Hay relatos deportivos que escapan a la frialdad de las estadísticas para instalarse de lleno en el territorio de la emoción colectiva. En el universo del Torneo Metropolitano, pocos nombres encarnan con tanta fidelidad la resiliencia, el liderazgo silencioso y el amor incondicional por los colores como el de Inés Martínez Ferrario. A sus 45 años, y con una escena familiar que incluyó a sus hijos y a su madre como testigos privilegiados al borde del sintético, la referente de Regatas de Bella Vista sintetizó lo que significa ser el espejo en el que se mira todo el club de la zona noroeste de Buenos Aires.
Al repasar el camino transcurrido hasta este presente de madurez y consagración deportiva, la emoción aflora de inmediato. Lo que para cualquier deportista promediando las cuatro décadas de vida podría ser una etapa de cierre, para Inés se transformó en la materialización de un anhelo colectivo largamente postergado. Lejos de los personalismos, la jugadora remarca que el hito alcanzado es el fruto maduro de una siembra comunitaria: "Es un montón, la verdad. Lo soñamos siempre, toda la vida, y este es el resultado del esfuerzo de todos, de todas las familias del club y de un equipo que supo tener la madurez y el crecimiento necesarios para estar hoy acá. Regatas es todo esto que está acá, así que el orgullo de poder pertenecer es enorme".
La exigencia física y mental de mantenerse en la alta competencia a los 45 años no es moneda corriente en el hockey de primer nivel. Con una dosis justa de autocrítica y una gratitud infinita hacia sus compañeras, Inés reconoce el privilegio de seguir pisando una cancha de máxima exigencia: "Es un privilegio absoluto que nunca imaginé poder vivir a esta edad. Estoy eternamente agradecida a todo el equipo por bancarme, por permitirme disfrutar a la par de ellas, aprender día a día y aportar mi grano de arena. Todo esto es para ellas, porque se lo merecen y porque son las encargadas de sostener este legado de cara al futuro".
La raíz del esfuerzo: la voz que conoce cada paso
Detrás de una trayectoria tan extensa y exigente, la red de sostén familiar opera como el motor invisible en cada pretemporada y de cada fin de semana de competencia. Consultada sobre el significado de ver a su hija elevar la vara de manera sostenida a lo largo de los años, su madre abrió el corazón con una definición de una profundidad conmovedora, desnudando el motor íntimo que la impulsa: "Ella tiene un 'yo' adentro, tiene muchos ‘yo’... pero uno de los ‘yo’ que tiene es ese que se levanta y se levanta continuamente y empuja. Por eso estamos acá, y Regatas está donde está porque se lo ganó por completo, no hay casualidades".
Ese espíritu de lucha colectiva es el que le da sustento a un plantel que entendió cómo reinventarse. Cuando se le interroga sobre el porqué de este presente inmejorable para la institución del remo, Inés no duda en apuntar al mérito absoluto del grupo y a la convicción de un plantel que supo sufrir y crecer a la par.
El futuro y la filosofía del presente absoluto
Ante la inevitable incógnita sobre si la parcialidad de Regatas podrá disfrutarla dentro del rectángulo de juego durante una temporada más, la referente opta por la sabiduría de la experiencia y desecha cualquier planificación a largo plazo. A esta altura de su vida deportiva, la urgencia del futuro deja paso a la contemplación del presente: "Ay, qué pregunta... No sé si voy a llegar a jugar o si las voy a acompañar desde la línea, pero por lo menos algún partido, sí. Año a año, esto es paso a paso. A esta edad ya no se puede especular: se vive el momento y se disfruta cada minuto".
Regatas de Bella Vista celebra por estos días la consolidación de un proyecto deportivo maduro, pero sobre todo abraza el reflejo de una jugadora que hizo de la perseverancia su estandarte. Inés Martínez Ferrario sigue escribiendo las páginas doradas de su historia con la familia como fiel testigo y el corazón aferrado para siempre a los colores de su club.
