Para Mohamed Salah, uno de los jugadores africanos más destacados de la historia del fútbol, los mundiales de selecciones son una piedra en el zapato.
Tal vez la única de su carrera.
Salah, el crack que tiene una cuenta pendiente
Mo consiguió todo a nivel clubes. Ídolo de Liverpool, logró en ese club la UEFA Champions League en la temporada 2018-2019, la Premier League en 2020 y 2025, la Supercopa de Europa en 2020 y varios títulos más.
Si bien con su selección, Egipto, no tiene títulos, se convirtió en referente y emblema a base de grandes actuaciones. Las mismas que lo transformaron en el máximo goleador histórico de las eliminatorias africanas, con 19 tantos.
Llevó de la mano a los Faraones a ser dos veces finalistas de la Copa Africana de Naciones en la última década.
El problema son los mundiales.
En torno a ellos, todo es una nebulosa para el atacante.
Para el nacido en Nagrig, el de 2026 será su segundo Mundial. El anterior fue Rusia 2018 y no conserva buenos recuerdos de él: llegó al límite en lo físico por una lesión en el hombro y, si bien anotó dos goles, no pudo evitar que su selección se fuera de la máxima cita sin sumar puntos.
Las derrotas ante el local, Uruguay y Arabia Saudita todavía le duelen al futbolista africano más destacado de su generación.
Hay algo que lo mortifica todavía más.
En las Eliminatorias Africanas para Qatar 2022, el bueno de Mo estaba en su esplendor futbolístico.
Convencido de que con eso le iba a alcanzar para volver a llevar a Egipto a una Copa del mundo, emprendió el desafío.
En el último partido, enfrentó a la Senegal de Sadío Mané. Luego de un muy disputado empate, la tanda de penales iba a definir cuál de los dos equipos sacaba boleto para el Mundial y cuál lo miraba por TV.
Allí, desde los 12 pasos, Salah desvió su disparo y su selección le dijo adiós a la ilusión.
Todavía se siente responsable por aquel fracaso.
Por eso hoy, con 33 años, va por su gran revancha. La empezó a construir metiendo un doblete ante Yibuti en el partido de las Eliminatorias Africanas que le aseguró el pasaje a América del Norte.
Sabe que no es suficiente.
Apoyado en un equipo de mentalidad sólida, que fue el mejor de las clasificatorias de su continente gracias a ocho victorias, dos empates y ninguna derrota, aspira a llevar a Egipto a superar su mejor marca histórica en mundiales: los octavos de final en Italia 1934.
Siente que, con la ayuda de compañeros de la jerarquía de Omar Marmoush, Mahmoud Hassan Trezeguet y Mostafa Mohamed, es posible atravesar con exito una primera fase donde compartirá grupo con Bélgica, Irán y Nueva Zelanda.
De hacerlo, ¿quién le podría quitar la ilusión de seguir avanzando en la que -probablemente- sea su última cita máxima?
El gran Mo se quiere sacar la piedra del zapato.
