El mundial se vive en su máxima expresión en Río de Janeiro

RÍO DE JANEIRO -- El Mundial se vive en su máxima expresión en Río de Janeiro. Aquí se han concentrado la mayoría de los turistas futboleros del mundo, pero sobre todo los sudamericanos.

Argentinos, chilenos, bolivianos, peruanos, ecuatorianos han llegado al paradisiaco lugar. Y se distinguen gracias a sus camisetas. También hay europeos: suizos, alemanes, portugueses, franceses, holandeses, ingleses, italianos, croatas, bosnios, algunos españoles, también se distinguen por sus playeras.

Los hinchas del Viejo Continente buscan entender la pasión sudamericana con los cánticos. Tratan de competir, pero no lo logran porque en número son superados. Además se pueden observar australianos, estadounidenses y sobre todo mexicanos. Muchos de los compatriotas llegaron sin boleto y sólo están aquí para disfrutar de la celebración mundialista. También están los brasileños, que cuando juega su equipo se tiene que cerrar la Avenida Atlántica, la principal en Copacabana, para darle cabida a su pasión, esa que en otras ciudades existe, pero que no es representada de la misma forma.

Aquí realmente se encuentra la fiesta del mundial. Lo que algunas ciudades falta: color, sabor y pasión por el futbol, en Río sobra. En cada partido, hay centenas de aficionados reunidos en el Fan Fest o por toda la bahía de Copacabana. En cada rincón hay una fiesta interminable. Cánticos de las diversas selecciones se pueden escuchar, una mezcla de la cultura de cada país por ratos. Unos minutos cantan los chilenos, después los argentinos, los holandeses, ingleses, franceses y hasta los mexicanos.

La mezcla de identidades es interminable. De un lado de otro se observan diversas tradiciones futboleras, algunas conocidas y otras no tanto. La común denominador es el futbol. No importa si se habla español, inglés, portugués, holandés, alemán, japonés, chino, francés o italiano. Aquí el idioma en común es el gol.

Las señas son un instrumento básico en el entendimiento. Si faltó fuerza se aprieta las palmas, si le faltó velocidad se usan las manos moviendo de un lado a otro para entenderse. Si se requiere un festejo, todo mundo se abraza. Las banderas dan identidad, al igual que las camisetas. Si hay un gol holandés, se festeja por parte de los aficionados tulipanes igual que los argentinos o chilenos, agradecidos por el buen futbol. Lo mismo pasa cuando anotan los ticos, todos agradecen el 'jogo bonito'.

Mientras los turistas brincan y cantan, los cariocas siguen con su vida cotidiana. Su riqueza deportiva es admirable. Desde las siete de la mañana hay niños practicando futbol o voleibol en la playa; señores corriendo por la bahía y otros más en bicicleta. Desde la mañana hasta la noche. Una vida paralela llegó a Río, la segunda ciudad brasileña más poblada. Mientras los cariocas tratan de disfrutar su monotonía, los turistas intentan cambiarla.

Río es la capital del Mundial. Aquí se pueden tener paisajes de ensueño, entre el Pan de Azúcar y el Cristo Redentor. Pero caminar por los diversos barrios de la ciudad también es una sorpresa. La más famosa es Copacabana e Ipanema. Pero hay otros como Botafogo y Flamengo, también conocidos por sus equipos de futbol, que presentan opciones de cultura futbolística.

Río albergará la Final de Futbol, pero también otros partidos cinco partidos, tres más de la fase de grupos, uno de los Octavos de Final y otro más de los Cuartos. Es decir, que la fiesta en este lugar apenas inicia. Los días de la fiebre mundialista continuarán.