Dirán los #ChivaHermanos, inmersos en un estado de gracia poco habitual, “sólo falta que se lleve al técnico Gabriel Milito”.
LOS ÁNGELES -- La satisfacción es de Chivas. La aflicción es de Chivas. Siete convocados para el partido contra Islandia. Queda claro que Javier Aguirre pretende tapar los hoyos del Tri, destapando hoyos en las aspiraciones al título del Guadalajara.
Están recurrentes: Tala Rangel, Hormiga González, Piojo Alvarado, pero se agregan Efrain Álvarez, Brian Gutiérrez, Diego Campillo y regresa Richard Ledezma.
Ya se sabe que están en observación el lesionado Luis Romo, la pujanza del Cotorro González y además le gusta la saña de dos peros rabiosos como el Oso González y Daniel Aguirre.
No tiene más opciones Javier Aguirre. Un ojo al disperso nosocomio que tiene por Europa, y el otro ojo volteando hacia el mejor equipo del torneo –en futbol y puntos--, como lo es Chivas.
Unas veladoras en las enfermarías y a las enfermeras de Edson Álvarez, Santi Giménez, Rodrigo Huescas, Chino Huerta, Luis Chávez y demás etcéteras, y otras veladoras para que en Verde Valle no haya más lesionados, ni decaiga el ritmo de juego.
Dirán los #ChivaHermanos, inmersos en un estado de gracia poco habitual, “sólo falta que se lleve al técnico Gabriel Milito”. No den ideas.
Para colmo, la sede de este partido contra Islandia es una sede maldita, como lo es el Estadio La Corregidora de Querétaro, un recinto que iba a ser vetado de por vida tras la grotesca y bestial embestida contra aficionados del Atlas, que enlutó, aunque lo nieguen, hogares tapatíos.
Encima, este coliseo es el hogar de un equipo lastre, parásito de la Liga MX, habitante encariñado ya con la zona de cloacas del futbol mexicano. Si desaparece nadie acudiría a su funeral.
¿De qué le sirve este partido a Javier Aguirre? Futbolísticamente menos de lo que pudieron aportar las visitas a Panamá y Bolivia. Pero, se sabe, Aguirre y su cuerpo técnico no están en un escenario de ensayos tácticos, ni tampoco de prodigar formaciones o variantes, sino, estrictamente de tratar de hurgar en la cabecita de los convocados para saber a quiénes les sobra el hambre de gloria y a quienes sólo les abruma el hambre de contratos y de los altares en redes sociales.
América aporta a cuatro jugadores: Luis Malagón, Israel Reyes, El Chiquito Sánchez y Alexis Gutiérrez. Nada sobresalientes en 2025, y titubeantes en este 2026, pero los dos primeros están en esa lista –ociosa y hasta mentirosa--, del “80% de jugadores elegidos”, por El Vasco para el Mundial.
Porque, además, para Javier Aguirre no hay alternativas. Hoy, como quedó claro desde hace tiempo, el problema no es completar la lista de 26, sino poder conformar una lista de 26 que puedan ayudarle a sustentar su promesa del primer día: “Un Mundial 2026 que sea histórico”.
Por eso, veladoras en Europa y veladoras en la capilla del Estadio Akron. Porque hoy no le queda de otra: para tapar algunos hoyos de la Selección Mexicana, necesita destapar hoyos en las Chivas.
Javier Aguirre, en otra sesión de contradicciones, aseguró que no hay camisetas entregadas a nadie, y que las puertas están abiertas para todos, absolutamente para todos. Y se comprometió a no perpetrar la inocentada de Gerardo Martino, de llevar futbolistas a rehabilitarse en plena copa del Mundo, como lo hizo el Tata con Raúl Jiménez y Funes Mori.
Después de Islandia, México enfrentará a Portugal, Bélgica, Ghana, Australia y Serbia, para reportarse listo ante Sudáfrica, el 11 de junio en la inauguración del Mundial.
Como sea, el tiempo se acorta y la lista de dudas y vacantes confiables para el Tri mundialista, sigue siendo larga.
