La estrategia de marketing de la NBA la convirtió en la primera liga deportiva global

Es una calurosa mañana de diciembre de 1995 en un pueblo del Interior de la provincia de Buenos Aires, Argentina. Una veintena de adolescentes transpira en el club de básquetbol mientras practica la entrada en bandeja, el pase "de pecho", el tiro de tres puntos. El nivel técnico es bajo pero el entusiasmo, alto. Un grupo ocupa un aro, otro lo hace en el opuesto. La acción se detiene ante el silbatazo de Guillermo, un jugador del equipo de veteranos que aquí oficia de entrenador.

"Chicos, les va a hacer mal, ya se los dije... los que están con gorra se la sacan y la dejan en la tribuna por favor, se van a sofocar", grita, para que lo escuchen desde todos los espacios de esa cancha cubierta, de techo alto y pocas ventanas.

"Uhhhhh", se oye, mientras 18 de los 20 presentes (solo dos estaban con la cabeza descubierta) encaran con desgano hacia la primera fila de unas gradas tan naranjas como vacías.

Y allí quedan, una en cada asiento, las 18 gorras. Hay varias de Chicago Bulls, por aquella época el poderoso equipo de Michael Jordan, pero también están las del Orlando Magic de Shaquille O'Neal y Penny Hardaway; las de Charlotte Hornets (equipo popular más por lo llamativo de su logo, con colores violetas y celestes y una avispa bien grande, que por su nivel de juego) y hasta una de San Antonio Spurs, conjunto sin ningún vínculo con Argentina por esos años.

Hay varios que, aun así, no quedan del todo despojados del mundo NBA. Se divisan un par con camiseta de los Bulls, otro con una vieja musculosa de Los Angeles Lakers y uno, más alto que el resto, con el apellido O'Neal en la espalda de su remera del Magic.

Es Argentina, un país principalmente futbolero, y es el año 1995. Los productos NBA tienen buena presencia no sólo en los reductos basquetbolísticos como este club de pueblo. Ya se los ve con asiduidad en las calles, cuando todavía es muy difícil encontrar a alguien con la camiseta de un club extranjero de fútbol.

Algún acaudalado tiene como novedad la camiseta de una selección de fútbol de Europa. Otro fanático, la que usaba Maradona en Napoli. No mucho más que eso.

Parece increíble.

Pero es fruto de una enorme tarea de marketing y difusión que la mayor liga de básquetbol del mundo lleva adelante en todo el planeta hace ya años.

Porque lo que pasa en Argentina pasa también, por ejemplo, en muchos otros países de Latinoamérica.

Todos los chicos que transpiran en esa cancha de pueblo bonaerense son fanáticos de un programa de tv que se llama 'La magia de la NBA'. En otros países existe con denominaciones diferentes, como 'NBA en acción' o 'Lo mejor de la NBA'.

En el caso de Argentina, aquellos domingos a la medianoche, a continuación del programa deportivo más visto de la grilla, 'Fútbol de Primera'.

Nada es casualidad cuando se trata de la NBA y su estrategia de expansión.

A mediados de los años '90, la política se centraba en hacer llegar vía la TV de aire, gratuita, un resumen de lo ocurrido en la semana. Y también de facilitar el ingreso del merchanding -sobre todo gorras y camisetas- a territorios del mundo entero.

Otra pata de la cuestión tenía que ver con los videojuegos. El exitoso 'NBA Jam', tanto para salas de videojuegos como para consolas hogareñas, fue solo uno de los juegos electrónicos que ayudaron a afianzar la popularidad de la liga alrededor del planeta.

Todavia era incipiente otra rama, que con el tiempo se volvería preponderante: la inclusión de los mejores jugadores de cada país en la propia NBA. Faltaban años aún para los Manu Ginóbili, pero ya estaban los Arvydas Sabonis y los Toni Kukoc.

Gran parte de estas iniciativas salieron de la mente del comisionado David Stern. Tanto éxito tuvieron que hasta el propio Stern se volvió alguien con cierta fama fuera de Estados Unidos.

Décadas después llegarían las plataformas digitales de transmisión de partidos y las redes sociales, otra veta donde la liga de básquetbol más importante del mundo fue pionera.

Pero estamos en 1995 y los adolescentes siguen entrenando en la calurosa cancha cubierta de Argentina. A esta altura ya empezó la parte que más disfrutan: jugar partidos. El árbitro, claro, es Guillermo.

Ninguno llegará a la NBA. Pero todos sueñan con hacerlo, tal vez más que con ser jugador profesional de fútbol.

Y eso también es mérito del 'marketing NBA'.