"Preferiría los Olímpicos que el dinero": Paola Pliego

Paola Pliego. Getty Images

MÉXICO -- Paola Pliego es la protagonista de una resolución histórica. Un juez le acaba de dar la razón en el juicio que interpuso por daño moral contra la Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte (Conade). La razón: un falso positivo que la dejó fuera de los Juegos Olímpicos de Río. Hoy contesta el teléfono desde París, su lugar de residencia, con una voz agridulce, a pesar del triunfo en los tribunales que le dará 15 millones de pesos: “Si pudiera regresar cuatro años el tiempo, preferiría los Olímpicos que el dinero, pero bueno. Así me siento”.

Su voz se entrecorta cada vez que interviene en el teléfono: “No sé cómo me siento, porque para mí es algo que, desde el principio, yo sabía que era inocente. Sabía que no lo había hecho, entonces para mí que sea cuatro años después ver que ya pasó todo, pasaron las Olimpiadas, acabé en otro país y al final yo siempre tuve la razón, creo que es algo que no me hace sentirme contentísima. Simplemente me siento bien que se haya hecho justicia y que se pueda ver que desde el principio yo siempre dije la verdad”.

Continúa Paola: “Los sueños no tienen precio. Creo que es muy importante saber que estás haciendo algo con tu vida y eso me lo quitaron. Es algo que todavía no lo he encontrado. Ha pasado tiempo y todavía no me siento igual que como me sentía hace cuatro años y es algo para mí que no se puede compensar, pero por lo menos se ve que se puede hacer justicia. Que no tenemos que rendirnos, que siempre podemos alzar la voz”.

Hay algo más que los juicios y las resoluciones a las que obligan las autoridades. La esgrimista espera algo más: “Nunca he recibido una disculpa, siempre he querido que acepten lo que me hicieron, que no finjan que no pasó nada, como lo han hecho desde el principio. También me habría gustado que la Conade hiciera una investigación para saber exactamente que pasó y un perdón, un lo sentimos. Eso es lo que más busqué de todo”.

Mientras tanto, día a día entrena a más de 10 mil kilómetros de su país en la búsqueda del mismo sueño: los Juegos Olímpicos. Como consecuencia de la falta de respuestas de las autoridades mexicanas, hace unos meses anunció su cambio de nacionalidad. Hoy su pasaporte dice Uzbekistán, pero su corazón sigue cerca de casa: “Para mí sigo representando a México, soy mexicana y a mí nadie me lo quita y para mí, si estoy en una competencia soy mexicana y represento a México siempre en mi corazón.

Es difícil para mí competir con otra bandera, que suene otro himno nacional que no sea el mío es algo difícil, algo que siento que también me quitaron y otra cosa más a la que me tengo que adaptar y tengo que aceptar. Pero estoy tratando de calificar a los Olímpicos, de entrenar, de salir adelante con mi vida”. La conversación termina, pero no la promesa de que quedan muchas historias sobre la mesa.