CÓRDOBA (Enviado especial) - Cinco titulares indiscutidos le faltaron a la Selección Argentina contra Colombia. Los dos centrales titulares, los mediocampistas y el ídolo máximo. Ya estaba clasificada y enfrentaba a un rival muy necesitado que se jugaba la vida. A pesar de todo eso, mostró las virtudes de siempre, jugó con la intensidad competitiva que ya es marca registrada y llevó el peso del partido. Además, a estas certezas le sumó una nueva: hay plantel, además de equipo.
Las bajas no resintieron la idea ni en lo más mínimo. En Córdoba, el equipo de Lionel Scaloni tuvo la fisionomía que encontró en la Copa América y que consolidó en los partidos posteriores a la consagración. No es poco para once futbolistas que no habían compartido cancha nunca y que se entrenan poco en conjunto. La gran virtud del cuerpo técnico y de este grupo de jugadores es que encontraron un molde que los representa y al que se acomodan muy fácil todos.
Se dijo en la previa. Era un encuentro muy útil para Scaloni. Con el invicto en juego, ante un estadio repleto y sin varias de las piezas más importantes de la estructura, era la oportunidad de ver hombres que han tenido pocos minutos. Y casi todos lo aprovecharon. Como colectivo, jugaron con la seriedad de un duelo internacional, sin ningún tipo de relajamiento.
Si frente a Uruguay, por ejemplo, hubo una ferocidad absoluta, esta vez la posesión de balón fue más paciente, pausada y menos vertiginosa. La ausencia de Rodrigo De Paul obligó a eso pero también la inactividad de Colombia, que de forma llamativa decidió no presionar y dejarle la iniciativa al local. Y eso es algo que la Albiceleste desea. Con la pelota se siente cómoda. Con titulares y con suplentes.
El jugador que mejor aprovechó esta doble jornada fue, sin dudas, Lisandro Martínez. Aún no había tenido su actuación redonda en el seleccionado, por eso fue tan importante su gran trabajo contra Chile y Colombia. Su criterio para salir es reconocido y Argentino lo utilizó muy bien. Muchas veces, el equipo creció desde su zurda. Además, estuvo muy sólido en la marca, fuerte y confiable. Se complementó muy bien con Nicolás Otamendi y con Germán Pezzella y se ganó un lugar en Qatar. Así de simple.
Otro que selló su pasaje fue Alejandro Gómez. En una posición diferente, como interior en el 4-3-3, el hombre de Sevilla se destacó por su habilidad para el uno contra uno pero también hizo jugar a la Selección con pases largos y gran manejo de tiempos. Una de las claves del partido fue la capacidad argentina para acelerar y encontrar el pase cuando aparecía el espacio. Y allí brilló Papu. Demostró que también puede ser un relevo en esa zona del campo y no solo en ataque.
Contra Colombia tuvo un muy partido casi perfecto Guido Rodríguez. Sin Leandro Paredes, el mediocampista de Betis trajinó entre Lo Celso y Gómez y dejó claro que su perfil es necesario en el plantel. Salió bien con la posesión cuando fue necesario y también jugó retrasado para el despliegue de los laterales y la apertura de Martínez. Relevó con gran inteligencia y controló muy bien a los colombianos que jugaron por el centro.
Marcos Acuña es el titular y una vez más quedó demostrado. Otorga oxígeno a sus compañeros para presionar y atacar, tiene desequilibrio individual y potencia defensiva y su personalidad es un plus muy valioso. Como también lo es la de Gonzalo Montiel, quien aún pelea el puesto con Nahuel Molina pero que en esa ferocidad propia hace buen juego con la del equipo.
Lo Celso, Di María y Lautaro Martínez son tan indiscutidos como De Paul y Paredes. El nuevo jugador de Villarreal tiene un perfil que no hay en el plantel y el de PSG no solo fue el más ovacionado junto a Emiliano Martínez, sino que también llevó la cinta de capitán con naturalidad. Ya tuvo su revancha histórica y está a las puertas de convertirse en una leyenda nacional. ¿Lautaro? un gol por partido. No hay mucho que discutir. Siempre aparece.
El único que no entró en la tónica del equipo fue Lucas Ocampos, alejado del juego y sin rebeldía para encarar, salió en el segundo tiempo y le dejó su lugar a Maximiliano Meza, quien mostró ganas y entró bien en el espíritu colectivo pero no tuvo oportunidades ofensivas. Otro que mostró vigor fue Paulo Dybala, uno de los más pedidos por la hinchada cordobesa. Su presencia en Qatar todavía es una incógnita e intentó ayudar a despejarla con arranques individuales y buen criterio.
Los ingresos de Emiliano Buendía, Nicolás González y Lucas Martínez Quarta fueron cerca del final y no pudieron expresarse demasiado más allá de las lógicas ganas.
En definitiva, ni siquiera las bajas más complejas que se podían presentar resintieron el funcionamiento de una Selección Argentina cuya actitud, ferocidad y buen juego ya no sorprende. Con la certeza de que hay variantes, ahora solo queda mantener las virtudes hasta la Copa del Mundo. Y soñar.
