Vivió bajo una tribuna del Parque, le negaron la 14 de Cruyff y trancó con la cabeza a Rooney: la vuelta de Lodeiro a Nacional

Barrio Obrero, Paysandú. La distancia no fue impedimento para que sus padres lo llevaran al cuadro de su hermano mayor. Allí corrió por campitos y canchas peladas de su ciudad natal. Libre, sin ataduras ni compromisos más allá del de la diversión.

Pero el baby fútbol se terminaba. Y por la cabeza del chiquilín rondaba la pregunta sobre qué hacer de ahora en más. En verano jugaba al básquetbol de base y al vóleibol de armador. Pero tenía claro que, por una cuestión de estatura, esas no eran opciones posibles.

Hasta que se abrió una ventana. Paysandú Bella Vista subió al profesionalismo y para ser habilitado a jugar los torneos de la Asociación Uruguaya de Fútbol debía presentar divisiones formativas.

Se ilusionó. El Bella Vista le quedaba cerca de su casa. Podía ir caminando a entrenar. Fue, pero no se fichó.

Sin embargo, el destino le tenía deparada una sorpresa. Nacional organizó un campamento en Salto, departamento vecino de Paysandú, y allá lo llevaron.

Jugó entreverado entre un centenar de botijas que tenían la misma ilusión, ser seleccionados para defender a la Séptima División de Nacional.

Al finalizar el movimiento los captadores se apersonaron ante su papá y le preguntaron si podía viajar esa misma noche a Montevideo. El chiquilín quedó deslumbrado. No entendía nada. Aquel sería su primer viaje a la capital.

Un buen día llegó con su papá a Montevideo y antes de empezar el movimiento le hicieron una pregunta de rigor: ¿Cómo te llamás vos? Nicolás Lodeiro, respondió el tímido botija de Paysandú. Ahí se movió tres o cuatro días y cuando lo despidieron le dijeron lo mismo que le decían a todos: “Te vamos a llamar”.

Pero a diferencia de otros que esperaron toda la vida el llamado, el teléfono de los Lodeiro sonó. Como estaba cursando el liceo, acordó venir a la capital viernes, sábado y domingo. Hasta que, a fin de año, se confirmó su fichaje bajo una condición: tenía que vivir en la capital.

Vivir en el viejo Parque

Y el chiquilín se vino a vivir solo a la capital. Como en ese entonces la pensión del club no estaba en buenas condiciones, “porque a veces el agua salía fría, no había mucha comida, y hacíamos un sacrificio grande”, reveló Lodeiro en una nota con El Gráfico, se fue a vivir debajo de una de las tribunas del Parque Central.

En la nota con la revista argentina, Lodeiro recordó que no salía mucho por temor a perderse en la capital, y no olvida las noches donde fue alcanzapelotas de los partidos de Nacional en la Copa CONMEBOL Libertadores.

Desde esos tiempos de adolescente, Nico Lodeiro vivió Nacional desde adentro: “Limpiábamos las tribunas, el gimnasio del Parque Central, prendíamos la caldera... La verdad, nos divertíamos mucho”, rememoró.

Sus primeros pasos en cancha grande los dio en Nacional bajo la conducción de Alejandro Garay, que más que un técnico, fue un guía. No en vano trabajó muchos años durante el proceso de Oscar Tabárez en las Selecciones formativas de Uruguay.

Un 19 de agosto de 2007, frente a Fénix en el Estadio Centenario, el técnico Daniel Carreño hizo debutar a Nico Lodeiro en el primer equipo. El partido terminó 1 a 1 y los compañeros de aquel día fueron Muslera, Adrián Romero, Barone, Pablo Da Rosa, Pablo Caballero, Marcelo “Pato” Sosa, OJ Morales, Agustín Viana, Cauteruccio y Bruno Fornaroli.

El festejo del zapato

Nicolás Lodeiro se consolidó en el primer equipo de Nacional. Dos años después de su debut fue convocado para defender a la Selección de Uruguay en el Repechaje contra Costa Rica por un lugar en el Mundial de Sudáfrica 2010.

El Maestro Tabárez, que lo tenía visto de las selecciones juveniles, lo hizo debutar en el juego de ida jugado en San José de Costa Rica.

En Nacional jugó su último partido en enero de 2010, un clásico de verano contra Peñarol, y se fue dejando el inolvidable recuerdo de la particular forma de celebrar los goles.

Nico se sacaba el zapato y simulaba hablar por teléfono. ¿A quién llamaba? “Cuando me vine a Montevideo no estaba la moda del teléfono y pasaron unos días sin llamar a mi padre. Mi viejo quería hablar de fútbol conmigo y se venía el clásico y le dije te voy a llamar desde la cancha. Hice el gol y me saqué el zapato. Entonces festejar así fue la forma de saber qué siempre está conmigo, es la forma de recordarlo”, contó Lodeiro.

La 14 es de Cruyff

Nicolás Lodeiro fue negociado al Ajax de Holanda, el mítico club donde lo esperaban Luis Suárez y Bruno Silva. Apenas llegó pidió el número de camiseta que lo identificaba y con el que había jugado en Nacional y en la Selección: el 14.

Pero se encontró con una respuesta que lo obligó a cambiar el dorsal de su camiseta: “Acá la 14 no se puede usar… era la de Cruyff”. Y no tuvo más remedio que jugar con la 45.

Luego de dos años en Holanda, la carrera de Lodeiro continuó en Brasil donde defendió a Botafogo y Corinthians.

Allí fue protagonista de un hecho poco común: jugó dos partidos en dos días. El martes 10 de setiembre de 2013 fue titular en la Selección de Uruguay y jugó 45 minutos en el partido que la Celeste le ganó 2-0 a Colombia en el Estadio Centenario. Al día siguiente, miércoles 11 de setiembre de 2013, se bajó del avión y fue titular -jugando 83 minutos- en su equipo Corinthians que perdió 0-1 ante Botafogo.

Después se fue a Boca Juniors, donde también dejó su huella hasta que, en el año 2016, pasó a jugar en la MLS estadounidenses donde defendió a Seattle Sounders (2016-2023); Orlando City (2024-2025) y Houston Dynamo (2025).

Paralelamente, Lodeiro jugó por la Selección de Uruguay. Vivió el sueño mundialista de 2010, levantó la Copa América en Argentina 2011, y jugó los mundiales de Brasil 2014 y Rusia 2018.

En el máximo evento fue protagonista de dos anécdotas que quedaron para la historia. El caño que le tiró al italiano Pirlo y el partido contra Inglaterra donde se tiró a trabar una pelota con la cabeza ante Wayne Rooney.

Aquello fue algo que aprendió desde niño: “Yo creo que va un poco en la naturaleza de Uruguay, en la característica del jugador uruguayo. Si bien le gusta al hincha y a la gente que se juegue bien al fútbol, en la sangre tenés que tener eso de sacrificio, de humildad, de correr, de ir a todas, de no dar pelota por perdida. Si un jugador tiene calidad y goles y le suma eso lo vuelve mucho más completo. Por naturaleza yo también lo tengo y lo aprendí en Uruguay”, expresó en una entrevista que brindó al sitio oficial de la Copa América en 2015.

Después de un extenso recorrido y tantas vivencias, Lodeiro decidió que era momento de pegar la vuelta y volver con la misma ilusión con la que albergó sus sueños viviendo debajo de una de las tribunas del viejo Parque Central.