Las Fernández Ladra: El regreso al nido y la búsqueda de pertenencia

Hay nombres que, en el ambiente del hockey, funcionan como sellos de calidad. Las hermanas Fernández Ladra, Magdalena y Milagros, llevan consigo el peso del título mundial junior 2016 y el roce de haber defendido la camiseta de Las Leonas en una Copa del Mundo. Sin embargo, la verdadera noticia hoy no son las vitrinas del pasado, sino el presente de sintético y club. Tras años de caminos bifurcados —uno en el corazón del Metropolitano y el otro en la exigente liga española—, el destino y el deseo las volvieron a juntar en Andersen. No es solo un regreso; es la decisión de dos artesanas de elite de volver a compartir el mismo taller para construir algo propio.

El oficio de la remontada

El duelo de la sexta fecha del Metropolitano "C" contra C.U.B.A. fue una prueba de carácter que sirvió de bautismo para este reencuentro. En el hockey, como en la vida, a veces el físico del rival parece imponerse, y el marcador lo reflejaba: un 1-3 que obligaba a Andersen a buscar respuestas donde solo hay cansancio. Pero ahí apareció la jerarquía. “Ellas corren mucho, son fuertes, y a veces a nosotras nos cuesta ese juego. Pero tuvimos la calma para darlo vuelta. Con paciencia y planteando lo que veníamos a hacer, lo logramos”, explica Magui tras sellar un 5-4 vibrante. En esa remontada, la pieza que faltaba empezó a encajar: Mili aportó la calidad ofensiva y el olfato de gol, anotando por duplicado y demostrando que su regreso no es para "pasar el rato", sino para elevar la vara del equipo.

La "hinchada" del corazón

Milagros pasó seis años en Santander, disfrutando de la belleza de la costa española y de una liga competitiva, pero el alto rendimiento tiene un costo invisible: la soledad de la distancia.

El regreso de Mili a Argentina no fue una claudicación profesional, sino una necesidad de reconstruir su red personal. “Se me estaba haciendo cuesta arriba estar afuera”, confiesa Milagros con la honestidad de quien ya no tiene nada que demostrar. “Extrañaba mucho a la familia. En Argentina tenés esto: la gente, poder compartir con mi hermana, tener a mis viejos y mi cuñado ahí afuera. Es lo que yo llamo 'la parte de la hinchada de la familia'. Eso es lo que más me tiró a volver”. Ese "pequeño corazón azul" que compartieron en Banco Nación volvió a latir cuando Magui le abrió las puertas de Andersen, un grupo que Milagros ya sentía como propio tras los entrenamientos del año anterior.

El espejo de la admiración

Lo que hace que esta "artesanía humana" sea especial es la mirada cruzada. Para Magui, la llegada de su hermana le sumó al equipo una cuota de calidad y gol que hoy es diferencial. Para Mili, en cambio, hablar de Magdalena es hablar de su máxima referente: “Para mí, Magui es literal la mejor jugadora del mundo. Es referente, es compañera, es todo. Tiene un poco de táctica, un poco de técnica, cabeza y alma. Es una jugadora completa”, hizo mención la hermana mejor.

El proyecto en construcción

Andersen se está edificando y Magui es clara al respecto: “Yo creo que es un trabajo de años ya, los dos años anteriores nos tocó quedarnos capaz que en la puerta hasta el último partido, sin saber si quedábamos abajo o si entrábamos a jugar quizás que el repechaje para poder ascender. Lo venimos laburando muy bien, siento que este es el año, que se está demostrando todo el esfuerzo que venimos haciendo, entrenando hasta cualquier hora para afinar detalles, el club nos está brindando todo, todo, queremos bochas nuevas, las tenemos, queremos las protecciones para defender mejor el corto, lo tenemos, entonces creo que nos lo merecemos, más allá de que, obviamente, después los partidos hay que jugarlos y más allá del juego estamos saliéndolos con todo, con ganas, a correr, no parar de correr, y que el partido se dé como se dé, pero tratar de llevarnos los tres puntos siempre”, cerró la capitana.