El plan de MLB para volver a jugar en medio de la pandemia del coronavirus

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El boricua aceptaría el 50 por ciento si la temporada se juega a 81 juegos. (0:43)

EL PLAN TRAZADO por la Oficina del Comisionado del Béisbol de Grandes Ligas para iniciar la temporada este 4 de julio, depende de un abrumador conjunto de piezas en movimiento, que incluyen la cooperación de 27 ciudades en Estados Unidos y un país extranjero, la disponibilidad de más de 200,000 pruebas confiables de despistaje de coronavirus y la promesa de no interferir con la lucha que se sostiene a nivel nacional para contener la pandemia.

ESPN analizó los retos enfrentados por Major League Baseball con el propósito de volver al terreno. Una lectura a esta propuesta nos esboza algo que jamás se ha intentado en la historia del deporte en Estados Unidos. Prácticamente, la idea se asemeja menos a una temporada de béisbol que a una operación militar. Cualquier cantidad de variables podrían acabar con el plan o peor aún, contribuirían a propagar la mortal enfermedad.

"Aquí, está en juego la vida humana", indica Andy Dolich, consultor deportivo residente del Área de la Bahía de San Francisco, quien ha trabajado como ejecutivo senior de distintos equipos de las ligas profesionales más importantes del país, incluyendo los Oakland Athletics. "Podría sonar excesivamente dramático, pero a mi criterio, no es algo excesivamente dramático. Todas las personas involucradas, son una persona, con un nombre, que tiene una familia".

Mediante distintas entrevistas, documentos públicos y privados, intercambios de correo electrónico y mensajes de texto con más de 80 peloteros, managers, entrenadores, ejecutivos deportivos, funcionarios de salud pública y expertos en enfermedades infecciosas y funcionarios gubernamentales, ESPN pudo conocer los siguientes detalles:

  • El plan diseñado por el Béisbol de Grandes Ligas, en el cual se exige la práctica de pruebas "frecuentes" (más no diarias), solo pondría en cuarentena a las personas que den positivo en dichos tests, incrementando los riesgos de propagación. Esto iría en contra de los lineamientos del gobierno federal de Estados Unidos, que recomienda la cuarentena por un lapso de al menos dos semanas a aquellos que entren en contacto con un infectado confirmado.

  • A menos que se extienda la distribución de equipo protector y pruebas de diagnóstico durante las próximas semanas, Major League Baseball competirá con los proveedores médicos para adquirir recursos esenciales en algunos estados. MLB promete que no desviará recursos del público.

  • Los planes trazados por Major League Baseball cobraron forma sin consultar a los funcionarios de salud de las ciudades sedes de los equipos de la pelota grande; sin tomar en cuenta a los encargados de tomar decisiones críticas, a pesar de que la liga cuenta con ellos para ejecutar este plan. Esto incluye a algunos funcionarios con la facultad de suspender la actividad deportiva en sus comunidades en caso de emergencia. La oficina del Comisionado afirma que someterá su plan a consultas una vez se haya completado.

En todo el territorio estadounidense, distintas empresas, gobiernos, escuelas e iglesias (y algunas ligas deportivas) se encuentran trabajando para reanudar sus actividades de manera progresiva, a pesar de que la cifra de fallecimientos producto del coronavirus en ese país se acerca a los 100.000. Mientras estas instituciones marchan hacia adelante, lo hacen empleando una amalgama de métodos que van desde los más conservadores hasta los sumamente agresivos.

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Mientras Major League Baseball acumula pérdidas económicas que alcanzan los $75 millones diarios, según estimaciones hechas por Patrick Rishe, director del programa de empresas deportivas de la Universidad de Washington en San Luis; sus ejecutivos analizan la posibilidad de celebrar una temporada reducida a la mitad, con playoffs extendidos, lo que sumaría aproximadamente 1.200 partidos disputados en 28 ciudades. El béisbol enfrentará una batalla diaria contra el virus: desinfectando pelotas, limpiando clubhouses a profundidad y al menos durante los inicios, negando la presencia de aficionados que paguen su entrada a los estadios.

La oficina del Comisionado necesitará ayuda por parte de funcionarios estatales y locales de salud, con el fin de atender las inquietudes que vayan surgiendo en la mayoría de las ciudades sedes de la pelota mayor. Actualmente, solo 6 ciudades sede no han restringido las reuniones públicas a un máximo de 10 personas, mientras que 11 de ellas han prohibido cualquier congregación. 18 de los 30 clubes de Grandes Ligas aún mantienen ordenes de confinamiento. Durante la semana pasada, el director de salud del Condado de Los Ángeles (lugar con alta concentración de casos y sede de los Dodgers) afirmó que las restricciones se mantendrán durante los próximos tres meses. Sin embargo, Gavin Newsom, Andrew Cuomo y Greg Abbott, gobernadores de los estados de California, Nueva York y Texas, respectivamente, dieron esta semana muestras de apoyo al pronto regreso de la actividad deportiva profesional en sus estados.

Dan Halem, vicecomisionado de Major League Baseball encargado de administración deportiva y ejecutivo legal en jefe de la liga, expresó a ESPN que el plan de la Oficina del Comisionado constituye apenas un primer borrador y que MLB aspira a completarlo luego de entablar discusiones con sus propios expertos y los peloteros, antes de someterlo a consultas con las autoridades locales.

"Nuestra expectativa es que entregaremos el protocolo a todas las autoridades de salud correspondientes en los sitios donde jugamos", afirmó Halem. "Obviamente, seguiremos las recomendaciones de los funcionarios locales de salud en los estados donde operamos y haremos ajustes al protocolo donde sea necesario".

El béisbol cuenta con el apoyo de la administración del presidente Donald Trump, quien ha exhortado en privado a los jugadores a servir de "flautista" para motivar "al regreso de la actividad en el país", según comentó a ESPN una fuente vinculada al sindicato de peloteros. No obstante, las recomendaciones hechas por la Casa Blanca con respecto al regreso de la actividad deportiva han sido "confusas" y en ocasiones, entran en conflicto con los lineamientos impartidos por expertos en salud pública, según afirman múltiples ejecutivos deportivos que han participado en las conversaciones con la Casa Blanca.

En distintas oportunidades a finales de marzo, varios representantes de sindicatos de deportistas, entre los cuales se incluye la Asociación de Jugadores de Béisbol de Grandes Ligas (MLBPA, por sus siglas en inglés), escucharon por parte de funcionarios de la administración Trump que la amenaza del virus era exagerada y que las pruebas de despistaje "no eran la solución definitiva", tal como lo indicó un funcionario del sindicato. Esto contradice las recomendaciones impartidas por el grupo de trabajo creado por la Casa Blanca.

"Tenemos que trabajar para separar los hechos de la ficción, para asegurarnos de que nuestros jugadores se mantengan protegidos. Se trata de un baile sumamente delicado", expresó una fuente vinculada al sindicato de peloteros.

La ansiedad por ver el regreso del béisbol durante este verano parece ser un sentimiento casi universal entre peloteros, aficionados y funcionarios públicos. "Si el béisbol forma parte importante del proceso de sanación de nuestro país, de la normalización de nuestras rutinas diarias, como ciudadano estadounidense y aficionado al béisbol, creo que es importante que volvamos a jugar más temprano que tarde, para contribuir y hacer lo que nos corresponde", expresó a ESPN Jonathan Lucroy, receptor de los Boston Red Sox.

El regreso de la actividad del béisbol implicaría mucho más que retomar una rutina. Para algunos, sería un símbolo de triunfo sobre una pandemia que ha obligado a una pausa en todos los ámbitos de la sociedad, similar a la oleada de unidad y orgullo que se sintieron luego que el presidente George W. Bush lanzara el primer pitcheo antes del tercer juego de la Serie Mundial 2001 en Yankee Stadium, como señal de que la nación debía avanzar después de los ataques terroristas del 11 de septiembre.

Superando a ligas deportivas como la PGA y UFC, que organizan eventos de competición individual, o incluso la NBA y NHL, que han completado la mayor parte de sus temporadas regulares, el complicado experimento que intentará hacer Major League Baseball será una emotiva prueba de fuego para determinar la capacidad que tiene la nación estadounidense de recobrar el control y la normalidad. Y de fallar, podría representar un golpe demoledor a la psique de todo un país.

"Si el plan comienza a llevarse a cabo y todos hacen lo que se necesita para que funcione y el sistema termina infectándose, podría causar una sensación de pánico en todo el país", expresa Brent Suter, pitcher de los Milwaukee Brewers y representante del equipo ante el sindicato de peloteros. "Pensarán: 'Oh Dios mío, no pudieron lograrlo, a pesar de todas las precauciones'. Ese es el miedo que yo tengo, claro que sí".

Un expresidente de un equipo de Grandes Ligas ha cuestionado si todo el esfuerzo valdrá la pena. "Nadie tiene interés en jugar este año, excepto el deporte del béisbol", afirmó el ejecutivo a ESPN. Los funcionarios de la oficina del Comisionado siguen con sus planes solo porque "aquí está en juego la salud de este deporte a largo plazo".

En semanas recientes, a medida que el plan cobró forma, el comisionado de las Grandes Ligas Rob Manfred sostuvo discusiones con los gobernadores de los 17 estados donde se juega la pelota mayor.

"Muchas cosas que la gente hace por diversión... ciertamente, no han podido hacerlas por un par de meses", expresó durante una entrevista con ESPN el gobernador del estado de Ohio Mike De Wine, militante del partido Republicano y copropietario de un club de Ligas Menores. "El regreso del béisbol durante el verano sería algo muy importante para mucha gente. Por eso, ojalá pueda llevarse a cabo".

Pero en algunos estados, incluyendo California, sede de cinco clubes de Grandes Ligas, los funcionarios de salud local cuentan con poderes suficientes para autorizar o prohibir las grandes congregaciones públicas.

El Dr. Umair Shah, director ejecutivo de Salud Pública del Condado de Harris, del cual forma parte la ciudad de Houston, expresó que se sentiría "más que contento" de conversar con Major League Baseball sobre la posibilidad de disputar partidos en la urbe tejana. Sin embargo, el funcionario afirma no haber sido llamado para discutir cualquier plan tentativo.

"La respuesta al COVID-19 es un deporte de conjunto", afirmó Shah. "Lamentablemente, el problema que tenemos es que, hasta donde yo tengo conocimiento, ellos no necesariamente están trabajando junto con las autoridades locales de salud pública". Halem dijo que Major League Baseball hará contacto con las autoridades locales una vez tengan definido su plan, posiblemente a finales de esta semana. "Vamos a ser guiados por las autoridades de salud pública", expresó. "En definitiva, estaremos sujetos, y con todo derecho, a las decisiones que tomen los individuos responsables de la salud pública en cada comunidad".

Tal como informó ESPN la semana pasada, Halem indicó que Major League Baseball se encuentra preparada para trasladar a sus equipos a localidades que hayan reanudado sus actividades, si los gobiernos estadales o locales prohíben la celebración de partidos en sus ciudades sede. Si bien es cierto que apenas se empieza a conocer los detalles del plan trazado por la oficina del Comisionado, es una certeza que el punto fundamental para decidir su viabilidad es la disponibilidad de pruebas de diagnóstico, con el fin de asegurarse que miles de personas (jugadores, cuerpo técnico y otros empleados) se mantengan libre de infecciones.

El Instituto de Salud Global de la Universidad de Harvard recomienda que los distintos estados practiquen por lo menos 152 pruebas diarias por cada 100.000 habitantes. Sin embargo, solo cuatro de los 17 estados sedes de equipos de Grandes Ligas cumplen con esta recomendación, de acuerdo con un promedio de siete días de resultados de pruebas, recopilados por el COVID Tracking Project. Uno de los mayores retos de la propuesta de Major League Baseball es definir cómo la liga podrá evitar competir para hacerse con unos recursos que actualmente son de imperiosa necesidad.

Halem reconoce que algunos laboratorios aún no cuentan con capacidad suficiente para analizar las pruebas de despistaje en la escala necesaria. Sin embargo, expresó que el Béisbol Mayor solucionó ese problema trabajando con un laboratorio ubicado en Salt Lake City, Utah. Esto tiene como objetivo que Major League Baseball pueda practicar y analizar pruebas de despistaje de coronavirus por cuenta propia, sin interferir con las necesidades de las instituciones de salud pública.

"Tomamos la decisión de permanecer fuera de ese ámbito, para no quitarle pruebas al público en general", expresó Halem. Agregó que las empresas privadas han asegurado a Major League Baseball que tampoco entrará en competencia con el sistema de salud pública para surtirse del equipo protector necesario, como guantes y mascarillas.

No obstante, el Dr. Val Griffeth, especialista en medicina de emergencia y cuidados críticos residente de Oregon, quien es cofundador de una organización que busca satisfacer la escasez de equipo protector personal para los profesionales de la salud, expresó su desacuerdo: "Todos los recursos utilizados por el Béisbol de Grandes Ligas serán recursos que no podrán ser utilizados por un servicio de salud en algún lugar. Desafortunadamente, esa es la realidad en la que vivimos".

Jared Polis, gobernador de Colorado y miembro del partido Demócrata, comentó a ESPN: "Pienso que, cualquier entidad privada que desee administrar pruebas e invertir recursos económicos en ello debería ser capaz de hacerlo... Ciertamente, no van a utilizar pruebas subsidiadas por los contribuyentes de impuestos".

En marzo pasado, la idea puesta en prueba por Major League Baseball para jugar dentro de una "burbuja protectora" en las sedes de los entrenamientos primaverales perdió fuerza, debido en parte a la resistencia mostrada por los peloteros a entrar en aislamiento durante un prolongado periodo de tiempo, aparte de las limitaciones en los recursos de transmisión. Pero el plan más reciente (que permite a los jugadores y al resto del personal la libertad de circulación en sus comunidades, dentro de las reglas de cada estado) es una estrategia que conlleva mayor riesgo y poca certeza, según el criterio de los expertos en salud entrevistados por ESPN. Un ejecutivo deportivo le dio a Major League Baseball un 75% de probabilidades de completar la temporada.

Si llega a celebrarse, esta temporada de béisbol promete ser como ninguna otra en la larga historia de este deporte.

EL BÉISBOL HA JUGADO a través de una pandemia: el brote de gripe española de 1918, que mató a aproximadamente 675,000 estadounidenses y 50 millones de personas en todo el mundo.

Babe Ruth cayó enfermo en la primavera de 1918 con lo que probablemente fue la misma cepa de gripe, y otro miembro del Salón de la Fama, el lanzador de los White Sox, Red Faber, perdió la Serie Mundial de 1919 debido a los efectos duraderos de la enfermedad. Un jugador, el jardinero Larry Chappell, murió, al igual que varios destacados escritores deportivos, árbitros y otros alrededor del deporte.

La gripe coincidió con la Primera Guerra Mundial, y los propietarios, temiendo que el conflicto acortara la temporada, trataron de llenar los estadios "en el menor tiempo posible porque no sabían cuántos juegos se les permitiría jugar", dijo Jacob Pomrenke, director de contenido editorial de la Society for American Baseball Research.

Los jugadores "no tenían nada que decir", dijo Pomrenke. "Si se les decía que regresaran al campo, incluso en una crisis de salud pública, eso sería suficiente".

Un siglo después, las cosas han cambiado, gracias en gran medida a la unión más poderosa en el deporte, la MLBPA, fundada en 1966. La semana pasada, en lugar de ordenar unilateralmente a los jugadores que regresaran al campo, los propietarios se vieron obligados a negociar su regreso. Los jugadores ya habían acordado prorratear los salarios en función de la cantidad de juegos que efectúen esta temporada, pero los propietarios están proponiendo un acuerdo de reparto de ingresos, efectivamente un nuevo recorte salarial, porque, dicen, los costos superarán enormemente los ingresos sin fanáticos.

El béisbol obtuvo más de $4.2 mil millones el año pasado por la venta de boletos, concesiones, mercadería y otros artículos y depende del gasto de los fanáticos para el 40% de sus ingresos, mucho más que cualquier otro deporte importante.

"En el caso de una temporada, los jugadores asumirán riesgos médicos adicionales, y la idea de que acepten ese riesgo y reduzcan aún más su compensación simplemente no tiene sentido", escribió recientemente un representante de jugadores en un mensaje de texto a su equipo.

El béisbol no se reanudará sin un acuerdo entre los propietarios y los jugadores.

Los 16 jugadores entrevistados por ESPN para esta historia expresaron un fuerte deseo de jugar este año: brindar entretenimiento durante la crisis, practicar el deporte que aman y apoyar a sus familias.

"Al final del día, amigos, enemigos, como quieran llamar la relación entre jugadores y MLB, creo que ambos queremos lo mismo, jugar béisbol", dijo el lanzador de los Dodgers, Alex Wood. "Será algo bueno para nuestro país y algo bueno para los fanáticos y será una gran oportunidad para mostrar realmente nuestro deporte en un escenario mundial".

Los jugadores dijeron que su prioridad era la salud y la seguridad, pero lo que eso significa varía según las circunstancias, personales y económicas.

El segunda base de los Angels, Tommy La Stella, dijo que quiere asegurarse de que el béisbol "sea inteligente al respecto y no se esfuerce por regresar al campo para ganar dinero a expensas de nuestra seguridad... No son los jefes corporativos quienes están en posiciones comprometidas, van a ser los productores".

Mike Trout, de Los Angeles Angels, el jugador mejor pagado del deporte, espera su primer hijo con su esposa, Jessica, a principios de agosto. "Mi esposa es mi mayor preocupación", le comentó a ESPN. Con todo lo de la temporada, vamos a ir trabajándolo sobre la marcha. Obviamente, aún no sabes lo que implica, pero seguiremos ese camino cuando eso suceda. Pero es un momento aterrador para mi esposa".

El plan del béisbol dice "en la medida de lo posible, el personal debe evitar las citas médicas en hospitales o clínicas que tratan a pacientes con COVID-19". Trout dijo que planea estar presente en el nacimiento.

"Estaré allí: no me voy a perder el nacimiento de mi primer hijo", subrayó. "Yo sé eso."

La edad promedio de un jugador importante el año pasado fue de 28 años; los atletas profesionales tienen un riesgo extremadamente bajo por el virus, pero "son los portadores demográficos más propensos a ser asintomáticos", dijo Will Humble, exdirector de salud del estado de Arizona. El as de los Nationals, Max Scherzer, de 35 años, le dijo a ESPN que está más preocupado por la vulnerabilidad de los coaches y entrenadores atléticos. "Trabajan constantemente con todos los jugadores del equipo y entienden cuán infecciosa es esta enfermedad, ahí es donde te preocupa que puedas poner a alguien en peligro", argumentó.

Ocho árbitros y siete mentores tienen más de 60 años, incluido el nuevo mánager de los Astros, Dusty Baker, quien, con 70 años, es el piloto más viejo del béisbol. A partir de esta semana, los árbitros no habían recibido un conjunto de protocolos de seguridad propuestos para ellos, según una fuente cercana a los imparciales.

Algunos jugadores son más vulnerables debido a condiciones preexistentes que pueden debilitar sus sistemas inmunes. Carlos Carrasco, el abridor de 33 años de los Indians, fue diagnosticado con leucemia el año pasado. Toma medicamentos dos veces al día. Anteriormente tuvo una cirugía cardíaca. En una entrevista, Carrasco dijo que su médico le dijo que corría un mayor riesgo y le aconsejó "quedarse en casa". Pero Carrasco y su esposa tienen cinco hijos, y él se está preparando para la temporada, por lo que se aventura a salir de su casa, en Tarpon Springs, Florida, para entrenar y comprar en una tienda de comestibles usando una máscara y una sudadera con capucha. "Solo quiero ser un buen padre y quiero cuidar a mi familia", apuntó. "Tengo que hacerlo. Sé que algunas personas me dijeron: 'Tienes que cuidarte porque tienes esas [cosas]". Pero al mismo tiempo, soy padre, hijo, amigo, hermano. Así que tengo que hacer todo por mi familia". The Athletic informó recientemente que el béisbol tiene al menos tres jugadores con diabetes tipo 1: El relevista de los Dodgers Scott Alexander, el jardinero de los Braves Adam Duvall y el relevista de los Cardinals Jordan Hicks. Al igual que Carrasco, el cerrador de los Dodgers, Kenley Jansen, se sometió a una cirugía cardíaca y al jardinero de los Rockies, David Dahl, le extirparon el bazo hace cinco años.

Los jugadores dijeron que están preparados para tomar precauciones adicionales para asegurarse de que todos los que están alrededor del deporte estén seguros.

"Estamos dispuestos a superar algunos obstáculos para asegurarnos de que estemos a salvo y que la liga pueda existir", indicó Scherzer.