Cómo la irlandesa Katie Taylor revolucionó el boxeo femenino

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Amanda Serrano ve más allá del boxeo, según Nakisa Bidarian de MVP (1:31)

ESPN repasa la carrera de Katie Taylor antes de su muy esperada pelea final en Croke Park, en Dublín, Irlanda.


Katie Taylor se sentó a almorzar con su promotor, Eddie Hearn, y su representante, Brian Peters.

Los tres se habían reunido muchas veces para hablar de sus próximos pasos y posibles combates, pero esta vez era diferente. Era septiembre de 2025 y, mientras caían las hojas, Taylor sabía que estaba en la recta final de su carrera. Dos meses después de otra emocionante batalla con Amanda Serrano —su tercer encuentro y la segunda vez que encabezaban el cartel en el Madison Square Garden—, Taylor simplemente ya no tenía nada más que perseguir.

Desde luego, nada más que probar.

Taylor, impulsada por su incansable deseo de derribar barreras, había cambiado el boxeo femenino para siempre. Incluso las palabras ’encabezar una cartelera en Madison Square Garden’ habrían sido impensables, algo simplemente inalcanzable, en la primera reunión del trío muchos años atrás.

Oro olímpico, múltiples títulos mundiales, combates estelares ante 20,000 aficionados en Madison Square Garden y decenas de millones de telespectadores ... Solo los logros tangibles de una carrera icónica e irrepetible. Tras 10 años como profesional, la boxeadora, que entonces tenía 39 años, estaba finalmente lista para el siguiente capítulo de su vida, que, según Taylor, ha sido un gran campamento de entrenamiento.

Pero ... Y era un pero importante.

¿Podremos conseguir Croke Park?

Croke Park, el enorme coliseo del deporte irlandés con capacidad para 80,000 espectadores que se alza imponente sobre el horizonte de Dublín. ¿El último combate de boxeo que se celebró allí? Muhammad Ali vs. Alvin Lewis en 1972. El recinto es tan simbólico como imponente; un símbolo de la libertad irlandesa.

Durante la Guerra de Independencia irlandesa, el 21 de noviembre de 1920, un día que pasó a conocerse como el "Domingo Sangriento", 14 personas, entre ellas tres niños, murieron a manos de las fuerzas británicas durante un partido de fútbol gaélico en ese campo.

Croke Park es, por tanto, un estadio de gran importancia para el pueblo de Irlanda.

Aunque de niña iba al estadio a ver fútbol gaélico y hurling, Taylor no empezó su carrera soñando con pelear en "Croker". Era algo inimaginable incluso para ella. Pero a medida que se consolidaba su estatus de leyenda del deporte irlandés, el sueño de pelear en el estadio surgió y, eventualmente, se fue acercando poco a poco.

Aún parecía algo lejano cuando, en 2023, Hearn afirmó que el estadio se estaba burlando de ellos en las negociaciones, alegando que costaría tres veces más que organizar un evento en el estadio de Wembley en Londres. Pero, a medida que se acercaba el final de su carrera, Hearn y Peters hicieron un último esfuerzo para que Taylor tuviera la despedida que merecía.

Conscientes de la trascendencia del evento, todos los involucrados dejaron de lado sus diferencias y llegaron a un acuerdo. Taylor tendrá su última caminata al ring el 5 de septiembre, enfrentándose a Flora Pili por los títulos indiscutibles de peso superligero.

"Todavía no me lo creo que esto ha sucedido. Políticamente, ha sido muy difícil conseguir que esto saliera adelante", dice Taylor.

"En los últimos años perdí la esperanza muchísimas veces de que esto fuera a suceder. Recibir esa llamada confirmando que lo habíamos conseguido es materia de sueños. El final de cuento de hadas que siempre quise".


Algunas cosas han cambiado para Taylor con el paso de los años. Su debut profesional tuvo lugar en una tarjeta preliminar ante un par de miles de personas en el Wembley Arena, respaldada, como siempre, por una nutrida afición irlandesa. Sin duda, algunos entre el público se habrían burlado y habrían dicho que la euforia no duraría.

Una década después, congrega a decenas de miles de personas, tiene un atractivo global y cobra un salario más cercano al que merece.

Otras cosas siguen igual. El garaje de hormigón donde entrena al volver a casa en Bray. Su destartalada puerta enrollable se abre para dejar al descubierto paredes frías cubiertas de carteles de boxeo, con lo esencial esparcido en su interior: Un saco, unas cuantas pesas y un mazo para golpear repetidamente un neumático de camión. El trabajo también sigue siendo el mismo. La rutina. Antes de esta última pelea, Taylor dice estar decidida a disfrutar más de las cosas. Aunque sea su canto del cisne, no está en su naturaleza tomarse ninguna pelea a la ligera.

Para comprender la verdadera magnitud de los logros de Taylor, hay que imaginar un mundo sin boxeo femenino. Esa era la realidad en Irlanda cuando ella comenzó todo esto.

De niña, con apenas 10 años, se hacía pasar por un niño para conseguir peleas. En los formularios de inscripción figuraba como "K. Taylor". Taylor también era una futbolista consumada que representó a Irlanda, pero llevaba el boxeo en la sangre desde pequeña, y se puso unos guantes poco después de aprender a caminar.

Su padre, Pete, que fue su entrenador, y sus hermanos Lee y Peter, también practicaron boxeo. Su madre, Bridget, que lee las Sagradas Escrituras con su hija antes de sus combates, fue la primera jueza de boxeo mujer de Irlanda.

El espíritu pionero también corría por sus venas.

Pete la impulsó en su carrera hasta los Juegos Olímpicos de Londres 2012. Eran inseparables en el gimnasio, con una conexión casi telepática. La ruptura de su relación tras la partida de Pete de la familia coincidió con los peores momentos de la carrera de Taylor, cuando perdió el combate inaugural de los Juegos Olímpicos de Río 2016.

Ambos se han reencontrado en los últimos años; Katie ha hablado del amor que siente por su padre, quien ha participado en la promoción de su última pelea, volviendo a contar historias de los primeros tiempos.

El amargo final llegó tras una feliz, larga, exitosa e innovadora carrera amateur en la que Taylor hizo historia en su primer combate oficial —el primer combate femenino sancionado en Irlanda— contra Alanna Audley en 2001.

Según Billy Walsh, exentrenador jefe de la Unidad de Alto Rendimiento de Irlanda y actual responsable del USA Boxing, el afán por ser la mejor, vencer a las mejores y romper con las percepciones siempre ha estado presente.

"Su ética de trabajo era fenomenal, y sus habilidades, obviamente, también eran de primera clase", dice Walsh. "Jamás se rendía ni se daba por vencida ... Siempre afrontaba cada combate con una mentalidad positiva de ganar".

Esa mentalidad le resultó útil a Taylor a medida que ascendía en la clasificación y necesitaba compañeros de sparring más duros. Aunque no existía un camino específico para mujeres, Gary Keegan, exdirector de alto rendimiento del boxeo irlandés, la invitó a entrenar con el equipo de Irlanda. Fue una decisión crucial.

Si bien ahora vemos los frutos de sus esfuerzos, ser pionera implica estar sola muchas veces. Mirar a tu alrededor y darte cuenta de que estás llevando la bandera en solitario.

Única en su clase.

Pero en el ring, Taylor nunca desentonaba. Al no haber ninguna mujer a su nivel, la única opción era entrenar con los chicos. Ellos pronto descubrieron que no era una rival fácil, y eso dio lugar a luchas memorables.

"El boxeo femenino estaba en su infancia, no había nadie lo suficientemente buena como para hacer sparring con ella", dice Walsh.

"Del mejor boxeo que he visto fue en nuestro gimnasio con Paddy Barnes, medallista olímpico, Michael Conlan, medallista olímpico y campeón mundial. Las sesiones de sparring de ella con ellos fueron fenomenales. Se hicieron tan buenos el uno al otro que, sin importar a qué se enfrentaran fuera de nuestro gimnasio, nada los iba a afectar.

"Al principio, algunos chicos entraban, intentaban tomárselo con calma ... En 30 segundos, Katie les hacía saber quién era. Tenían que esforzarse al máximo para mantenerla alejada".

El Comité Olímpico Internacional también tuvo que enfrentarse a Taylor. Su persistente labor de cabildeo para que el boxeo femenino se incluyera en los Juegos Olímpicos finalmente le valió la oportunidad de participar en una exhibición en Chicago en 2007. En esencia, fue una audición ante los directivos del COI para demostrar que las mujeres estaban preparadas para boxear en los Juegos Olímpicos.

"[Originalmente] ellos hablaban de incluir el boxeo femenino en Río [2016], pero su actuación lo llevó a Londres [2012]", dice Walsh. "Sé que fue devastador en su momento, pero [gracias] a su perseverancia y a su actuación ese día en Chicago, logró prácticamente sola que el boxeo femenino entrara en los Juegos Olímpicos de 2012".

Espera ... ¿Devastador ?

Solo serían cinco años para que el sueño olímpico se hiciera realidad no solo para Taylor, sino para todas las boxeadoras del mundo. Sin embargo, Taylor quedó destrozada al enterarse de la decisión. Desconsolada. Llevaba siete años boxeando oficialmente y su meta eran los Juegos Olímpicos de Pekín 2008. Casi la derrumba.

"He afrontado adversidades y momentos desgarradores", dice Taylor. "Los altibajos de la vida del boxeo. Lo más cerca que estuve de abandonar el deporte fue cuando me enteré de que el boxeo femenino no se incluiría en los Juegos Olímpicos de Pekín. Probablemente fue la vez que más cerca estuve de rendirme. Gracias a Dios seguí adelante".

El oro que Taylor ganó en Londres le pareció cosa del destino, y la catapultó al estatus de superestrella en Irlanda. Al entrar en la terminal del aeropuerto de Dublín, te recibe, entre otras cosas, una foto de Ali en su viaje allí en 1972. Más adelante, en la pared, está Taylor.

Al igual que Ali, Taylor llegó a Dublín en un vuelo de Aer Lingus y fue recibida por miles de fans. A diferencia de Ali, Taylor pudo sentarse en la cabina del piloto y asomarse por la ventana para mostrar su medalla a la nación.

"Fue algo que nunca había visto antes, sobre todo en el boxeo", dice Walsh sobre las celebraciones. "Nunca lo olvidaré".

Gracias a su persistencia y voluntad de desafiar el pensamiento convencional, Taylor no solo abrió la puerta a las mujeres en los Juegos Olímpicos, sino que la derribó de un solo golpe, permitiendo que toda una generación de peleadoras la siguiera.

"Ella era la chica. Cuando pisé por primera vez la escena internacional, cuando empecé, ella ya era esa chica", declaró Mikaela Mayer, quien representó a Estados Unidos en los Juegos Olímpicos de 2016, a ESPN.

"Ella fue la razón por la que entramos en los Juegos Olímpicos. Es una leyenda en ciernes. Será lo que todos recuerden ... Cuando recordemos 100 años atrás, su nombre estará en lo más alto de la lista de todos".

Si bien 2016 fue un año extremadamente difícil para Taylor tanto en lo personal como en lo profesional, solo fue el comienzo.


Tras Río, Taylor supo que era hora de dar el salto al profesionalismo. Sin tener muy claro cómo hacerlo, se arriesgó y le envió un mensaje a Hearn por redes sociales.

"Hola Eddie, espero que estés bien. Espero que no te importe que te escriba así de repente. Llevo unos meses pensando seriamente en convertirme en profesional ..."

Hearn percibió la oportunidad y se reunió con Peters y la madre de Taylor, Bridget. Basta decir que quedó impresionado. ¿Qué fue lo que más le llamó la atención? El deseo de Taylor de ganar. No le interesaba el dinero, ni los patrocinios ni los acuerdos comerciales. No tenía ningún interés en aparecer en portadas de revistas ni en vallas publicitarias.

Ganar.

Como era de esperar, Hearn pronunció un discurso inspirador en la rueda de prensa previa a su primera pelea en noviembre de ese año. Su confianza en Taylor era tal que anunció en ese mismo momento las fechas previstas para sus dos siguientes combates. Taylor se unió al entrenador Ross Enamait y se mudó a Connecticut, lejos del foco mediático irlandés. Para finales de 2017, habían ganado el título de peso ligero de la AMB y lo habían defendido, derrotando a Jessica McCaskill. La colaboración con Enamait, por supuesto, sería todo un éxito.

El espectáculo ya estaba en marcha. Durante los siguientes cinco años, Taylor hizo lo que le había prometido a Hearn: coleccionar cinturones como otros coleccionan cromos deportivos o sellos.


Toda gran luchadora necesita una igual; alguien con quien recorrer el camino hacia la grandeza. Para Taylor, esa persona fue Amanda Serrano.

El anuncio de su combate de 2022 fue significativo en sí mismo. Se trata de las primeras mujeres en encabezar una cartelera en el Madison Square Garden en los 143 años de historia del recinto.

¿La pelea en sí?

Impresionante. Un clásico instantáneo.

El boxeo de alto nivel se fusionó con la lucha callejera cuando dos grandes figuras generacionales se enfrentaron durante 20 minutos de pura adrenalina. El resultado, la victoria de Taylor por decisión dividida, sigue generando controversia. Lo que no admite discusión es la magnitud del evento. El boxeo femenino, que durante años había estado prohibido, marginado o, en el mejor de los casos, relegado a las peleas preliminares, ocupó un lugar central en la meca del boxeo. El antiguo edificio tembló cuando irlandeses y puertorriqueños abarrotaron el auditorio y dejaron volar su pasión.

Serrano, a pesar de que el resultado no fue el que esperaba, se recompuso y expresó lo que acababan de lograr.

"Las mujeres venden Las mujeres pelean. Y damos un espectáculo increíble", ella gritó ante el público neoyorquino, como si necesitaran que se lo recordaran en ese momento, dada la impresionante refriega que acababan de presenciar.

Ambas sabían que aquella noche era mucho más que un combate de boxeo. Con los puntos de sutura en su ceja derecha intentando cerrar una herida profunda y la sangre aún manando por su rostro, Taylor comprendió que acababa de romper otro techo de cristal. Taylor y Serrano estarían entrelazadas para siempre y habían tomado sus lugares en el panteón de las grandes figuras del boxeo.

"Madison Square Garden ... Piensas en Muhammad Ali y Joe Frazier. La gente sin duda hablará de mí y de Amanda Serrano durante años", dijo. "Esta fue una pelea que hizo historia y estuvo a la altura de las expectativas. Creo que lo mejor de todo esto es poder inspirar a las jóvenes, inspirar a la próxima generación.

"Creo que tanto yo como Amanda hemos derribado tantas barreras en nuestro deporte".

Pasarían dos años hasta su siguiente encuentro, pero Taylor siguió dando de qué hablar, esta vez en casa. Una primera derrota profesional ante Chantelle Cameron en mayo de 2023 arruinó su pelea de regreso a casa en Dublín.

Al fin y al cabo, era humana.

El resultado propició una revancha muy esperada ese mismo año, que Taylor ganó, y añadió otro capítulo fascinante a una carrera en la forma de una pelea de redención.

Taylor ha sido profesional durante una década y ha dedicado su vida a este deporte, pero los últimos cinco años de su carrera en particular, con audiencias de millones de personas en todo el mundo y múltiples combates que han sido candidatos a mejor pelea del año, demuestran hasta dónde ella ha llevado al boxeo femenino.

La revancha contra Serrano, que fue el combate coestelar de la cartelera encabezada por Jake Paul y Mike Tyson el 15 de noviembre de 2024, fue vista por casi 50 millones de hogares en Netflix. La pelea de la trilogía el 11 de julio de 2025 agotó las entradas del Madison Square Garden y fue vista por aproximadamente 74 millones de espectadores en la plataforma de streaming. Pero la verdadera prueba de su legado fue el hecho de que encabezara una cartelera exclusivamente femenina en Nueva York.

Desde recogerse el pelo en el casco fingiendo ser un chico, hasta ser el centro de atención en el Madison Square Garden, pasando por dos intensos combates con Serrano hasta ahora, esa despedida en el Croke Park. El legado de Taylor, como dijo Mayer, perdurará a lo largo del tiempo.

"En estos últimos 10 años, no creo que mi mente tuviera la capacidad de soñar con estas cosas", dice Taylor.

"Haber sido la pelea estelar en MSG en dos ocasiones. Tan solo tener la carrera que he tenido, el impacto que he tenido en el boxeo profesional en los últimos años ha sido tan especial. Me retiro con un corazón agradecido. Ha sido un privilegio haber tenido tal impacto en el mundo del boxeo femenino".

El privilegio, Katie, ha sido todo nuestro.