México: Aguirre y sus 28 seleccionados aprendieron el Catecismo

play
Roberto Alvarado: "El objetivo es ganar los 3 partidos y terminar primeros de grupo" (3:05)

No fue un Día de Medios ideado por la FMF, el mérito absoluto es de la empresa SUM, la misma que aquí se ha vilipendiado por “partidos moleros”


LOS ÁNGELES -- La noche del jueves, los 28 seminaristas de Javier Aguirre abandonaron el monasterio de la Selección Mexicana para trepar al púlpito o al confesionario, según se le vea. Y recibieron la absolución. Todos, menos uno.

Hay, sin duda, en la Selección Mexicana, un poderoso adoctrinamiento hacia la proeza, hacia el éxito, hacia el compromiso para este Mundial 2026. Javier Aguirre, al menos en el aspecto inductivo, motivacional, ha aprovechado el tiempo. A su prole tricolor la ha hecho creer que su promesa no es una quimera: “Hacer un Mundial histórico”.

Fue una sesión inesperada esa noche del jueves. Por primera vez, el Tri se comportó como una selección seria, congruente con su peso mediático, aunque carente de peso histórico. Sí, tal y como debe comportarse una selección que tiene millones de aficionados en dos países distintos y que ha hecho de Estados Unidos su patio de juego favorito. Además, ninguna selección en el mundo tiene casi una veintena de patrocinadores diferentes en dos países distintos.

Con absoluta disciplina, sin asomo de nerviosismo, pánico escénico o afanes huidizos ante los medios, ahí estuvieron los 28 enclaustrados, algunos de los cuales –incluyendo sorpresas de última hora--, estarán en la lista de 26 que la madrugada del lunes deberá hacerse pública ante la FIFA.

No debió ser fácil organizar aquella verbena. Nueve podios, perfectamente diseñados, con recursos técnicos de audio y video para medio centenar de medios, pero, sobre todo, la actitud de los jugadores mexicanos, normalmente, ansiosos, reacios, hoscos, intranquilos, enfadados por encarar a los medios. Sólo uno hizo berrinche: Luis Chávez.

Una noche provechosa, para todos. Vale la pena aclararlo, no fue un Día de Medios ideado, formalizado, creado y ejecutado por la Federación Mexicana de Futbol. No, el mérito absoluto es de la empresa SUM. Sí, la misma que aquí se ha vilipendiado muchas veces por “partidos moleros”. Pero esta vez ofreció un carrusel mundialista sin precedentes.

La logística fue perfecta. Gabriel Gabor, el coordinador, apenas husmeaba por un lado y otro. Complacido, veía que la coreografía para manejar 28 voluntades, nueve aposentos y las ansiedades de medio centenar de medios de México y Estados Unidos, había funcionado perfectamente. Hasta el perfeccionista Pep Guardiola se habría rascado la pelona.

Sí, fue un ganar, ganar, para todos. Pero, sin duda, alguien más, con el reporte final, estará satisfecho. El pastor del rebaño: Javier Aguirre. Muy distinta a otras ocasiones, los jugadores rebasaban las expectativas en su presencia en los foros. Las coordinadoras de SUM en cada uno de los nueve pabellones, trataban de interrumpir la interacción con los futbolistas a los 20 minutos, pero, reporteros y jugadores estaban dispuestos a prolongar la tertulia.

“¿Ya, seguros?”, preguntó César ‘Chino’ Huerta cuando la coordinadora marcaba que se habían rebasado los 20 minutos, lapso durante el cual el delantero del Anderlecht de Bélgica mantuvo una sonrisa marfileña, blanca, amplia, como si buscara el patrocinio de un dentífrico.

Guillermo Ochoa hacia un gesto con los hombros de que no se iba de la tribuna, sino que se lo llevaban, después de casi 25 minutos contestando todo tipo de interrogantes. Él quería seguir, pero la segunda tanda de seleccionados ya esperaba su turno tras bambalinas.

Sí, Javier Aguirre habrá sacado también conclusiones del comportamiento de sus prospectos a mundialistas. Incluyendo al mozalbete Gilberto Mora quien con habilidad extrema resolvía el interrogatorio. Desgranaba los elogios desmedidos, con la misma ecuanimidad, ligereza, astucia y mirando a la portería contraria, con que se comporta en la cancha.

play
4:45
Santi Giménez: "Estoy siendo criticado justamente, la afición quiere ganar"

¿Cuál era el común denominador de estos 28 trepados a las nueve palestras? La similitud del discurso.

Ninguno daba el llamado mundialista como seguro, pero todos proclamaban el llamado mundialista como merecido, si llegaba, porque estaban convencidos de que ya habían hecho lo suficiente para recibir una de las 26 estafetas. Vaya, hasta Guillermo Ochoa, sabiendo que sólo hay tres porteros en la concentración y que es imposible que lo bajen del “Tritánic”, aún así, insistía en “si acaso quedo dentro de la lista final”.

Y coincidían, además, los jugadores, expuestos a esa incertidumbre de la convocatoria final revoloteando despiadadamente, en recapitular los conceptos de Javier Aguirre.

1.- El mundial es en casa y es una experiencia memorable.

2.- Identificarse con la afición para que la afición se identifique con ellos.

3.- Es la oportunidad de hacer historia.

4.- Jugar con todas las ventajas del local, tanto en México como en Estados Unidos.

5.- Y la sensación de pertenencia, sintetizada tal vez en la reflexión del Chino Huerta: “Esta camiseta de México es única y es un privilegio vestirla”.

6.- El espíritu de competencia. Ninguno se atrevió a sentirse titular en el Mundial aunque todos se atrevieron a sentirse capaces de ser titulares ante Sudáfrica.

Sí, la cultura emocional y espiritual de Javier Aguirre ya se adueñó del grupo. La persistencia del mensaje, sin ser abrumadora, es el complemento perfecto del trabajo en cancha. Era momento de rememorar la frase india: “Es más peligrosa una manada de ciervos comandada por un león, que una manada de leones comandada por un ciervo”. ¿26 de cuales tiene Javier Aguirre?

Por eso, Manuel Lapuente (QEPD) dejó sentencias y herencias de ser el más sabido técnico del futbol mexicano. “Al futbolista mexicano hay que recordarle cada día, todo el día, todos los días, lo que representa jugar por la Selección Nacional”.