Condición cardiaca relacionada al COVID-19 preocupa al fútbol americano colegial

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¿Cómo impacta la situación del futbol americano colegial? (3:34)

Algunas conferencias han decidido no jugar en otoño su temporada 2020. (3:34)

Una condición conocida como miocarditis vinculada con el COVID-19 mantiene en jaque a las instituciones de la NCAA

Una extraña condición cardiaca que podría estar vinculada con el coronavirus está elevando el nivel de preocupación entre administradores de las conferencias del Power 5 respecto a la viabilidad de los deportes colegiales durante este otoño.

Miocarditis, inflamación del músculo cardiaco, ha sido detectada en al menos cinco atletas de la conferencia del Big Ten y entre otros varios atletas de otras conferencias, de acuerdo a dos fuentes con conocimiento directo del tratamiento médico de los atletas.

La condición es usualmente causada por infección viral, incluyendo aquellas que causan el resfriado común, la influenza H1N1 o mononucleosis. Si se deja sin diagnosticar o tratar, puede ocasionar daño cardiaco y arresto cardiaco repentino, lo que puede ser fatal. Se trata de una condición rara, pero el virus del COVID-19 ha sido vinculado con la miocarditis con mayor frecuencia que otros virus, con base en los estudios limitados y evidencia anecdótica disponible desde el inicio de la pandemia.

La preocupación ha "alzado la vara" para el regreso de los deportes de otoño, dijo el Dr. Jonathan Drezner, director del University of Washington Medicine Center for Sports Cardiology y un médico que asesora a la NCAA sobre temas cardiacos, "y podría ser que no lo alcancemos".

Oficiales de conferencia y directores atléticos dijeron a ESPN que la incertidumbre por los efectos a largo plazo de la miocarditis han sido discutidos en reuniones con presidentes y cancilleres, comisionados y directores atléticos, y miembros de juntas de salud de la Big Ten, Pac-12 y otras conferencias alrededor del país. La semana pasada, administradores universitarios vieron una publicación en Facebook de Debbie Rucker, madre del liniero ofensivo de Indiana, Brady Feeney, quien escribió que su hijo estaba lidiando con potenciales problemas cardiacos tras batallar con COVID-19.

La Mid-American Conference, luego de recibir reportes médicos de la miocarditis y otros problemas asociados con el coronavirus, fue la primera conferencia de la FBS en posponer deportes otoñales, el pasado sábado. La Mountan West siguió el mismo camino este lunes.

"Lo que no sabemos realmente nos asustaba, y por eso tomamos nuestra decisión final", dijo el director atlético de Northern Illinois, Sean Frazier. "Es parte de la información que nuestros presidentes utilizaron. Esta madre nos dio una crónica, jugada por jugada. Eso fue bastante aterrador".

El Dr. John MacKnight, médico principal del equipo en la Universidad de Virginia, dijo que mientras que las interrogantes en torno a la disponibilidad de pruebas para COVID-19, tiempo para recibir resultados, e impacto de un posible pico de casos en la comunidad han sido factores en la decisión de regresar a las competencias, las preocupaciones cardiacas para los atletas a largo plazo podrían ser el punto de quiebra.

"Estamos colectivamente, como nación deportiva, no estamos completamente listos para sentirnos enteramente cómodos con lo que podría suceder a nuestros jóvenes más adelante, y no los vamos a poner en esa situación", dijo. MacKnight, quien dirige los cuidados para los atletas de Virginia, y otros médicos de la escuela son miembros de juntas de consejo que asesoran a universidades y conferencias sobre decisiones médicas.

MacKnight dijo que "la probabilidad de que un individuo termine sufriendo complicación del miocardio es muy baja" en atletas con no mostraron o que mostraron grados muy bajos de síntomas por COVID-19, pero añadió que se necesita de más estudios y datos.

"Ha habido algunas preocupaciones por esa misma razón: ¿no sientes incomodidad por tener a atletas participando a sabiendas que no se sabe cuáles son los efectos a más largo plazo? La respuesta es, por supuesto, sí", señaló. "No poseemos suficiente información para decir cuál es la probabilidad de que suceda o no suceda".

Un vocero para la NCAA defirió preguntas sobre el número de atletas con miocarditis a las escuelas individuales o las conferencias. El jefe médico de la NCAA, Dr. Brian Hainline, no estuvo disponible para dar comentario.

El Dr. Matthew Martinez, director de cardiología deportiva para el Atlantic Health System en New Jersey, dijo que ha recibido llamadas de médicos de al menos una docena de escuelas de la Power 5 que han identificado a más de una docena de atletas con alguna lesión miocárdica post-COVID-19. Dijo que cerca de la mitad de ellos mostraron síntomas.

"Inicialmente pensamos que, si no se tenían síntomas significativos, probablemente habría menos riesgo. Ahora estamos hallando que eso podría no ser verdad", dijo.

Martinez, quien es cardiólogo de la liga para Major League Soccer, cardiólogo de equipo para los New York Jets y consultor para la National Basketball Players Association, dijo que con base en lo que ha visto hasta el momento en atletas profesionales que sufrieron de COVID-19, "Tengo la esperanza de que el número esté por debajo del 5 por ciento" que quedan con problemas relacionados al corazón.

Incluso si ese porcentaje es muy pequeño, Martinez dijo que todavía hay tantas cosas desconocidas, que sería sabio tomar una estrategia conservadora respecto al regreso al juego de los atletas.

"Estamos escuchando a médicos y científicos y seguimos preparando nuestro calendario y preparándonos para la temporada", dijo el comisionado de la Big 12, Bob Bowlsby, a The Dallas Morning News el domingo. "Y aun así, las últimas dos o tres semanas no han sido muy buenas con nosotros. Serías menos que veraz si no aceptaras que entre la miocarditis y algunas otras cosas que son nuevas. no se ha elevado el nivel de preocupación. Pero no se ha decidido nada hasta este punto".

La gente puede sufrir de inflamación miocárdica, sentirse bien, y nunca saberlo, de acuerdo a Drezner. Dijo que la mayoría de atletas que sufren de miocarditis podrán regresar seguramente a los deportes tras una restricción de actividad de tres a seis meses. Pero, dijo también, en algunos casos la inflamación puede convertirse en cicatriz, y poner en riesgo al paciente por un latido irregular que puede terminar en un repentino paro cardiaco, originado por el ejercicio.

Un estudio publicado por JAMA Cardiology en julio halló que de 100 pacientes adultos en Alemania que se habían recuperado de la infección del COVID-19, el 60 por ciento sufrían una persistente inflamación miocárdica. Una revisión reciente de miocarditis listada con el National Center for Biotechnology Information cita algunos estimados que descubrieron que entre el 1 por ciento y 5 por ciento de los pacientes que sufren infecciones virales agudas podría tener problemas de miocardio, tejido muscular o el corazón.

"La miocarditis en sí no es nueva", expuso Drezner, añadiendo que estudios previos han encontrado que la miocarditis representa hasta el 9 por ciento de las muertes repentinas cardiacas entre atletas.

Pero no hay estudios específicos de la miocarditis relacionada a COVID en adultos de edad universitaria o atletas universitarios. "He escuchado de varios casos en algunas de las escuelas más grandes", dijo, pero no estaba al tanto de ningún caso específico en la Pac-12. "Sea o no que hablemos del 1 por ciento o 10 por ciento, sigue siendo importante".

Múltiples escuelas han comenzado a monitorear a los atletas en busca de la condición, aunque los procedimientos varían, lo mismo que su confianza sobre si las precauciones serán suficientes para permitir a los atletas regresar a sus deportes en este otoño.

Drezner dijo que él y el Dr. Aaron Baggish, director del programa de desempeño cardiovascular en el Massachusetts General Hospital Heart Center, y cardiólogo para los New England Patriots, entre otros equipos, planea discutir cómo empezar a recolectar información cardiaca relacionada al COVID-19 en atletas universitarios con Hainline, médico en jefe de la NCAA, esta semana.

"Seremos capaces de recolectar los resultados que necesitamos para tener un mejor entendimiento de lo que sucede", afirmó Drezner.

Una resonancia magnética provee la mejor definición del corazón para detectar miocarditis, y es el último de un componente de cinco pasos que Drezner dijo utilizar en la Universidad de Washington.

Drezner señaló que la evaluación cardiaca post-COVID-19 para sus atletas en Washington incluye una revisión de cualquier síntoma cardiovascular en atletas que han sufrido COVID-19, un electrocardiograma --medida de las señales eléctricas del corazón-- para buscar anormalidades, una prueba sanguínea para detectar proteínas de troponina que pueden delatar inflamación en el corazón, y un ultrasonido del corazón para medir estructura cardiaca y funciones.

Dependiendo en los resultados de esas pruebas, lleva a cabo una corta reevaluación médica, En caso de ser necesario, el último paso es la resonancia magnética.

Varios preparadores atléticos y médicos de equipo de equipos de las conferencias del Power 5 dijeron a ESPN de las diferentes tácticas que han tomado para ocuparse de posibles problemas del corazón relacionados con COVID-19 entre atletas. Murphy Grant, un preparador atlético veterano y director atlético asociado senior, además de administrador de cuidado médico para Wake Forest, dijo que los atletas que han dado positivo por COVID-19 están siendo evaluados por un médico del equipo 14 días después de recuperarse, antes de regresar a cualquier actividad relacionada a los deportes, y que todos los atletas reciben un electrocardiograma. Si se detectan posibles problemas, el atleta va a un especialista cardiaco, pero eso todavía no ha sido necesario, dijo.

"Enviamos una autoevaluación diaria a los estudiantes-atletas [de Wake Forest] que deben responder electrónicamente", dijo Grant. "Si algo salta --falta de aliento, dolor en el pecho, problemas para respirar-- nuestros preparadores atléticos se enteran".

MacKnight, médico del equipo para Virginia, dijo que ninguno de los atletas allí han sido diagnosticados con miocarditis. Expresó que consulta rutinariamente con otros médicos en la conferencia, y que no estaba al tanto de atletas con miocarditis relacionada al COVID en la ACC.

Dijo que los atletas en Virginia que han arrojado positivo por COVID-19 son evaluados por temas cardiacos con base en la severidad de sus síntomas de COVID-19, algo que dijo podría ser un camino más conservador que lo que hacen otras escuelas.

El estudio alemán encontró incidentes de inflamación miocárdica continua independiente de condiciones preexistentes, o la severidad de los síntomas de COVID-19 en pacientes.

En Virginia, luego de ser marginado de la participación por hasta tres semanas, un atleta repite el examen físico y un electrocardiograma, y si esos son normales para ese atleta, entonces regresa gradualmente a la actividad, según MacKnight. Cualquier atleta que haya sido hospitalizado o que haya sufrido síntomas severos recibe pruebas adicionales y una consulta con el cardiólogo, agregó.

"Tuvimos un número notable de casos positivos [por COVID-19] en la ACC ... Estamos hablando de cientos", expresó. "Estoy al tanto de muy pocos de ellos que encajarían en esa categoría de enfermedad grave".

El director atlético de West Virginia, Shane Lyons, quien encabeza el comité de supervisión de fútbol americano de la NCAA, recientemente hizo obligatorio en WVU que cualquier atleta que arroje positivo por COVID-19 se someta a una serie de pruebas, como mínimo un electrocardiograma y un ecocardiograma, para detectar anormalidades. Si las hay, Lyons dijo que el atleta recibe entonces una resonancia magnética, todo lo cual se puede hacer con un equipo de médicos en el WVU Heart and Vascular Institute.

"Entendemos que es una preocupación el no entender el impacto que tiene el virus en el corazón, pero, ¿no existe la posibilidad de requerir a los estudiantes-atletas que arrojan positivo --asintomáticos o sintomáticos-- que se sometan a pruebas relacionadas al corazón como el electrocardiograma, ecocardiograma o lo que sea que su institución requiera de un especialista cardiaco?", dijo Lyons. "No creo que sea muy diferente al riesgo de un individuo con rasgo de células falciformes en que obligamos a atravesar un proceso de monitoreo, también. Si es una preocupación, entonces hay diferentes opiniones de cardiólogos, si pueden detectar si es seguro jugar o no, y también necesitamos que la American Heart Association continúe evaluando y opinando sobre el tema".

El Dr. Kyle Goerl, médico del equipo en Kansas State University quien ha trabajado con Drezner y otros ofreciendo consejo a la NCAA, dijo que en su escuela, todos los atletas que llegan son sometidos a prueba por infección presente de COVID-19 mediante toma de muestra nasal y prueba sanguínea de anticuerpos, lo que podría ayudar a detectar infección previa.

Esos que arrojan positiva reciben un electrocardiograma y prueba sanguínea por troponina; los resultados de esas pruebas y el nivel de síntomas puede ayudar a los doctores a determinar si se realizan más pruebas, dijo. Incluso entre escuelas del Power 5, los recursos varían y son factor para el protocolo de cada institución, añadió.

"Recibir un ecocardiograma en Seattle, Washington, es muy diferente que uno en Manhattan, Kansas", acotó.

Goerl dijo que ninguno de los atletas en KSU han sido diagnosticados con problemas cardiacos post-COVID hasta ahora, y dijo que no podía comentar su ha habido casos en otras escuelas de la Big 12.

Múltiples intentos para contactar a miembros de la junta médica de la SEC fueron declinados o no exitosos, para solicitar comentario.

Problemas del corazón vinculados al COVID-19 atrajeron la atención la semana pasada cuando la madre del liniero ofensivo de Indiana, Feeney, publicó la batalla que enfrenta su hijo vía Facebook. Ella escribió: "Desafortunadamente, este virus golpeó muy duro a mi hijo, en comparación a sus compañeros. Aquí está un chico con salud perfecta, gran condición física, y debido al virus termina en la sala de emergencias por temas respiratorios. Después de 14 días de infierno luchando contra el horrible virus, su escuela realizó pruebas adicionales en todos aquellos que dieron positivo. Mi hijo incluso se sometió a pruebas extra porque fue uno de los peores casos. ¡Ahora lidiamos con posibles problemas cardiacos! Sigue sufriendo síntomas adicionales y si prueba sanguínea indica problemas adicionales. En resumen, incluso si la escuela de tu hijo hace todo lo correcto para protegerlo, ¡ellos NO LOS PUEDEN PROTEGER!!".

Feeney, un recién llegado freshman de St. Louis, tenía agendada una consulta con un cardiólogo la semana pasada. El lunes, en respuesta a los jugadores alrededor del país uniendo sus voces para publicar #WeWantToPlay en redes sociales, Feeney publicó vía Twitter: "El Covid-19 es serio. Nunca pensé que tendría complicaciones graves de salud por el virus, pero miren lo que ha sucedido. ... Necesitamos escuchar a nuestros expertos médicos".

El liniero defensivo de la Universidad de Houston, Sedrick Williams, anunció vía Facebook el sábado que declinaba participar en la campaña del 2020 por problemas del corazón relacionados al COVID-19. Williams, quien transfirió desde Kilgore College en Texas, arrojó positivo en junio y pasó 14 días en cuarentena.

"Como resultado del virus, he tenido complicaciones con mi corazón y realmente no sé el resultado o lo que me depara el futuro", escribió Williams. "Solo sé que mi vida es más preciada para mí de lo que el fútbol americano jamás podría llegar a ser. He decidido renunciar a la temporada del 2020 del fútbol americano por estas complicaciones. No tomaré este año por sentado. Regresaré más grande, más rápido y más fuerte que nunca".

Los Boston Red Sox anunciaron el 1° de agosto que el lanzador Eduardo Rodriguez había sido diagnosticado con miocarditis y se perdería el resto de la campaña. Había dado positivo por COVID-19 antes del inicio del campamento de verano, y se le permitió regresar a entrenar el 18 de julio. Pero una resonancia magnética una semana más tarde reveló su condición.

Drezner, médico en la Universidad de Washington, dijo que la preocupación por miocarditis debe "hacer que todos pausemos y hagamos nuestra tarea para sentir que es seguro para el atleta ejercitarse.

"No podemos apresurar los deportes otoñales", dijo. "Si vamos a permitir deportes --donde no se pueda distanciar efectivamente-- debemos asegurarnos de que el riesgo en el campo de juego no es necesariamente mayor que aquel con el que lidian en el resto de su experiencia colegial.

"Si no logras conseguir eso, no debes poner en riesgo a tus atletas", dijo.

El Dr. Peter Dean, un cardiólogo pediátrico en la Universidad de Virginia que trata a los atletas de la escuela junto con MacKnight, fue coautor de un análisis publicado el mes pasado por el American College of Cardiology respecto a regresar al juego después de una infección por coronavirus. Aunque no ha diagnosticado miocarditis en ningún atleta de Virginia que ha padecido COVID-19 hasta ahora, dijo que ha visto a atletas con miocarditis en el pasado, causado por otros factores.

"La mayoría de los chicos que he visto [que sufren de miocarditis] tuvieron síntomas", como dolores en el pecho o palpitaciones, o se desmayaron, expresó. "Después de tenerlos descansando por tres a seis meses, se repiten las pruebas. Si todo es normal, pueden regresar a jugar".

Las actuales pruebas por miocarditis post-COVID-19 entre atletas universitarios pueden detectar la condición entre aquellos que no han sufrido síntomas, y el camino más seguro es marginarlos, expuso. Pero dijo que ayuda tener en cuenta que el peligro que supone para los atletas el COVID-19 en general es pequeño.

"Son chicos sanos que en general no tienen sobrepeso... El riesgo de algo terrible es increíblemente bajo", dijo. "Casi me preocupo más por el grupo de coaches, los réferis, y la abuela y el abuelo".

Información de Heather Dinich y John Mastroberardino fue utilizada en la redacción de esta nota.