El triunfo de Uruguay por 1 a 0 ante República Dominicana se podría definir con una frase: Más de lo mismo. La Selección de Marcelo Bielsa volvió a dejar la misma sensación que genera cuando juegan los titulares.
Un equipo que arranca siendo intenso, presionando arriba, maneja la pelota, pero que termina careciendo de profundidad para terminar las jugadas y se termina convirtiendo en inofensivo.
¿Qué conclusiones pudo haber sacado el técnico Marcelo Bielsa del amistoso que tenía como objetivo la observación de jugadores? Está claro que el entrenador habitualmente mira cosas que para el común denominador de los espectadores se pasan por alto.
Al margen de ello, el análisis periodístico permite desarrollar algunos aspectos que dejó el juego, sin olvidar que muchos de estos jugadores son hasta tercera opción para Bielsa.
Dividiendo la cancha en sectores, en defensa hubo poco trabajo al margen de algunas situaciones que tuvieron que solucionar por balones perdidos por los volantes.
Allí Bielsa probó alternativas. Hizo debutar a Santiago Mouriño, al que puso como zaguero y en el segundo jugó de lateral derecho. El más firme del fondo fue Nicolás Marichal al tiempo que Marcelo Saracchi aportó desde el punto de vista ofensivo.
Un punto a tener en cuenta es que, en algunos pasajes del partido, como consecuencia de la ambición ofensiva, lo tomaron mal parado a Uruguay.
El mediocampo celeste tuvo buenas y malas. Está claro que en esa zona Bielsa dispone de los jugadores de mayor calidad entre los titulares como Valverde, Bentancur, Ugarte, De Arrascaeta y Nico De la Cruz.
Esto indica que el mediocampo tiene pocos cupos para ir al Mundial. Amaro, Fonseca y Torres fueron intensos para presionar, pero imprecisos con la pelota.
¿Y el 9? ¡Qué tema! Está claro que Bielsa encontró en Rodrigo Aguirre al suplente natural de Darwin Núñez. Pero la búsqueda de una tercera opción resulta compleja. Luciano Rodríguez contó con la oportunidad de arrancar jugando. No es que desentonó, porque muchas veces depende de cómo le llega la pelota, pero mostró altos y bajos en un partido donde dispuso de una situación tras un pase de Sanabria.
En el segundo tiempo, Bielsa movió piezas y modificó el sistema con los ingresos de dos centrodelanteros como Federico Viñas y Agustín Álvaro Martínez. Allí pasó a un 4-2-4 con Fonseca y Rodrigo Zalazar en el doble cinco; al tiempo que arriba jugaron Laquinta y Luciano Rodríguez por afuera, al tiempo que Viñas y Álvarez Martínez hicieron el doble 9.
Los cambios potenciaron a Uruguay ofensivamente y en el medio, donde Fonseca quedó más protegido con el ingreso de Zalazar, se mejoró. El equipo cambió la cara, limpió su imagen, y tuvo otra actitud ofensiva.
Todo esto se tradujo en el único gol del partido donde la Celeste aprovechó una transición rápida de Viña por el medio donde puso a correr a Laquintana que, en su salsa, ganó en velocidad y definió cruzado.
El triunfo deja sabor a poco. Si bien se debe tomar en cuenta que el amistoso tuvo como objetivo probar jugadores y sistemas de juego, y que el técnico apeló a jugadores que pocas veces actuaron juntos, Uruguay dejó las mismas sensaciones que cuando juegan las titulares: equipo intenso, que arranca con presión alta y maneja bien la pelota, pero que se termina apagando y siendo apático.
