Rod Laver, en el nombre del tenis

Para los millennials, el nombre Laver solo puede ser relacionado con la Copa que en 2017 dio a luz un torneo entre los mejores de Europa y el Resto del Mundo. Sin embargo, para que semejante exhibición lleve su nombre significa que en algún momento de la rica historia del tenis, Rodney George Laver significó el tenis mismo.

Once títulos de Grand Slam, cinco de ellos de la Era Abierta, avalan al hombre que dominó en los años sesenta cuando compartía circuito con tenistas de la talla de Roy Emerson, Manolo Santana o Andrés Gimeno. Logró el Abierto de Australia en 1960, 1962 y 1963; Roland Garros en 1962 y 1969; Wimbledon en 1961, 1962, 1968 y 1969; y el US Open en 1962 y 1969.

La casualidad quiso que su nacimiento coincidiera con el gran año del estadounidense Don Budge, el primer tenista que logró la hazaña de encadenar los cuatro Grand Slams en una misma temporada. Mauren Connolly (1953), Margaret Smith Court (1970) y Steffi Graf (1988) pueden anotarse en esa destacada lista. Nadie más. Ni siquiera Pete Sampras, Bjorn Borg, Novak Djokovic, Rafael Nadal y Roger Federer.

El australiano puede colgarse dos medallas si viene al caso. Ya que lo logró en 1962 y 1969. Entre medio ocurrió algo que minó sus planes de agrandar las vitrinas. Al convertirse en profesional, le prohibieron la participación en los Majors en los cinco años posteriores a 1963 hasta la llegada de la ansiada Era Abierta.

Pese a esta situación, Laver pudo destacarse por implementar el novedoso top spin, altamente desarrollado años después y probado con sumo éxito por Guillermo Vilas y Rafael Nadal, especialmente. De no mucha altura y una zurda veloz, su juego se basaba en un saque y una volea bien aceitados aunque no perdía agresividad desde el fondo. Se adaptaba con facilidad a todas las superficies y por eso levantó trofeos tanto en canchas rápidas como en canchas lentas en cantidades similares.

Títulos que ni los libros pudieron contabilizar a ciencia cierta. Algunos hablan de hasta 184 entre 1959 y 1976. Otros sólo cuentan los de la Era Abierta y esos llegan hasta 78. Lo irrefutable de los números es que Laver ganó cuatro de cada cinco partidos (récord de 652-161 según ATP) que jugó como profesional pero tuvo la mala suerte de que no existiera durante gran parte de su carrera una clasificación de jugadores fiable como el actual ranking ATP. Por eso su mejor ubicación histórica dice que es el tercer lugar aunque es imposible no emparentarlo con el 1.

Ganó cinco Copas Davis (1959, 1960, 1961, 1962 y 1973) y acumuló un millón y medio de dólares, bien lejos de los valores que se manejan en la actualidad y equivalen quizás a un solo torneo. Ese joven mundo que nunca la vio jugar pero que lo siente cuando escucha el nombre del estadio principal del Abierto de Australia.