"¡Alegría, alegría!": Las locuras de Ruben Sosa

Sosa fue un jugador reconocido por sus festejos característicos. @Nacional

Rubén Sosa ha podido exteriorizar su alegría en festejos tan inéditos como increíbles e insólitos.

Su regreso en 1997 a Nacional no pudo evitar el quinquenio de Peñarol, pero fue fundamental para que el tricolor volviera a obtener el título de Campeón uruguayo en 1998. Y no sólo desde el aspecto futbolístico, donde fue pieza clave en el equipo dirigido por Hugo De León con su rendimiento y sus goles (fue el máximo goleador del año con Martín Rodríguez de River, ambos con 13 tantos), sino que su carisma y su espíritu contagiaron a sus compañeros e hinchada en un momento deportivo muy difícil.

Su alegría la trasladaba a los festejos como en el clásico del Torneo Apertura de 1998, que tuvo triunfo tricolor por 4 a 2. Luego de anotar un golazo de tiro libre, Sosa sacó una pequeña bandera de Nacional debajo del brazalete de capitán y la revoleaba con su particular sonrisa. Ese festejo lo reiteraría en distintas oportunidades, inclusive llegando a encabezar una fila con sus compañeros que giraba alrededor de un banderín del córner.

Además de su pelo pintado en tres colores, para la última fecha del Apertura ’98 (que ya el tricolor había obtenido), dejó lista una botella de champagne en el córner de las tribunas Colombes y Olímpica, y cuando marcó su gol en el triunfo ante Huracán Buceo lo celebró bebiendo un sorbo de esa botella.

Varios de sus curiosos festejos fueron relatados por el escritor Miguel Méndez en el libro Beckham nunca conoció Durazno y otras historias insólitas del fútbol uruguayo. En dicha obra, se recuerda que para 1999 el Principito jugó con la camiseta número 100 debido al centenario del club y en un partido ante Deportivo Maldonado luego de convertir de tiro libre fue a buscar una torta de cumpleaños que había escondido detrás de la estática para celebrar con sus hinchas un nuevo aniversario tricolor.

Sin embargo, la mejor historia de este futbolista hincha fanático de Nacional fue una que no se pudo llevar a cabo. En la obra citada, se detalla que para la última fecha del Apertura ’99 (ante River en el Centenario) Sosa "imaginó ingresar al campo de juego en helicóptero y comenzó las gestiones para lograrlo".

Sosita llegó a llamar a quien por entonces era el Presidente de la República, el doctor Julio María Sanguinetti (hoy Presidente Honorario de Peñarol). El diario Últimas Noticias relataba en junio de 1999 que el mandatario le explicaba al jugador lo peligroso de la idea y que debía requerirse una prueba, ya sin tiempo para realizarla.

Tras varias negativas, el capitán de Nacional debió darse por vencido pero se le ocurrió un plan B: descender en un globo aerostático. Esta segunda opción tampoco era posible, por lo que Sosita se debió ‘conformar’ con ingresar a la cancha en limusina junto a algunos de sus compañeros.

Efectivamente ante River el 13 de junio de 1999, ‘Sosita’, el ‘Chispa’ Delgado, Gustavo Varela, Gustavo Munúa y el ‘Chengue’ Morales ingresaron al campo de juego del Estadio Centenario en un lujoso vehículo y dieron la vuelta olímpica con la Copa del Torneo Apertura.

Si bien el partido fue victoria darsenera y el Campeonato Uruguayo de ese año lo terminó ganando Peñarol, Sosa expresó alegría hasta el final de su carrera (y aún hoy la mantiene); como cuando en el Apertura 2000 ante Frontera Rivera celebró un gol realizando una llamada usando la cabina telefónica del estadio Centenario. Sus goles y festejos siguieron contagiando y generando risas para reafirmar lo que siempre sostuvo: “Para mí, el fútbol es divertirme”.