménez, sino del ocioso, descarnado e infame oficio de algunos para desarrollar y desahogar su canibalismo reprimido como lo hicieron con Chicharito, para hacerlo hoy con Jiménez y seguramente para hacerlo en unos años más con el mismísimo Santi. Porque sí, porque la perversidad, mientras más promiscua, más refinada.

Hoy, la afición reclama en el altar a Santiago Giménez, y publica epitafios en forma de memes para Raúl Jiménez. Y si a la muchedumbre no le dan lo que reclama, busca culpables. Aunque queda claro, desde las redes sociales, la voz del pueblo se distanció de la voz de Dios.

Entonces, hoy, súbitamente, Lozano pasa a ser, del héroe del SoFi Stadium, a ser “el títere de Televisa”, al que “le ordenan la alineación”, al que “le impone jugadores Emilio (Azcárraga Jean)”, sin faltar el que “no sabe nada de futbol”, hasta el “es un monigote impuesto por los jugadores”.

Ciertamente las decepciones, con un equipo erosionado, ante Australia y Uzbekistan, siguen, de momento, imperando sobre el 2-0 a Ghana, y no por la revisión de lo ocurrido en la cancha, sino por el simplista reclamo de que Raúl Jiménez juega por decreto televisivo y americanista, y Santi Giménez es la víctima, tomando en cuenta, innegablemente, su manifestación explosiva en la Eredivisie.

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¿Es superior Santiago Giménez a Raúl Jiménez? La explosividad del Chaquito con el Feyenoord es incuestionable. “Cada semana estamos atentos a ver cuántos anota”, dijo el mismo Jaime Lozano. Su nivel de inteligencia y lectura de futbol rebasa al promedio del jugador mexicano. Su capacidad de remate en diferentes variaciones es incuestionable. Rebasa sin duda a Raúl, quien a su vez se mantiene vigente en la mejor liga del mundo, la Premier.

Descrito ya en el primer párrafo, el epítome de diplomacia que es Jaime Lozano, era evidente que jamás iba a explicar el gran motivo por el cual jugó Raúl Jiménez ante Ghana, que es el tener a plenitud a Santi para este juego contra Alemania.

En el cuidado extremo que tiene de su forma de expresarse, y en el quirúrgico control de su vestidor, Lozano entendió que con Jiménez el Tri podía vencer a Ghana, y que con Giménez habría más posibilidades de competir ante Alemania este martes en el Lincoln Financial Field, ante cerca de 60 mil solidarios paisanos.

Haber colocado a Giménez ante Ghana podría haber inquietado el vestidor y haber puesto en entredicho su doctrina de manejo de grupos. Decidió jugarla de manera audaz.

En la veleidosa conciencia de la muchedumbre, si Santi es la figura ante Alemania, todos estarán felices y agradecidos con Lozano. Si Santi no tiene una jornada afortunada, igual se cebará sobre el mismo técnico por no permitirle tener más fogueo, o se refugiará en el obscuro desencanto de que entonces el bueno es Henry Martín.

Al final –y lo sabe bien Jaime Lozano–, la cruz que carga no es la de sus culpas ni el peso de sus decisiones. En su espalda lleva lápidas ajenas: la de Martino, la de Azcárraga, la de De Luisa, la de Cocca, la de Irarragorri, la de la pusilanimidad de los dueños de equipos, y seguramente, pronto, las de La Bomba Rodríguez. Y no incluye a Mikel Arriola, porque apenas sería el clavo oxidado de esa cruz.

Porque es así, y porque si no lo sabe, ya Jaime Lozano debería estar enterándose: el técnico de la Selección Mexicana pierde siempre, siempre, hasta cuando gana.