"Podría haber muerto": el calvario tras el retiro del jugador sudamericano que brilló 20 años en la élite del rugby

Rodrigo Capó Ortega jugó más de 400 partidos con el Castres Olympique entre 2002 y 2020, con el récord de presencias y el título en dos ocasiones en el Top 14, además de representar al seleccionado uruguayo en 41 tests. A los 39 años, le puso fin a su carrera, pero el cierre no fue como él lo esperaba.

"Su vida después del rugby se detuvo de repente, ya que dejó de jugar durante la pandemia ", contó su esposa, Julie en una reciente entrevista concedida a la periodista Manon Moreau para el medio francés Midi Olympique, antes de añadir: "Jugó su último partido sin siquiera saberlo. Había imaginado mucho el final de su carrera, después de más de 20 años en el club; de alguna manera veneraba este momento, y es cierto que no lo esperábamos. Incluso pensó que podría volver, pero entonces llegó el confinamiento".

La pesadilla post retiro para Rodrigo Capó Ortega

El confinamiento producto del COVID 19, allá por 2020, acabaría convirtiéndose en una pesadilla para el uruguayo. El comportamiento del exjugador del Castres estaba cambiando gradualmente. Julie, tenía un trabajo intenso y los hijos que le demandaban gran parte de su tiempo: "No me daba cuenta de lo que estaba pasando. Rodrigo es un luchador, así que nunca imaginé que pudiera caer tan bajo. No dejaba de pensar: 'Todo va bien, tenemos una casa, hijos sanos y el Castres no lo ha abandonado ', ya que le habían ofrecido el puesto de entrenador del Espoirs (equipo M21). No quería ver a Rodrigo caer en el infierno".

Tras caer en el alcoholismo y la drogadicción, Rodrigo Capó Ortega ocultó la verdad e intentó, en la medida de lo posible, encubrir sus acciones cuando su esposa empezó a sospechar. Julie pronto se dio cuenta de que nada era igual: "Algunas personas me decían que Rodrigo actuaba de forma extraña. Es cierto que no lo reconocía… Él era el responsable de llevar a los niños al colegio, y yo recibía mensajes del colegio porque Rodrigo no los había llevado. No se levantaba por las mañanas. Veía cómo disminuían los ingresos… Se estaba volviendo cada vez más violento verbalmente, y la situación se tornó violenta físicamente. En ese momento, ni siquiera consideré la posibilidad de que hubiera caído en el alcoholismo y la drogadicción".

La familia fue clave para afrontar la realidad y con la advertencia de su hermana, Julie se dio cuenta que debía ir a fondo: "Con lo que tomaba, podría haber muerto. Tenía el corazón destrozado. Tenía que encontrar una solución. Me sentía completamente sola. La gente empezó a hablarme de desintoxicación. Así que me quedé en casa para cuidarlo. Por suerte, Rodrigo aceptó recibir tratamiento". Tras una larga búsqueda, finalmente decidieron la internación.

El apoyo de su club Castres, fue crucial, gracias a Julie: "Llamé al presidente del club y fue comprensivo. Rodrigo había dedicado 20 años de su vida al club, así que fui completamente sincera con Pierre-Yves Revol. Nunca mentí sobre la condición de mi esposo. Le prometí que volvería y le pedí que le guardara un lugar en el club. Tenía fe en Rodrigo; sabía que se recuperaría. El presidente del club también tenía fe en él. Eso fue lo que le permitió seguir adelante". Una vez que se rehabilitó, Pierre-Yves Revol cumplió su promesa y la vida volvió a la normalidad para la familia Capó Ortega.

Hoy, Rodrigo se forma en programación neurolingüística y da charlas en clubes para concienciar a los jugadores sobre la salud mental. "Veo que le apasiona lo que hace, así que lo apoyo y lo motivo. Cuando se siente mal, estoy ahí para él. No quiero que recaiga en sus viejos hábitos, así que lo animo en este nuevo camino. No tengo ningún consejo que darle, pero lo que sí puedo decir es que es importante construir una base familiar sólida y, sobre todo, planificar la vida después del deporte. Aunque creas que nunca sucederá o que solo les pasa a los demás, hay que recordar que siempre existe un riesgo. Por eso es importante rodearse de la gente adecuada", concluye su esposa.