El secreto a voces del que nadie quiere hablar

ESPN Illustration

CORRE LA TARDE del 26 de febrero, durante una serie de tres partidos en cuatro noches y el pívot del Miami Heat Hassan Whiteside está arrollando en la cancha. Mañana por la noche, su equipo del Heat recibirá la visita de los Golden State Warriors, para después volar en dirección a Houston para enfrentarse a los Rockets el 28 de febrero. Pero actualmente, Whiteside se encuentra pensando con respecto a la hora en la cual terminará el partido de los Warriors (10 p.m.), cuándo abordarán su vuelo (11:30 o después), cuándo llegarán a Houston (2 a.m.) para pernoctar en su hotel (él cree que será aproximadamente a las 3) antes de jugar contra los Rockets ese mismo día. "Y eso es lo que tenemos sólo para mañana", afirma.

El sueño importa, afirma Whiteside. Importa muchísimo. "Podría ser la diferencia entre tener el partido de tu carrera o jugar terriblemente". Sin embargo, aquí radica el gran dilema de la vida dentro de la NBA. Siendo algo tan importante, termina siendo algo particularmente escurridizo. Tal como dice Whiteside: "Se hace tan difícil obtener el sueño que necesitas".

En su lucha por dormir, Whiteside afirma aspirar a sumar unas horas de sueño dentro del avión que los llevará a Houston. Espera que la cama del hotel en donde se alojarán esté bien, aunque eso nunca está garantizado. Aspira que la melatonina que ingiere frecuentemente le ayude a dormir, aunque eso no es nada sencillo después de los partidos. Incluso con todo eso presente, ¿acaso es posible obtener sueño consistente y de calidad dentro del actual calendario de la NBA?

"Nah", responde Whiteside. "Es imposible. Es imposible".

Durante mucho tiempo, la fatiga ha sido una realidad de la vida en la NBA, una liga en la cual sus equipos disputan 82 partidos en menos de seis meses y suman hasta 50,000 millas de vuelo por temporada; aproximadamente 20,000 millas más que los equipos de la NFL y lo suficiente para dar dos veces la vuelta al mundo. Durante la temporada 2018-19, el equipo promedio de la NBA jugó un partido cada 2.07 días, tuvo 13 series con encuentros en jornadas consecutivas y volaron trayectos que totalizaron un equivalente a 250 millas al día durante 25 semanas consecutivas.

Algunos personeros vinculados a la liga, desde jugadores y entrenadores hasta miembros de planteles técnicos, han comenzado a sospechar que no existe una consciencia plena de las consecuencias de la lucha que representa la vida en la NBA (la combinación de las exigencias físicas de este deporte, las interrupciones circadianas, el periodo entre seis a ocho meses que pasan viajando entre distintas zonas horarias). Algunos de esos especialistas han comenzado a reunir datos. Y esos datos sugieren que la privación del sueño es la plaga silente dentro de la NBA; una especie de calamidad que afecta los cuerpos y mentes de los atletas de la NBA, con impactos amplios y profundos.

Un Gerente General de un equipo en la NBA lo denomina "un asunto muy importante". Otro Gerente General indica: "Contamos con una población importante de vampiros, tal como vamos... si sumamos los viajes, se hace peor. Todos queremos mejores soluciones a este problema". Un tercer ejecutivo afirma: "Es un verdadero problema para toda la liga".

Cuando se le pidió una respuesta sobre este tema, la NBA entregó un comunicado en el cual declaró que "la salud y bienestar de los jugadores sigue siendo un centro de atención importante para la NBA" y apuntó que "los cambios significativos en el calendario de partidos, la inversión en un nuevo programa de vuelos chárter, la orientación hacia los aspectos de salud y bienestar mental y los avances tecnológicos en dispositivos wearables... El sueño es un aspecto que vigilamos de cerca, como parte de estos esfuerzos".

Aún así y a pesar de los mejores esfuerzos dentro de la liga, entre los que se encuentra la extensión de su calendario en años recientes, la reducción de partidos disputados en jornadas consecutivas durante cinco temporadas consecutivas (hasta alcanzar promedio de 12.4 por equipo para la venidera temporada), la eliminación de cuatro partidos en cinco días, reducir la cantidad de partidos transmitidos a nivel nacional por televisión con hora de inicio pautada a las 10:30 p.m. hora del Este, la creación de más días de descanso; la privación del sueño sigue siendo lo que denomina una fuente de alto nivel en la NBA vinculada íntimamente con la salud de los jugadores como "nuestro mayor problema sin solucionar".

"Es el pequeño y sucio secreto del cual todos están enterados".

SENTADO EN SU BANCO del vestuario de visitantes del Staples Center, Tobias Harris mira a su alrededor. Señala a cada uno de sus compañeros, incluso a los miembros del staff técnico del equipo, uno a uno, de izquierda a derecha.

"Si le preguntas a cualquiera de los presentes en este salón", afirma Harris, "si hay algo de lo que hablo, es el sueño".

"Creo que, dentro de un par de años", prosigue, "(la privación del sueño) será un tema ampliamente discutido, similar a lo que sucede en la NFL con las conmociones cerebrales".

Estamos a principios de la temporada 2017-18. Harris está jugando con los Detroit Pistons, equipo que acaba de perder a manos de Los Angeles Lakers. Cuando Harris comienza a hablar de su tema favorito, el escolta de los Pistons Reggie Jackson, quien se está vistiendo en el armario de al lado, sacude su cabeza y gruñe. Jackson ya ha escuchado este discurso.

"Algunos bromean diciendo: 'Oh, tienes una hora para dormir'", expresa Harris, sin hacer caso al hartazgo de su compañero. "Pero debo ser capaz de funcionar al día siguiente al máximo nivel". Esto es lo que hace Tobias Harris: En sus días libres, se asegurará de haber concluido sus labores a las 6 p.m., para así estar en cama a las 8:30 con el fin de lograr su objetivo diario de nueve horas de sueño. En las noches de partido, Harris acelera el inicio de su proceso de recuperación tan pronto como suena el pitazo final. Frente a su vestidor, se coloca un cinturón de respiración alrededor de su cintura y usa un monitor de ritmo cardíaco en su dedo índice. Él está consciente de que el partido ha causado que su cuerpo libere cortisol, una hormona que lo mantiene despierto, mientras que suprime la melatonina, la hormona que produce el organismo de forma natural con el fin de regular el sueño. Se encuentra desequilibrado en ese sentido. Por eso, durante unos minutos, aún con la camiseta puesta, aún con la adrenalina corriendo por sus venas, respirará profundamente, intentando desacelerar su ritmo cardíaco, respirando hasta que ambos estén alineados, vigilando su progreso en un iPad.

Harris lo denomina "su momento de tranquilidad". ¿Cuál es la meta? Recobrar suficiente equilibrio para que, una vez en cama, pueda alcanzar rápidamente un estado de sueño profundo y reparador.

Y hay más. Harris viaja con una máquina de electroencefalogramas, la cual utiliza para examinar sus ondas cerebrales casi a diario, mediante sesiones de entrenamiento diarias de 45 minutos de duración. Se sujeta un sensor en cada oído, otro en su sien, con los tres cables conectados a la máquina de electroencefalogramas, y luego se pone a ver una película o un programa de televisión; mientras disfruta de la emisión, la máquina procede a leer sus ondas cerebrales. Si terminan fuera de un rango óptimo para la concentración y atención, el video se detiene.

Harris está haciendo algo denominado neuro-retroalimentación. Si bien su eficiencia ha sido objeto de debate por parte de médicos especialistas, Harris es fiel creyente de la práctica. Piensa que le provee conocimientos para luchar su batalla constante contra la fatiga.

Esta ha sido la rutina de Harris durante las últimas cinco temporadas. Sin embargo, está lejos de ser el único jugador de la NBA en sentir la necesidad de gestionar las repercusiones de los constantes viajes y la pérdida de sueño.

Un ejemplo de ello lo representa LeBron James. El jugador galardonado en cuatro ocasiones como Jugador Más Valioso es famoso por su afirmación de invertir una cantidad de dinero que ronda las siete cifras en su acondicionamiento y bienestar físicos. Si existe un elemento que James ha aprendido a apreciar por encima del resto es el sueño. Dentro de las habitaciones de hotel en las cuales James pernocta durante sus giras, la temperatura está ajustada en un rango entre 68 y 70 grados Fahrenheit, los dispositivos electrónicos son apagados entre 30 y 45 minutos antes de que James descanse en su lecho. Y cuando eso ocurre, una aplicación para el sueño instalada en su teléfono celular comienza a deleitarlo con el relajante sonido de la caída de la lluvia sobre las hojas. Tal como indicó James en un podcast, entrevistado por el autor y experto en la eficiencia Tim Ferriss: "No hay nada más importante que un sueño óptimo en el estado de movimientos oculares rápidos".

El veterano jugador Andre Iguodala afirma haber sufrido de privación del sueño durante casi toda una década de vida en la NBA antes de incorporarse a los Warriors en 2013. Actualmente, después de haber trabajado con un especialista del sueño, evita siestas largas que pudieran minar su sueño nocturno. Mantiene su teléfono en modo avión y el televisor apagado cuando pernocta en su habitación. "No tienes un sueño óptimo si duermes en un avión", afirma, "por eso, realmente no cuenta".

El escolta de los Portland Trail Blazers CJ McCollum comenzó a tomar siestas en sus años de secundaria, además de buscar nueve horas de sueño por noche. Y ahora que juega en la NBA, se acuesta tan pronto como le sea posible. "La falta de sueño afecta tu recuperación, perjudica tu nivel de juego, tus funciones cognitivas, tu mentalidad, la forma en la cual te mueves sobre la cancha", afirma McCollum. "El sueño lo es todo".

El alero de los Blazers Kent Bazemore tiene su rutina de viajes propia: cero aparatos electrónicos, cortinas blackout en su habitación... todo lo que ayude a lograr su meta de todas las noches: disfrutar de siete horas de sueño. "Hay que estar consciente de ello, asegurarse de que hagas lo correcto con tu cuerpo".

¿Una de las claves de la longevidad de Vince Carter, quien a sus 42 años es el jugador activo de más edad en la NBA? "El sueño. Para mí, es lo número uno".


TIMOTHY ROYER miró por la ventana del bus chárter del Orlando Magic, mientras hacía el trayecto hasta llegar a un hotel ubicado en el centro de Houston. Era una hora absurdamente tardía en un día de otoño de 2015. El equipo acababa de llegar, proveniente de otra ciudad donde el Magic había jugado horas atrás. Era la última parada en una gira de tres partidos y la segunda jornada de dos partidos consecutivos. El resto del mundo estaba durmiendo. Royer, un especialista en desempeño deportivo que había trabajado durante los tres años anteriores con el Magic, se encontraba exhausto a consecuencia del viaje, con náuseas y desorientación.

Miró a su alrededor. El bus era elegante. Los jugadores eran millonarios, se encontraban en la elite de los mejores atletas del mundo. A pesar de ello, basándose en todo lo que había visto y la data que había reunido desde su incorporación al equipo, Royer había empezado a creer que la carga pesada del calendario de la NBA estaba socavando, lentamente, los dones físicos que les confirieron un asiento en ese mismo autobús.

Esto es una locura, pensó. ¿Existe alguien capaz de hacer esto todos los días?

Fue toda una revelación, con siete años de gestación.

"Creo que, dentro de un par de años (la privación del sueño) será un tema ampliamente discutido, similar a lo que sucede en la NFL con las conmociones cerebrales" Tobias Harris

Royer, neuropsicólogo clínico de la empresa Neuropeak Pro, especializada en el desempeño atlético y la recuperación, fue introducido al mundo de la NBA en 2007 gracias al veterano pívot Chris Kaman. Ambos se conocieron gracias a un amigo de la familia en Michigan, quien creía que el uso dado por Royer a la neuro-retroalimentación podía ser de utilidad a Kaman, quien había confrontado dificultades para concentrarse y fue diagnosticado con trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) cuando era niño.

A pesar de que varios expertos de la medicina dudan de la capacidad que tiene la tecnología de la neuro-retroalimentación para tratar el TDAH, Kaman afirma que Royer "cambió mi vida". Posteriormente, invirtió capital en Neurocore, la empresa matriz de Neuropeak Pro. Seis años después de que Royer y su equipo trabajaron con más atletas profesionales practicantes de diferentes disciplinas deportivas, Royer, especialista en trastornos de atención, gestión del sueño, estrés y ansiedad, fue contratado como consultor del Magic (propiedad de la familia DeVos, que se convirtió en la principal inversionista de Neurocore hace ocho años) durante la temporada 2012-13.

Así fue como Royer comenzó a viajar con el equipo... y se dio cuenta de las situaciones absurdas que caracterizan la rutina de la NBA.

Royer no era un científico supervisado por sus colegas, no estaba involucrado en estudios rigurosos ni ensayos doble ciego. No había pensado en estudiar la privación del sueño y sus repercusiones fisiológicas. No obstante, lo que había visto le dio una pausa para pensar. Comenzó a pensar en la pesada carga del calendario de la NBA en una especie de trabajo por turnos, uno en el cual sus empleados trabajaban de madrugada durante varios días a la semana. Se trataba de un grupo de empleados que laboraban unos rangos de turnos dramáticamente diferentes en periodos muy cortos de tiempo, junto a una ardua serie de viajes por distintas zonas horarias.

Ese último elemento era crucial. Los ritmos circadianos, que se encuentran vinculados a la salida y puesta del sol, regulan los ciclos diarios entre dormir por la noche y despertarse en la mañana. Si esos ritmos son alterados, se afecta cada célula del cuerpo, al punto que el Centro Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer de la Organización Mundial de la Salud ha catalogado a la ruptura de los ciclos circadianos producto de los turnos de trabajo (la cual afecta, entre otros, a los trabajadores de centros de emergencias médicas, personal militar, pilotos, bomberos y oficiales de policía) como posible agente cancerígeno en los seres humanos.

Si se oscila entre distintas zonas horarias, la situación se hace peor. "No existe una sola fábrica en el planeta", expresa Royer, "que intercambia los turnos de trabajo de la forma como lo hacemos con los jugadores de la NBA".

A pesar de todo, Royer mantenía la creencia, hasta ese momento vivido en el autobús a avanzadas horas de la noche, de que el calendario de la NBA y la forma en la cual la liga gestionaba los viajes y sueño de sus jugadores podían ser reformulados de manera sustancial. Que se podía educar a los jugadores y monitorear su sueño. Que se podía reducir la cantidad de partidos disputados. Que las programaciones de viaje se podían cambiar.

En los cinco años que han transcurrido desde entonces, Royer ha comenzado a creer que esas medidas, si bien son útiles, son insuficientes. La privación del sueño, según considera Royer, es más que un elemento perjudicial para el desempeño de los jugadores de la NBA sobre las canchas. Probablemente, los está lesionando... y acortando sus vidas.

LA PRIVACIÓN DEL SUEÑO no es un problema exclusivo de la NBA. Es, en efecto, un problema de todos. En 2001, el CDC declaró como problema de salud pública la insuficiencia de sueño. En los pasados 50 años, de acuerdo a la investigación realizada por el Dr. Charles Czeisler, director de medicina del sueño de Brigham and Women's Hospital de Boston y la Escuela de Medicina de Harvard, el promedio nacional de duración del sueño en noches de fechas laborables ha disminuido de ocho horas y media a menos de siete. Y eso tiene consecuencias.

Matthew Walker, profesor de neurociencia y sicología en la Universidad de California en Berkeley y fundador y director de su Centro de las Ciencias del Sueño Humano, afirma que "basado en las observaciones de probablemente unos 10,000 estudios empíricos científicos, el número de personas que puede sobrevivir con seis horas o menos de sueño sin exhibir ningún tipo de discapacidad, redondeado a un número entero y expresado como un porcentaje de la población... es cero".

La pérdida crónica de sueño ha sido asociada con mayores riesgos de cáncer, diabetes, obesidad, padecimientos cardiacos, Alzheimer, demencia, depresión, sicosis y suicidio. Según explica Phyllis Zee, jefe de medicina del sueño en el Departamento de Neurología de la Escuela de Medicina Feinberg de la Universidad Northwestern, "la privación del sueño... no solamente afecta el cerebro -afecta todos los demás órganos. Imagínelo que impacta todos sus órganos".

Entonces, ¿cuánto sueño, por noche, alcanzan los jugadores de la NBA durante la temporada? Calcular una cifra aproximada es complejo, pero Czeisler, quien ha trabajado con tres equipos de la NBA, dijo que el número de cinco horas cada noche es una respuesta común dada por los jugadores, y que él ha tenido jugadores "muy famosos" indicándole que duermen entre tres a cuatro horas cada noche. Múltiples factores contribuyen a este deficit de sueño -sin olvidar la reconocida vida nocturna de la NBA (aunque la 'Tinderización' de la NBA parece hacer disminuido ese efecto).

Cinco miembros -cuatro activos y uno retirado- de staffs de entrenamiento atlético de clubes de la NBA dijeron, por separado, que dormir seis horas por cada ciclo de 24 horas es algo común entre jugadores, y ese estimado combina el sueño de por la noche con la siesta prejuego que es típica para muchos jugadores de la NBA. ¿Y qué hay con esas siestas? Científicos del sueño sugieren que no son tan beneficiosas.

"Tenemos un ritmo circadiano, y hay momentos en que estamos programados para dormir y de tal modo obtener el sueño óptimo", dijo Walker. "Intentar dormir durante el día provoca un sueño peor en cantidad y calidad, y conduce a resultados de salud significativamente malos. Lo sabemos gracias a cientos de estudios realizados a trabajadores de turnos nocturnos".

"Basado en las observaciones de probablemente unos 10,000 estudios empíricos científicos, el número de personas que puede sobrevivir con seis horas o menos de sueño sin exhibir ningún tipo de discapacidad, redondeado a un número entero y expresado como un porcentaje de la población... es cero." Dr. Matthew Walker, profesor de neurociencia y psicología en la Universidad de Berkeley, California.

Czeisler, por su parte, recomienda entre ocho y diez horas de sueño por noche para los jugadores de la NBA -los adultos de entre 26 y 64 años deben dormir entre siete y nueve horas, recomienda la Fundación Nacional del Sueño- pero un miembro actual de un equipo de la NBA, que ha trabajado en la liga durante décadas y con varios clubes, asegura que los jugadores ni tan siquiera se acercan a ese número. De acuerdo a su data y observaciones personales, las horas de sueño de cada jugador "oscilan entre el extremo bajo y el extremo más bajo".

Tal y como advierte un ejecutivo de la NBA: si una persona duerme entre cuatro y cinco horas por noche, por un periodo extenso de tiempo, sobrevivirá. "Pero no le estamos pidiendo a nuestros jugadores que simplemente esten vivos. Les pedimos rendir una labor a un nivel elite, contra otros que también operan al mismo nivel elite".
"Existe una gran diferencia entre ambas cosas".

EN EL OTOÑO DEL 2012, cuando Tim Royer del Magic buscó mejorar la concentración de los jugadores y reducir sus niveles de estrés, él y su equipo comenzaron a medir variaciones en el ritmo cardiaco de los jugadores, asi como niveles hormonales y patrones de respiración. La ciencia que había al momento sugirió varios tópicos: uno de ellos, que los niveles de cortisol, una hormona que el organismo genera naturalmente para combatir el estrés, lucían normales al principio pero se volvían erráticos a medida avanzaba la temporada; algo que las pruebas confirmaron. Lo que Royer y su equipo no necesariamente predijeron fue cuán erráticos se mostrarían también los niveles de testosterona de los jugadores en ese periodo.

La testosterona es vital para los atletas. Es una hormona fundamental que impacta la velocidad, fuerza, masa muscular y estado de ánimo. Y mientras los estudios ya han demostrado que dormir por aproximadamente cinco horas cada noche durante una semana disminuye temporeramente los niveles de testosterona en los hombres al equivalente de 11 años de envejecimiento, lo que Royer observó en jugadores de NBA le impactó aun más.

En enero, transcurridos apenas tres meses de la temporada NBA de 2012-13, la testosterona de un jugador de 20 años había disminuido hasta ser comparable a la de un hombre de 50 años (esas reducciones de testosterona, hay que destacar, no son permanentes, pero requieren varios días de recuperación para compensar). Y a medida disminuían los niveles de testosterona en otros jugadores, las lesiones parecían acumularse proporcionalmente.

Inicialmente, Royer y sus ayudantes se concentraron en optimizar la ejecutoria de los jugadores. Pero todas las banderas rojas apuntaban en una misma dirección: minimizar el impacto de los viajes y la pérdida de sueño.

La doctora Eve Van Cauter, directora del Centro de Sueño, Metabolismo y Salud de la Universidad de Chicago, subraya que la pérdida de sueño conduce a una disminución en la ejecutoria física, coordinación de vista y manos, lapsos de atención -casi todo lo que puede medirse. Una persona deprivada de sueño parada en lo alto de una escalera está más propensa a tropezar y caer, indica. Del mismo modo, un extenuado jugador de la NBA que tiene que saltar, aterrizar, correr y penetrar en una cancha está más propenso, explica, a dar un mal paso que le lleve a una lesión.

"La falta de sueño afecta tu recuperación, perjudica tu nivel de juego, tus funciones cognitivas, tu mentalidad, la forma en la cual te mueves sobre la cancha. El sueño lo es todo" CJ McCollum

Con el paso de los años, Royer y sus asistentes consideraban a sus esfuerzos por combatir la pérdida de sueño -tales como los ejercicios de respiración profunda para optimizar el sueño- apenas como colocar una tirita higiénica a un hueso roto. Para la temporada de 2014-15, sin embargo, Royer y su equipo estaban totalmente comprometidos con su investigación en torno a la privación de sueño, llevando records de 18 jugadores repartidos entre múltiples equipos de cada conferencia. Cuando comenzó la temporada, los niveles de testosterona de esos jugadores estaban en promedio, en una percentila de 88 comparado a los varones de su misma edad. Luego de dos meses de temporada de la NBA, con partidos y viajes, sus niveles habían disminuido a un 70; ya en marzo, a una percentila de 32, para una baja de 64% en apenas cinco meses.

Por primera vez, ese año, Royer comenzó a monitorear también la actividad cerebral de un equipo de la Conferencia Este durante toda la temporada. Dentro de una habitación en las instalaciones de entrenamiento de dicho conjunto, los jugadores tendían a sentarse en grandes sillas, realizándose electroencefalogramas, y los resultados aparecían frente a ellos en una pantalla plana de 60 pulgadas. Ya en abril los resultados mostraron que los niveles colectivos iban a la par con los de pacientes de 60 y 70 años, quienes experimentaban dificultad con la memoria a corto plazo. Dicha condición es temporera. El doctor Andrew Heyman, médico principal y dueño del Virginia Center for Health & Wellness, estableció que las facultades mentales pueden regresar en varias semanas con 7 u 8 horas de sueño, siempre y cuando se haga ejercicio y se tenga una dieta moderada.

La siguiente temporada, Royer y su equipo de trabajo ampliaron sus esfuerzos, rastreando las hormonas cuatro veces por campaña, el ritmo cardíaco y los patrones de respiración no solo para los jugadores, sino también para las decenas de acompañantes en los grupos de viaje. Descubrieron que aquellos que simplemente viajaron con el equipo mostraron descensos similares a los de los propios canasteros. "Fue entonces cuando dejamos de pensar: 'Oh, estos muchachos están jugando demasiado'", expresó Royer. "No se trata de lo que han jugado. Se trata de los viajes".

Para la temporada 2016-17, Royer y su personal comenzaron a medir el sueño de los jugadores durante la noche con polisomnógrafos y dispositivos portátiles. Al final, vio que los jugadores obtenían poco, si es que tenían, sueño reparador REM.

Si el sueño profundo es como tener dinero efectivo en una billetera, el sueño REM es como los ahorros para el retiro. Con un calendario tan ajetreado, con tanta "deuda de sueño", los jugadores estaban todos en bancarrota.

A PRINCIPIOS DE 2018, Royer nuevamente con su equipo de trabajo -motivados por los datos que habían recopilado de los jugadores de NBA- recurrieron a John Leopold, un consultor estadístico independiente de DePuy Synthes, proveedor de servicios de ortopedia y neurociencia. (Neurocore, la empresa matriz de Neuropeak Pro, consultó con Leopold para analizar los datos y proporcionar resultados). Royer y su equipo cuestionaron si los niveles más bajos de testosterona que habían descubierto se correlacionaban con un mayor riesgo de lesiones. Proporcionaron a Leopold cerca de 400 muestras de testosterona de más de 100 jugadores en casi seis años, incluso canasteros que habían registrado más de cinco docenas de lesiones durante ese lapso.

Se realizaron dos diferentes análisis. Unas semanas más tarde, Royer y su personal obtuvieron el informe completo. En ambos, utilizando solo los datos recopilados de esos jugadores durante ese lapso, Leopold encontró un "aumento estadísticamente significativo en el riesgo" cuando los niveles de testosterona para los jugadores disminuyeron por debajo del 20 por ciento para los hombres de su edad.

Czeisler, principal investigador sobre temas del sueño en Harvard, asegura que no existe otro grupo que haya recopilado el tipo de datos que tiene Royer. Dice que las observaciones de Royer sobre el impacto adverso de la deficiencia del sueño en la testosterona son "consistentes" con lo que él esperaría ver "en base a la evidencia del impacto fisiológico adverso de la interrupción y deficiencia del sueño. No tengo dudas de que estas cosas estaban sucediendo".

Dice Michele Roberts, directora ejecutiva de la Asociación de Jugadores: "No es sorprendente que los malos patrones de sueño afecten negativamente el rendimiento. Lo más importante es que puedan causar riesgos de salud significativos a largo plazo. En nuestra última ronda de negociaciones, abordamos algunas de estas inquietudes a través de ajustes de horario, incluso alargando la temporada ... y aumentando el número de días libres. Estamos ansiosos por ver nuevos datos que analicen los efectos de la pérdida de sueño en los deportes profesionales para que podamos continuar nuestros esfuerzos".

Hoy, Royer cree que el tamaño de sus datos es lo suficientemente grande como para merecer un análisis científico adicional. A partir de enero, ya no está con Neuropeak Pro por razones que no puede revelar. Pero ha sido neuropsicólogo durante 25 años. Durante ese lapso, su equipo ha reunido datos de más de 50,000 personas y trabajó a partir de una base de datos de más de 10,000 pruebas de EEG cuantitativas, muchas de ellas de pacientes que sufren trastornos del sueño, epilepsia, TDAH, demencia, autismo u otras enfermedades neurodegenerativas. Desde 2006, él y su personal han trabajado con más de 500 atletas profesionales en la NBA, NFL, NHL, MLB, golf, tenis, cricket, fútbol y natación. Solo en los últimos seis años, destacó Royer, ha trabajado con unos 250 jugadores de la NBA y ha consultado con unos ocho equipos.

El personal de Royer, nuevamente, ni siquiera se especializa en temas sobre dormir. Él se topó con los datos solo porque recibió acceso fuera de récord un equipo de la NBA, en parte porque ese equipo era propiedad de las mismas personas que ayudaron a financiar su empresa. Más allá de eso, el propio Royer es un mensajero imperfecto. Él no es un científico investigador. No ha llevado a cabo un estudio concluyente doble ciego revisado por pares. Pero está convencido de que está viendo el próximo gran problema.

"Hemos estado haciendo esto durante seis años. Hemos estado en los aviones. Hemos estado en los juegos. Hemos estado en la carretera ... Estoy 100 por ciento seguro de lo que estamos hablando. es real".